
El encarecimiento de insumos golpea la producción agrícola en Ecuador
El conflicto en Irán, aranceles y combustibles elevan costos. Sembrar arroz subirá de 2.300 a 2.600 dólares
La presión sobre el campo ecuatoriano vuelve a intensificarse, y esta vez el golpe llega por un frente que los agricultores no controlan: el precio de los fertilizantes. La respuesta es clara: sí, están siendo afectados, pero lo que ocurre detrás de ese ‘sí’ revela una cadena de tensiones que conectan decisiones comerciales regionales con conflictos geopolíticos lejanos.
En el día a día del productor, el impacto ya se siente. A la carga de pagar hasta un 50 % de sobretasas por insumos provenientes de Colombia se suma ahora un factor más incierto: el encarecimiento global derivado del conflicto entre Israel, Irán y Estados Unidos. Por el estrecho de Ormuz cruza el 25 % de los fertilizantes que se usan a nivel global. Para dimensionar los efectos en el agro, se tomarán como ejemplo el arroz y el maíz.
El vínculo es directo. Con el petróleo de Texas en 99 dólares por barril, los fertilizantes, fuertemente dependientes de derivados energéticos, comienzan a encarecerse. Hoy, la urea cuesta más de 30 dólares, pero las proyecciones del sector apuntan a que podría duplicarse o incluso superar los 60 o 70 dólares en el segundo semestre del año.
Por ahora, los incrementos han sido graduales, amortiguados por inventarios previos, pero el mercado anticipa un ajuste más brusco en los próximos meses, le indica a Diario EXPRESO Jorge Suárez, agricultor y vocero del Frente de Organizaciones Sociales Agrícolas de Santa Lucía y Palestina.
Aumento de costos en el arroz
Suárez destaca que ese aumento se traduce inmediatamente en los costos de producción. Sembrar una hectárea de arroz, que actualmente ronda los 2.300 dólares, podría escalar fácilmente hasta los 2.600 o 2.700 dólares. Es decir, producir será más caro en un contexto en el que vender ya es, según los agricultores, prácticamente inviable.
Y ahí se agrava la crisis, porque no se han solucionado viejos problemas. El precio mínimo de sustentación fijado para el arroz (que es de 36 dólares para grano largo y 34 para grano corto), está lejos de cumplirse en el mercado.
Hoy los productores aseguran que reciben apenas 25 dólares por el grano largo y hasta 21 dólares por el corto. Es, en sus palabras, “el peor precio de los últimos 30 años, y las autoridades no han logrado que todas las piladoras respeten el precio mínimo de sustentación”, comenta Suárez.
La consecuencia es directa: desincentivo a la siembra, abandono de cultivos y un sector que comienza a paralizarse. “Mucha gente ya no quiere sembrar arroz”, alerta Suárez, describiendo un escenario que califican como “caótico”.
El impacto en el maíz
A este panorama se suman otros factores que ya venían golpeando a los arroceros. La reducción de compras desde Colombia, un mercado clave, y el encarecimiento de insumos por barreras comerciales internas se combinan ahora con el shock externo de los fertilizantes. La tormenta perfecta.
Esa opinión también la comparten otros productores. José Luis García, coordinador de la Defensa de los Agricultores, describe un escenario en el que los costos se disparan mientras las opciones se reducen. Solamente en fertilizantes, en una hectárea de maíz el gasto “podría subir unos 240 dólares más; antes se invertían unos 600 dólares, pero puede subir a 840 dólares”. Y para quienes viven de cosechas ajustadas, esa diferencia no es marginal: puede definir si se siembra o no.
Sembrar una hectárea de maíz costaba unos 1.600 dólares. Ahora, con el incremento en el precio del combustible y de los insumos, puede llegar a 2.000 dólares, señala García.
Más presión por combustibles y maquinaria
Los valores de fungicidas, insecticidas y fertilizantes están subiendo con frecuencia, asevera Henry Peña, dirigente de los maiceros.
Peña agrega que esto afectará el cultivo de verano del maíz, porque hay que sumar otro problema, que es el costo del uso de las máquinas, que ahora es mayor debido al aumento en el precio de los combustibles: el galón de diésel subió de 2,70 a 2,82 dólares; mientras que el galón de gasolina, de 2,76 a 2,89 dólares.
“La máquina que siembra por funda, que contiene 60.000 pepas para una hectárea, antes costaba 45 y ahora 70 dólares. La máquina para cosechar un quintal pasó de 1,25 a 2,50 dólares, y esto se debe al incremento del precio de los combustibles”, señala Peña.
Riesgo de pérdida de competitividad
A todo esto se suma que los maiceros temen perder competitividad frente al maíz de Estados Unidos, que es subsidiado y, por ello, más económico que el nacional. Por el acuerdo firmado, Ecuador podrá importar este producto. “Un quintal de maíz ecuatoriano ahora vale 17,35. Ahora debe subir a 19,30 dólares por todo lo que se ha encarecido”, indica García.
García destaca que esta situación preocupa a nivel mundial. “En Estados Unidos, Matt Frostic, primer vicepresidente de la Asociación Nacional de Productores de Maíz y agricultor de Míchigan, dijo que el costo del fertilizante nitrogenado aumentará a 90 dólares por acre. Ecuador no está aislado del impacto del conflicto en Medio Oriente”.
Dependencia externa y riesgos
En Ecuador, los agricultores ya han recibido comunicaciones de las empresas proveedoras de insumos para el agro, que confirman el panorama: volatilidad en los mercados internacionales, problemas logísticos, aumento en los costos energéticos y restricciones en la oferta. Todo esto se traduce en precios inestables, entregas más lentas y menor disponibilidad. En el campo, esa cadena de factores se convierte en decisiones difíciles: reducir aplicaciones, cambiar productos o asumir pérdidas, recalca García.
La dependencia externa agrava el problema. Ecuador consume cerca de 250.000 toneladas de urea al año, principalmente importadas. En ese contexto, cualquier alteración internacional golpea de forma directa. Para García, la raíz es estructural: el país no produce los insumos que necesita y queda expuesto a los vaivenes del mercado global. “Dependemos de decisiones de terceros países”, reitera.
Llamado a medidas estructurales
Desde el sector empresarial, la Cámara de la Industria y Tecnología Agrícola advierte que, en el fondo, lo que está en juego no es únicamente la rentabilidad del agricultor, sino la sostenibilidad de todo el sistema agrícola. Insumos más caros o escasos pueden traducirse en menor productividad, más plagas y una cadena que termina afectando la seguridad alimentaria.
En el caso de Colombia, este país es el tercer proveedor más importante de bienes para Ecuador, con una participación del 22 % del mercado de importaciones en el sector agroquímico y de insumos agrícolas.
Las voces del campo coinciden en algo: la necesidad de respuestas estructurales por parte del Ministerio de Agricultura. Desde incentivar la producción nacional de fertilizantes hasta revisar medidas que encarecen los insumos, pasando por políticas de abastecimiento que permitan anticiparse a la volatilidad global.