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Proaño Arandi ejerció como diplomático de carrera en Colombia, Cuba, Albania, Nicaragua, Costa Rica, El Salvador y Argentina.GUSTAVO GUAMAN

Francisco Proaño Arandi, el guardián de la lengua

Desde la presidencia de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, el escritor cuencano habla sobre los retos para el idioma

Hace poco más de un año, Francisco Proaño Arandi asumió la dirección de la Academia Ecuatoriana de la Lengua (AEL), cargo que ejercerá hasta 2028. Su llegada coincidió con un momento simbólico para la institución: los 150 años de su fundación y la reciente publicación del Diccionario académico de ecuatorianismos, una obra que reúne cerca de 8.000 términos propios del español usado en el Ecuador.

La relación de Proaño Arandi con la Academia no es reciente. Ingresó como miembro correspondiente en 2010 y, dos años más tarde, accedió a la categoría de miembro de número. Desde 2013 formó parte del directorio como secretario, cargo para el que fue reelegido en varias ocasiones, hasta que la Junta General -máximo órgano de la institución- lo eligió por unanimidad como nuevo director. “Fue una decisión que me emocionó mucho y que, genuinamente, no esperaba”, señala.

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Narrador, poeta, ensayista y diplomático, Francisco Proaño Arandi nació en Cuenca en 1944. Se formó en Ciencias Políticas y Sociales en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, pero desde muy joven se vinculó a la literatura y a los movimientos de renovación cultural. En los años sesenta integró el grupo Tzántzicos y fue cofundador de la revista La bufanda del sol. En paralelo a su obra literaria, desarrolló una extensa carrera diplomática que lo llevó a ejercer funciones consulares y embajadas en países de América Latina y Europa, así como en organismos internacionales.

Desde la Academia, explica, la función principal es representar al país en los grandes proyectos panhispánicos relacionados con el idioma. En el ámbito nacional, la AEL cumple además un rol de asesoría lingüística y de promoción del español, al tiempo que trabaja en temas vinculados con la identidad cultural. Proaño reconoce, sin embargo, que este papel de “defensores” del idioma se ejerce hoy en un contexto complejo para el purismo lingüístico, atravesado por tensiones entre la búsqueda de equidad, las percepciones de discriminación y la influencia constante de los usos idiomáticos de otras lenguas.

Uno de los debates contemporáneos más visibles es el del lenguaje inclusivo, que Proaño Arandi aborda como un desafío compartido por todas las academias. “Es un momento complejo, lleno de cambios que se trasladan de lo social y lo político al lenguaje. La academia considera que la lengua no tiene sexo, sino que es un producto de la sociedad y de la evolución del pueblo en el idioma”, explica. Aun así, introduce un matiz personal: “Considero que es posible tener en cuenta determinados aspectos de esta propuesta, siempre que no atenten contra la unidad, la belleza y la estructura misma de la lengua”.

Algo similar ocurre con la expansión de los anglicismos y del lenguaje tecnológico. “Una de las grandes tareas de las academias es estudiar si los términos que se han popularizado en inglés pueden tener un equivalente en español; si no es posible, se trata de castellanizarlos y, si tampoco lo es, se adopta el término, procurando siempre que no atente contra el espíritu de la lengua”, señala.

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El escritor ingresó como miembro correspondiente en 2010.GUSTAVO GUAMAN

Enraizarse en el presente

Acercarse a los jóvenes es uno de los retos persistentes de la institución. El académico reconoce las limitaciones, pero destaca los esfuerzos que se han venido realizando. “Hemos desarrollado convenios con varias universidades para elaborar proyectos conjuntos, así como simposios y seminarios. También estamos tratando de que el conocimiento del Diccionario de ecuatorianismos llegue a través de los mecanismos del Ministerio de Educación”, indica.

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La Academia mantiene una agenda constante de actividades académicas y culturales, con un énfasis particular en el trabajo de la Comisión de Lexicografía, que sesiona de forma permanente. “Esta comisión trabaja a lo largo del año y actualmente impulsa nuevos proyectos, como el estudio de locuciones propias del vivir idiomático ecuatoriano o léxicos específicos, por ejemplo, el del juego del cuarenta”, comenta.

Pasión por las letras

En paralelo a su labor institucional, el presidente de la AEL continúa escribiendo y ampliando una bibliografía que abarca novelas, cuentos y ensayos. Tiene una novela recientemente concluida, trabaja en la reedición de algunos libros y prepara una antología general de sus relatos. “El escritor es una especie de escribiente de la realidad. La realidad se refleja a través del escritor de una manera indirecta, connotativa”, dice. Para equilibrar esta práctica con sus labores diurnas, añade, escribe exclusivamente por las noches: “Es un hábito que desarrollé hace muchos años y que no he podido dejar”.

En 2025, el escritor presentó una obra inesperada: Dos cuentos, la edición ilustrada de Borges y Kafka y Ahab en la ciudad, que se lanzó junto a una muestra gráfica de su hijo, el artista Ernesto Proaño. “Fue magnífico porque él interpretó aspectos puramente literarios que a veces solo el creador sabe o que alguien descubre sin que el creador lo sepa”, recuerda. La experiencia confirmó algo que atraviesa tanto su obra como su labor académica: la lengua sigue siendo un territorio vivo, en permanente diálogo con su tiempo.

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La edición ilustrada de Borges y Kafka y Ahab en la ciudad se lanzó junto a una muestra gráfica del hijo del autor, el artista Ernesto Proaño.Leonardo Velasco Palomeque

Cara a cara

¿A qué dedica su tiempo libre?

¡A perder el tiempo! (ríe). A la familia, a leer o a ir al cine si es que dan alguna buena película.

¿Qué está leyendo en este momento?

Ahorita estoy leyendo las obras de László Krasznahorkai, el último Nobel de Literatura.

De los jóvenes autores ecuatorianos, ¿hay alguno que haya leído recientemente y le haya interesado?

Muchos. Últimamente sobre todo, a Gabriela Ponce y Mónica Ojeda. También a una gran escritora cuencana, Natalia García Freire, cuya escritura me interesa mucho.

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Volviendo al idioma y a los ecuatorianismos, ¿hay alguno que le guste especialmente?

Más que un ecuatorianismo específico, disfruto mucho de los refranes. Reflejan una sabiduría que se va construyendo con los siglos.

¿Hay alguna palabra cuyo uso incorrecto le moleste?

Varios. Por ejemplo, la palabra “presentamos”. A veces en la radio se dice: “presentamos el siguiente boletín de noticias”. Uno no sabe si ya lo presentaron, si lo están presentando o si lo van a presentar. “Presentamos” puede ser pasado o presente. Falta precisión.

¿Cuál le gustaría que fuera su legado al frente de la Academia Ecuatoriana de la Lengua?

Me gustaría mucho que logremos un buen proyecto editorial con obras de nuestros académicos, obras que aporten a la cultura nacional y que queden proyectadas a mediano y largo plazo.

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