Foto de Sistema Grana (13360950)
El Chocó Andino, ubicado al noroccidente de Quito, entró en la lista de los diez destinos turísticos que The Wall Street Journal recomienda visitar en 2026.Angelo Chamba

Así es el Chocó Andino, el destino nacional que encanta al mundo

A menos de dos horas de la capital, seis parroquias del noroccidente atraen a cientos de viajeros con sus bosques nublados

El Chocó Andino, ubicado al noroccidente de Quito, entró en la lista de los diez destinos turísticos que The Wall Street Journal recomienda visitar en 2026. No es una mención menor. El influyente diario estadounidense puso la mirada en este territorio de bosques nublados y caminos rurales por su biodiversidad de alcance mundial, su reconocimiento como Reserva de la Biósfera y su creciente perfil como destino de naturaleza y aventura, en un momento en que viajar significa, cada vez más, buscar experiencias sostenibles y cercanas al entorno.

La selección del Wall Street Journal se suma a otros reconocimientos que, de manera progresiva, han ubicado a esta región en el mapa del turismo especializado. En 2018, la UNESCO la declaró Reserva Mundial de la Biósfera, una categoría que distingue territorios donde la conservación ambiental convive con la vida comunitaria. Aquí, según datos municipales, se concentra cerca del 83 % de la biodiversidad registrada en la reserva, una cifra que permite dimensionar la relevancia ecológica del noroccidente de la capital.

Ruta del Café

Loja apuesta por el café de especialidad para fortalecer su identidad y economía

Leer más

¿Qué engloba esta localidad?

Ubicada a menos de dos horas de la ciudad, la reserva está conformada por seis parroquias rurales: Nono, Calacalí, Pacto, Gualea, Nanegal y Nanegalito. En ellas, los bosques nublados y subtropicales albergan miles de especies de plantas, aves, anfibios y mamíferos, muchas de ellas endémicas. Se han registrado más de 600 especies de aves, un dato que durante varios años consecutivos la ubicó entre los primeros lugares del conteo mundial. A esta riqueza se suma la presencia de fauna emblemática como el oso de anteojos, el gallo de la roca, el olinguito, ocelotes, colibríes y una amplia diversidad de orquídeas.

La oferta turística está estrechamente vinculada al turismo de naturaleza y aventura. Senderismo en bosques nublados y áreas protegidas, avistamiento de aves y vida silvestre, recorridos por cascadas y ríos, ciclismo de montaña, visitas a fincas agroecológicas y experiencias comunitarias forman parte de un abanico de actividades que invita a recorrer el territorio a otro ritmo, con la naturaleza siempre como protagonista.

REACCIONES AL SI EN C (13336760)
la reserva está conformada por seis parroquias rurales: Nono, Calacalí, Pacto, Gualea, Nanegal y Nanegalito.Angelo Chamba

Deportes de aventura, senderos y más

Cada parroquia del territorio aporta matices distintos a la experiencia del visitante, como si el paisaje se reescribiera kilómetro a kilómetro. En Nono, el camino se abre entre laderas verdes y extensiones ganaderas donde el tiempo parece moverse más lento. Sus senderos rurales y rutas para bicicleta permiten recorrer antiguos caminos de herradura, miradores naturales y zonas altas desde donde se observa el contraste entre el bosque andino y los valles que descienden hacia el noroccidente. Es un punto de partida frecuente para caminatas y recorridos que conectan naturaleza y vida campesina.

Calacalí, por su parte, combina paisaje y memoria. Aquí, el entorno natural dialoga con espacios patrimoniales y culturales, como la Reserva Geobotánica Pululahua, uno de los pocos cráteres habitados del mundo, donde es posible realizar caminatas, observar flora nativa y recorrer senderos interpretativos. La parroquia también alberga museos y espacios dedicados a la música y a la historia local, que permiten comprender la relación entre el territorio, sus habitantes y las expresiones culturales que se mantienen vivas en la ruralidad quiteña.

ROOFTOPS EN QUITO

Cinco 'rooftops' para redescubrir Quito desde las alturas

Leer más

Más adelante, Nanegalito y Nanegal ofrecen una inmersión más profunda en los bosques nublados. En estas parroquias, las fincas cafeteras abren sus puertas para mostrar procesos de cultivo, cosecha y tostado, mientras los caminos conducen a cascadas, ríos y reservas privadas dedicadas a la conservación. El avistamiento de aves y la observación de flora y fauna son actividades frecuentes, así como los recorridos por bosques protectores donde la humedad, la neblina y el sonido del agua marcan el ritmo del paisaje.

