
¿La comida caduca de verdad? Lo que esconden las fechas de los envases
Las fechas de consumo preferente no indican peligro, sino calidad. Entenderlas ayuda a comer seguro y a desperdiciar menos
Cuando revisamos la despensa para preparar un seco de pollo, una menestra de lentejas o un arroz con atún, es común encontrarse con una lata, condimento o paquete que ya pasó su fecha de consumo preferente.
Para muchas personas, ese pequeño sello impreso se interpreta como una señal de alerta inmediata: si la fecha venció, hay que botarlo. Sin embargo, los expertos en alimentos coinciden en que esta idea no siempre es correcta y, de hecho, contribuye al desperdicio innecesario de comida.
Las fechas de consumo preferente no funcionan como un interruptor que convierte un alimento seguro en uno peligroso de un día para otro. En la mayoría de los casos, indican el momento en el que el producto mantiene su mejor sabor, aroma y textura, no el punto en el que deja de ser apto para el consumo. Comprender esta diferencia es clave para tomar mejores decisiones en la cocina y en el mercado.
Qué indica realmente la fecha de consumo preferente
A diferencia de lo que muchos creen, “consumir preferentemente antes de” es una referencia a la calidad, no a la seguridad. Los fabricantes establecen estas fechas para garantizar que el producto se consuma cuando está en su punto óptimo.
Con el paso del tiempo, algunos alimentos pueden cambiar:
- Las galletas pierden crocancia.
- El café se vuelve más plano.
- Los lácteos pueden variar ligeramente su sabor.
Estos cambios no significan que el alimento esté dañado. Lo importante es entender que la comida no se vuelve peligrosa automáticamente al día siguiente de la fecha indicada. Este matiz suele pasar desapercibido y provoca que toneladas de alimentos en buen estado terminen en la basura.
Por qué las marcas usan estas fechas
Desde la perspectiva de la industria, las fechas de consumo preferente sirven para proteger la experiencia del consumidor y la reputación de la marca. Nadie quiere probar un producto cuando ya perdió calidad y pensar que “así sabe siempre”.
Además, estas fechas ayudan a los supermercados a rotar inventarios. En muchos países, incluidos Estados Unidos y varios de América Latina, estas etiquetas no están estrictamente reguladas, salvo en productos muy específicos como la fórmula infantil, donde sí existe una fecha de caducidad ligada a la seguridad.
Los fabricantes suelen ser conservadores al fijar estas fechas e incluyen márgenes de seguridad. En productos enlatados -muy comunes en la cocina ecuatoriana, como el atún, las sardinas o la pasta de tomate- la vida útil puede ser mucho más larga de lo que sugiere la etiqueta, siempre que el envase esté intacto y bien almacenado.
Cómo evaluar un alimento más allá de la fecha
Los expertos recomiendan usar los sentidos como principal herramienta. Antes de desechar un alimento, conviene observarlo, olerlo y, si es seguro hacerlo, probar una pequeña cantidad. Las señales claras para desechar un producto:
- Olor desagradable o extraño.
- Presencia de moho, zonas viscosas o cambios de color evidentes.
- Envases hinchados o dañados, en el caso de conservas.
Por otro lado, muchos alimentos suelen durar más de lo esperado:
- Arroz, azúcar y pasta seca.
- Enlatados bien conservados.
- Alimentos congelados.
- Condimentos como salsa de tomáte o mostaza (aunque la mayonesa puede separarse).
Usar las fechas de consumo preferente como una guía -y no como una sentencia- permite organizar mejor la despensa, ahorrar dinero y reducir el desperdicio. Comprar con criterio, almacenar correctamente y usar primero los productos más antiguos son hábitos simples que marcan una gran diferencia.
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