Cartas de lectores | La pandemia de la droga
Los esfuerzos de represión policial y militar no han servido aquí ni en ningún lugar del mundo
El consumo de drogas es un problema de salud preventiva y curativa, no de prohibiciones castigadas por la penalización del narcotráfico.
Los esfuerzos de represión policial y militar no han servido aquí ni en ningún lugar del mundo.
En un seminario realizado a mediados de los años ochenta se llegó, desde la observación empírica, a dos conclusiones.
La primera: la prohibición de la venta de sustancias sujetas a fiscalización es el principal motor del negocio del narcotráfico, pues asegura un mercado creciente con ganancias descomunales para los carteles.
La segunda: las drogas socialmente aceptadas, como el alcohol y el cigarrillo, generan más daños que sustancias prohibidas como la marihuana y el clorhidrato de cocaína.
Parte del sector financiero, abierto o encubierto, en países desarrollados y dependientes facilita el lavado de activos, cuya liquidez nutre sectores lícitos y camuflados. Esto permite al crimen organizado financiar producción, transporte y venta de droga, además de delitos como vacunas y secuestros, e infiltrarse en minería legal e ilegal en Ecuador, Perú y Colombia. También penetra en policías, Fuerzas Armadas, Fiscalía, justicia y gobiernos. A fiscales y jueces se los soborna o amenaza bajo la lógica de ‘plata o plomo’.
Las industrias armamentistas de países desarrollados, como Estados Unidos, se benefician de la compra de armas por parte del crimen organizado, impulsada además por conflictos bélicos internacionales.
En Ecuador, la expansión del crimen organizado golpea con fuerza a niños y jóvenes que no estudian ni trabajan en provincias costeras como Guayas, Los Ríos, Manabí, El Oro y Santo Domingo de los Tsáchilas.
La pobreza, la exclusión y la falta de oportunidades los convierten en presa fácil de carteles transnacionales y bandas locales. Reclutados como sicarios y microtraficantes, disputan territorios a muerte. De víctimas de la violencia estructural pasan a ser víctimas y victimarios.
El narcotráfico es hoy la mayor amenaza a la soberanía del país, ante un Estado sin control efectivo en cárceles y barrios pobres de la costa.
Raúl Moscoso Álvarez