En Gualea y Pacto, la experiencia se conecta de forma directa con la producción local y los saberes ancestrales. Gualea destaca por el trabajo de productores agroecológicos y el cultivo de caña de azúcar, presente en jugos y derivados tradicionales. En Pacto, el visitante puede conocer el proceso de elaboración de la panela, desde el corte de la caña hasta la cocción en trapiches, una práctica que sigue siendo parte central de la economía y la identidad del territorio.

CHOCO ANDINO
El avistamiento de aves y la observación de flora y fauna son actividades frecuentes en la localidad.Cortesía

La casa del oso andino

En Nanegalito, una de las parroquias del noroccidente de Quito, hay un lugar donde el bosque nublado volvió a crecer y, con él, regresó uno de sus habitantes más emblemáticos: el oso andino. Se trata de la reserva Maquipucuna, un área protegida que combina conservación, investigación y turismo de naturaleza. Caminar por sus senderos es internarse en un paisaje de neblina, árboles altos y sonidos constantes, donde la posibilidad de un encuentro -a la distancia- con el oso de anteojos es real.

Los mejores meses para observarlos son entre agosto y diciembre, cuando los aguacatillos silvestres comienzan a dar fruto. Es entonces cuando varios osos se concentran en una zona específica del bosque, atraídos por la abundancia de alimento. En temporada alta se han registrado decenas de avistamientos, siempre desde puntos estratégicos y bajo normas estrictas. Aquí no se trata de “ver animales”, sino de aprender a observarlos sin alterar su comportamiento.

Nada de esto ocurrió por casualidad. En los años ochenta, el área que hoy ocupa la reserva estaba degradada por la tala y la ganadería. Un grupo de jóvenes biólogos decidió apostar por la reforestación y el trabajo con las comunidades locales, convencidos de que proteger el bosque también podía generar alternativas económicas. Con el paso del tiempo, los árboles crecieron, el ecosistema se recuperó y la fauna empezó a regresar, incluido el oso andino, una especie en peligro de extinción.

CHOCO ANDINO
Los mejores meses para observar a los osos son entre agosto y diciembreCortesía

Hoy, Maquipucuna funciona como un laboratorio natural y un destino para quienes buscan una experiencia distinta. Hay caminatas diurnas y nocturnas, observación de aves, recorridos por cascadas y espacios para conocer más sobre la flora del bosque nublado.

Florecimiento de Guayacanes en Colimes

Colimes se viste de amarillo: el florecimiento de guayacanes que cautiva a Ecuador

Leer más

Gastronomía y hospedaje

La oferta de alojamiento en la zona es tan diversa como su paisaje. A lo largo de las parroquias rurales se encuentran hosterías familiares, lodges de montaña y pequeños hoteles inmersos en el bosque, pensados para viajeros que buscan descanso, caminatas y contacto directo con la naturaleza. Muchas de estas opciones funcionan en antiguas haciendas, fincas reconvertidas o proyectos comunitarios, con habitaciones sencillas, amplias áreas verdes y acceso a senderos, ríos y cascadas.

En los últimos años, también se han desarrollado propuestas de hospedaje de gama media y alta, orientadas a un público que busca mayor confort sin desconectarse del entorno natural. Eco-lodges y hosterías boutique ofrecen cabañas privadas, spas, gastronomía de autor y experiencias guiadas, desde recorridos nocturnos hasta sesiones de observación de aves. En varios casos, estos espacios combinan alojamiento con iniciativas de conservación y educación ambiental.

La gastronomía acompaña esta experiencia desde lo local. En restaurantes, fincas y comedores rurales, la cocina gira en torno a productos de la zona: caña de azúcar y panela, café cultivado en altura, frutas tropicales, trucha, lácteos artesanales y preparaciones tradicionales que conviven con propuestas contemporáneas. Platos elaborados con ingredientes frescos, bebidas a base de cacao y café, y recetas transmitidas de generación en generación forman parte del recorrido culinario que completa la visita al territorio.

¿Quieres acceder a todo el contenido de calidad sin límites? ¡SUSCRÍBETE AQUÍ!