Iván Ontaneda
El presidente de Anecacao y ex ministro de Producción, Iván Ontaneda.Archivo/Expreso

Comercio en jaque: Efectos de la denunció en la CAN de la tasa de Ecuador

Colombia llevó a Ecuador ante la CAN por la imposición de aranceles, en una medida que tensa la relación comercial

En medio de una escalada del conflicto arancelario que amenaza con elevar precios y alterar las cadenas de suministro, Ecuador y Colombia atraviesan un momento de tensión comercial marcado por una decisión que, según el Gobierno ecuatoriano, responde a motivos de seguridad nacional.

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La falta de consensos en la reunión bilateral del viernes pasado ha abierto un escenario de incertidumbre para un intercambio comercial que supera los 2.800 millones de dólares anuales, con impactos directos tanto en el sector productivo como en los consumidores cotidianos de ambos países.

Analizó el panorama, en Ecuavisa, Iván Ontaneda, líder de la Asociación Nacional de Exportadores de Cacao y exministro de Producción, quien conoce de cerca tanto la lógica del sector público como la del ámbito gremial.

Ontaneda reconoce que Ecuador está en su derecho soberano de adoptar medidas excepcionales basadas en argumentos de seguridad nacional, un recurso que no solo se ha utilizado dentro de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), sino también en el marco de la Organización Mundial del Comercio. En este caso, el argumento central es la lucha contra el narcotráfico, una problemática que, subraya, afecta a toda la región.

Sin embargo, advierte que la aplicación de aranceles entre países andinos abre un proceso complejo. Colombia, señala, tiene la facultad de acudir a los mecanismos legales de la CAN para cuestionar la medida. No obstante, estos procesos no son inmediatos: las deliberaciones pueden tomar meses o incluso años, sin ofrecer soluciones rápidas a los problemas de fondo que hoy golpean a ambas economías.

Sobre la reunión bilateral realizada en Quito, Ontaneda sostiene que, aunque hubo compromisos en materia de seguridad y energía por parte de la delegación colombiana, no queda claro qué exige concretamente Ecuador. A su criterio, si el objetivo es mayor cooperación en seguridad fronteriza, esta debe traducirse en compromisos medibles, transparentes y verificables, que permitan evaluar avances reales.

El exministro es enfático en un punto: no hay ganadores en este conflicto. Los principales perdedores, dice, son los consumidores de ambos países, ya que los aranceles encarecen los productos. También pierden la industria y el empleo, especialmente en economías que mantienen relaciones comerciales complementarias.

Colombia es el quinto destino de las exportaciones no petroleras ecuatorianas, por lo que el impacto no es menor. Sectores como el atunero, el camaronero, los procesados, plásticos y tableros mantienen encadenamientos productivos importantes con el país vecino. Una interrupción prolongada podría traducirse en cierre de industrias y pérdida de plazas de trabajo.

El efecto en las inversiones

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En cuanto a la atracción de inversión extranjera, Ontaneda reconoce que decisiones de este tipo generan ruido y alertas en los mercados. Para consolidarse como un destino atractivo, Ecuador —dice— necesita ofrecer reglas claras, estabilidad y seguridad jurídica, factores clave para quienes buscan invertir y generar empleo en el país.

Incluso sectores como el cacaotero, aunque Colombia no sea su principal mercado, sienten el impacto. Cada destino suma, y cualquier obstáculo limita las posibilidades de crecimiento y diversificación.

Finalmente, Ontaneda plantea un camino más pragmático: retomar el diálogo bilateral con una agenda clara y potente, definir con precisión qué compromisos de seguridad se esperan y, en paralelo, desactivar las medidas arancelarias que hoy afectan a dos economías estrechamente vinculadas.

Porque, insiste, mientras el conflicto se prolonga, el costo lo terminan pagando los ciudadanos, el aparato productivo y el empleo.

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