LABORATORIO ARTESANAL EN PARROQUIA LA IBERIA- EN CANTÓN EL GUABO
Aplicación de microorganismos y dióxido de cloro forma parte del proceso experimental que, según los productores, ha permitido controlar hongos y virosis durante más de un año.Fabricio Franklin Cruz / Expreso

Fusarium en Ecuador: productores crean laboratorio artesanal para combatir este hongo

Productores bananeros de El Oro aplican microorganismos y bioseguridad ante la enfermedad; INIAP avanza con alcance limitado

En una finca de la parroquia La Iberia, cantón El Guabo, productores bananeros de El Oro han puesto en marcha un pequeño laboratorio artesanal como respuesta directa al avance del Fusarium Raza 4 Tropical (R4T), considerado el hongo más destructivo para la producción bananera a escala global.

La iniciativa surge en un contexto marcado por la declaratoria de emergencia fitosanitaria en 2025 y por la urgencia de aplicar medidas que permitan mitigar -aunque no erradicar- la enfermedad en el campo.

La experiencia es impulsada por la Asociación de Bananeros de El Oro (ABO) y se sostiene sobre dos pilares: el uso de microorganismos benéficos para fortalecer el suelo y la planta, y la aplicación de protocolos básicos de bioseguridad.

Segundo Solano Gavilanes, dirigente de ABO, explica que el laboratorio surge ante la falta de información y acompañamiento técnico oportuno. “El fusarium ya no es una amenaza, es una realidad. Se ha manejado con una falsa tranquilidad y cuando se confirma oficialmente, se declara una emergencia tardía”, sostiene.

En ese escenario, añade Solano, los agricultores decidieron actuar por cuenta propia. “Aquí estamos defendiendo nuestras fincas familiares y el sustento diario. No podemos quedarnos esperando”, expresa.

La producción de banano en El Oro

En la provincia de El Oro existen entre 3.400 y 3.500 productores bananeros, pero, según ABO, la mayoría no ha recibido capacitación ni acompañamiento técnico “Tal vez un 10 % ha hecho algo. El otro 90 % está a la deriva”, advirtió el dirigente de ABO.

La finca funciona como un espacio de experimentación y aprendizaje colectivo. Los productores no prometen eliminar el hongo, sino reducir su impacto y aprender a convivir con él mediante un manejo temprano y sostenido. El modelo, además, está pensado para ser replicado y compartido con pequeños y medianos agricultores, considerados los más vulnerables frente a la emergencia.

LABORATORIO ARTESANAL EN PARROQUIA LA IBERIA APLICACIÓN DE ABONO
Productores bananeros de El Oro desarrollan un laboratorio artesanal en una finca de la parroquia La Iberia para mitigar el impacto del fusarium R4T mediante el uso de microorganismos.Fabricio Franklin / EXPRESO

Juan Solano, responsable técnico del proceso, detalla que el protocolo aplicado lleva más de un año en ejecución y se basa en la recuperación de la microbiología del suelo, afectada por décadas de uso intensivo de fertilizantes químicos, pesticidas e insecticidas. “Los suelos de El Oro han sido sobreexplotados. Hemos eliminado tanto bacterias malas como buenas, y eso vuelve a la tierra más propensa al ataque de patógenos”.

El enfoque prioriza el fortalecimiento de la raíz, principal punto de ataque del fusarium. El proceso inicia con la aplicación directa de dióxido de cloro como fungicida bacteriano en plantas con síntomas, con el objetivo de reducir la carga patógena activa. Luego, se trabaja en la recuperación del suelo mediante microorganismos benéficos, recolectados en zonas no intervenidas y luego adaptados a las condiciones de la finca.

El protocolo se complementa con la aplicación alternada de bacterias ácido-lácticas y otros elementos, buscando restablecer el equilibrio biológico del suelo. Uno de los factores clave es el costo: producir un litro del compuesto tiene un valor aproximado de 4 centavos, que lo convierte en una alternativa accesible para pequeños productores.

“No vendemos productos ni asesoría. Aquí no se vende humo. Compartimos lo que hemos aprendido porque el conocimiento debe ser universal”, recalca Solano.

