
La política exterior de Ecuador como tiros al aire: ¿A dónde apunta?
La crisis diplomática con Colombia se suma a la de México por la incursión en la embajada. Brújula de Ecuador debe calibrarse
La crisis diplomática con Colombia es un frente más abierto por la política exterior mostrada hasta el momento por el Gobierno del presidente Daniel Noboa y se suma a una serie de desatinos que, a decir de expertos, deben corregirse lo antes posible para no perjudicar los intereses del país y de los ecuatorianos.
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El 21 de enero de 2026, Noboa anunció la imposición de una “tasa de seguridad” del 30 % a las importaciones provenientes de Colombia por una supuesta falta de reciprocidad en el control de la frontera y el combate a grupos irregulares. Como respuesta, el régimen de Gustavo Petro actuó de forma recíproca y también impuso un gravamen que fue escalando.
Dos años antes, el Gobierno del presidente Daniel Noboa fue objeto de una demanda ante la Corte Internacional de Justicia (ICJ, por sus siglas en inglés) por la incursión de la fuerza pública ecuatoriana en la Embajada de México en Quito para detener al exvicepresidente Jorge Glas, quien entonces enfrentaba un nuevo proceso penal en su contra.
Los tropiezos en las relaciones internacionales
En el intermedio hubo más desatinos. En enero de 2024, Noboa anunció la entrega de material bélico ruso -calificado como “chatarra”- a Ucrania, ubicando al país en medio de una guerra. Luego, en marzo de ese mismo año, Soledad Peña Plaza fue objeto de críticas por ser la más opcionada para asumir la Embajada de Ecuador en Washington, pese a no cumplir con los requisitos de la Ley del Servicio Exterior.
Los desatinos, sumados a la abultada agenda exterior del presidente, hacen presumir que el Gobierno no tiene una agenda internacional, señala el jurista y exsubsecretario de Relaciones Exteriores, Carlos Estarellas. “Puede haber buenas intenciones, que no son malas, pero no responden a un plan de política exterior. De hecho, los viajes pueden ser positivos, pero tienen que estar sujetos a un plan de política exterior”.
Y es que, de acuerdo con Estarellas, las acciones en materia de política exterior del Gobierno han sido tiros al aire que no siempre arrojan resultados y que terminan rebotando contra el país, como en los casos con México y Colombia. “¿Qué queremos con Colombia? ¿Qué queremos con Perú? ¿Qué queremos con Brasil, con la Unión Europea, con los Estados Unidos?”, se pregunta.
¿Hay una lógica de fondo?
Aunque reconoce que la política exterior del Gobierno de Daniel Noboa puede verse como una montaña rusa, con momentos altos y bajos, el internacionalista y decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas, Políticas y de Relaciones Internacionales de la Universidad Hemisferios, Esteban Santos, sostiene que sí responde a una lógica de fondo.
“La actual visión del Gobierno es, por lo menos, absolutamente pragmática y no sobreideologizada, que era a lo que estábamos acostumbrados en regímenes anteriores, en gobiernos anteriores, en donde nos relacionábamos con otros gobiernos no tanto por el pragmatismo o los intereses, sino simplemente por la afinidad ideológica del gobierno de turno”, comenta.
A diferencia de Estarellas, Santos sostiene que ese cambio de perspectiva dota de sentido a las acciones del Gobierno: “Empezamos a viajar mucho, empezamos a volver a abrirnos al mundo. Que visitas a Estados Unidos, que al Reino Unido, que acuerdo con China, con Corea del Sur. Que regresar a ver a todos los nuevos posibles capitales, sobre todo en Oriente Medio”.

No obstante, observa la crisis diplomática con Colombia como un desatino que trajo consecuencias inmediatas. “Si bien es claro que el Ecuador tiene cuentas pendientes con el Ejecutivo colombiano por la ayuda que debe brindar en frontera y que Petro ha sido muy condescendiente con el crimen transnacional, que la respuesta sea dispararnos en el pie y ponernos una tasa arancelaria para que los ecuatorianos compremos más caro lo que venga de Colombia es algo que no termino de entender”.
Para Estarellas, todo se resume en un factor: la falta de un equipo diplomático con experiencia, empezando por la canciller Gabriela Sommerfeld. “Hay diplomáticos ecuatorianos muy valiosos dentro y fuera del ministerio. Pero, lamentablemente, si se revisan los nombramientos de cuota política, la mayoría de ellos son totalmente desatinados. Entonces, solo se ha nombrado a los amigos de los amigos, pero no a gente que conozca”, acota.
Además del daño a la imagen internacional del país, Estarellas sostiene que una política exterior a ciegas es mucho más perjudicial para los intereses de Ecuador, que mantiene un estrecho vínculo con otros países. “Ecuador está rompiendo más puentes de los que construye. Es lamentable y es porque son iniciativas individuales, malos asesoramientos. No hay un plan de política exterior. Vamos en zigzag. Si no, ¿cómo se entiende que Petro se reúna primero que el presidente Noboa con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump? Hay cosas que no se entienden. Entonces, es producto de no tener un plan claro de hacia dónde queremos ir en política exterior”.
Así avanza la demanda de México
Tras la incursión en la Embajada de México en Quito, en abril de 2024, el entonces gobierno del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador demandó a Ecuador ante la Corte Internacional de Justicia (ICJ, por sus siglas en inglés) por transgredir el principio de inviolabilidad de una misión diplomática, además de denunciar agresiones al personal diplomático que se encontraba en ese momento junto al exvicepresidente Jorge Glas, objetivo de la incursión ecuatoriana.
Ecuador respondió con otra demanda ante la Corte Internacional de Justicia, pero alegando que México violó una serie de obligaciones internacionales al haber interferido en los asuntos internos del país, además de haber concedido asilo político a una persona sentenciada y con un proceso en marcha por corrupción, transgrediendo también su obligación de cooperar en asuntos anticorrupción, de conformidad con los tratados y acuerdos suscritos por ambos países.
Luego de que se negaran las medidas cautelares solicitadas por México, según consta en el portal de la Corte Internacional de Justicia, ambos países tenían plazos fatales para presentar sus argumentos. México tenía hasta el 22 de abril de 2025 para presentar su memoria, mientras que Ecuador tenía hasta el 22 de enero de 2026 para presentar la suya. Hasta el momento, no hay registros de nuevas fases de este proceso, que se sustancia en La Haya.
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