Resultados y límites

Según los responsables del laboratorio, en un año de aplicación continua han logrado controlar enfermedades como la ralstonia, el mosaico y otras virosis, además de reducir la incidencia de plagas como cochinillas y hormigas. También han modificado prácticas tradicionales, como la limpieza de matas, que ahora evitan para reducir la transmisión de virosis a través de herramientas contaminadas. “Tenemos más de 365 días sin limpiar matas y no hemos tenido problemas de transmisión”, indica Juan Solano.

El método, sin embargo, no se presenta como una solución definitiva. “No prometemos eliminar enfermedades, sino aprender a convivir con ellas y controlarlas de forma temprana”, afirma. Si aparece una planta con síntomas, se la trata de manera aislada para intentar su recuperación.

Demandas del sectorApuntan al acceso a créditos blandos a través de BanEcuador especialmente para pequeños productores para bioseguridad y a una mayor transparencia sobre el alcance real del fusarium. 
Implementación de bioseguridad en parroquia La Iberia
Dirigente de ABO, explica el protocolo aplicado en la finca modelo, enfocado en el fortalecimiento del suelo y la raíz de la planta.Fabricio Franklin Cruz/Expreso

Franklin Torres, presidente de la Federación Nacional de Productores Bananeros del Ecuador (Fenabe), respalda la instalación de laboratorios como una iniciativa del sector para frenar el avance de la enfermedad. “Me parece una buena iniciativa empezar a hacer laboratorios en todos los cantones bananeros para la reproducción de microorganismos que de alguna manera son los que controlan que las enfermedades existentes no avancen”, señala.

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Sobre los programas públicos de aplicación de microorganismos, como el que impulsa el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIAP) con Trichoderma spp., advierte que su alcance sigue siendo limitado. “Sí se ha ampliado, pero no de la manera que debió haberse realizado. El INIAP no tiene la capacidad económica para una reproducción a gran escala”, añade.

El programa del INIAP es limitado

La experiencia del laboratorio artesanal contrasta con el alcance de la respuesta estatal. Desde el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIAP), su director ejecutivo, Raúl Jaramillo, reconoce que la expansión de los programas de microorganismos ha estado condicionada por limitaciones presupuestarias, normativas y logísticas. “Nosotros teníamos como objetivo amplificar, escalar el uso de esta tecnología desde el inicio, y ahí teníamos varios inconvenientes”, refiere el funcionario.

El programa del INIAP se basa en el uso de microorganismos antagónicos, principalmente cepas de Trichoderma spp., identificadas tras más de cinco años de investigación en laboratorio, invernadero y campo. Según Jaramillo, estas cepas lograron una reducción de mortalidad superior al 95 % en plantas inoculadas con Fusarium Raza 1, por lo que su aplicación se plantea como una medida complementaria dentro del manejo del R4T.

Aunque el insumo biológico tiene un costo relativamente bajo —un kilogramo de Trichoderma bordea los USD 25 y la dosis es de unos 300 gramos por hectárea—, el principal obstáculo no es técnico sino operativo, debido a su corta vida útil y a las dificultades para organizar su producción y distribución a mayor escala.

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Actualmente, el INIAP registra 10 laboratorios de producción de microorganismos: ocho en El Oro y dos en Manabí y Los Ríos. A mediados de 2025, el área intervenida se estimaba en unas 3.900 hectáreas, cifra que a cierre de año alcanzó alrededor de 6.000 hectáreas. “No hay un valor preciso, lamentablemente”, admite Jaramillo, quien señala que “fácilmente son por encima de 300 productores” los que han participado en procesos de capacitación.

Las cifras adquieren mayor dimensión al contrastarlas con el tamaño del sector. Datos compartidos por la Asociación de Exportadores de Banano del Ecuador (AEBE), basados en registros del Ministerio de Agricultura de 2022, indican que el país cuenta con 181.176,39 hectáreas sembradas con banano y 7.601 predios productivos (productores). Por su parte, la Encuesta de Superficie y Producción Agropecuaria Continua (Espac-INEC) reporta para 2024 una superficie de 180.965,36 hectáreas.

Esto implica que el programa de microorganismos del INIAP alcanza alrededor del 3 % de la superficie sembrada a escala nacional, una cobertura aún marginal frente a la magnitud del problema fitosanitario.

Lea este 12 de eneroLa lucha contra el Fusarium r4t enfrenta barreras. económicas, institucionales y operativas.

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