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La Epmmop estima que el cierre de la vía a Nayón se prolongue durante toda la primera semana de marzo.Foto: Leonardo Velasco

Monteserrín, amenazado por el derrumbe en el talud vía a Nayón

El avance del deslizamiento mantiene en riesgo a más de 300 familias, muchas sin rutas de evacuación

Un gran deslizamiento de tierra en las laderas del camino a la vía Nayón causa alarma. La noche del viernes 27 de febrero de 2026, tras intensas lluvias, una masa considerable de material colapsó sobre la calzada, obligando al cierre total de esta arteria que conecta a Cumbayá, Tumbaco y Nayón con el norte de la ciudad. 

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El hecho no solo interrumpió el tránsito, sino que reavivó un conflicto latente entre moradores, comerciantes y autoridades municipales, por la falta de soluciones definitivas en una zona históricamente vulnerable.

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El evento se produjo tras la falla parcial de una estructura de protección ubicada en la parte alta del talud, instalada en 2019 luego de un deslizamiento previo. De acuerdo con evaluaciones preliminares, la sobresaturación del suelo por las lluvias generó filtraciones que debilitaron progresivamente la pantalla de hormigón hasta provocar su colapso.

La Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Epmmop) informó que, hasta el momento, se han retirado cerca de 600 metros cúbicos de material, mientras continúan los trabajos de mitigación, que se estima duren una semana.

Soluciones "parches" en la zona

Sin embargo, para los moradores de Monteserrín el problema va más allá de un evento puntual. Denuncian que desde hace casi un año se han registrado desprendimientos y que las respuestas oficiales se han limitado a “parches” temporales, como la colocación de geomantos y plásticos para frenar la erosión.

“Aquí vivimos más de 300 familias. Hay adultos mayores, personas con discapacidad y niños. No se trata solo de la vía, sino de nuestras vidas”, dice el arquitecto Mario Arroyo, residente de la zona.

Arroyo sostiene que la situación se agrava por el tránsito de maquinaria pesada asociada a proyectos inmobiliarios autorizados en la zona. Pese a la señalización que prohíbe el paso de carros pesados, mixers de hasta 23 toneladas han circulado de forma constante por una vía adoquinada que no está diseñada para ese peso.

Las vibraciones, sumadas a la presencia de una tubería de agua potable que abastece a Nayón y que corre a escasa profundidad de la calzada, habrían generado fisuras, filtraciones y asentamientos del terreno. “Si esa tubería colapsa, todo Nayón se queda sin agua”, alerta el morador.

Deslizamientos Nayón
Vecinos de Monteserrín alertan que nueva construcción desestabiliza el talud y ya provoca daños visibles.Foto: Leonardo Velasco

La afectación no es solo residencial. Nayón es un importante corredor comercial, conocido por sus viveros y restaurantes. Para comerciantes como Paulo Aldana, este es ya el tercer derrumbe que paraliza la actividad económica. “La vez pasada estuvimos casi dos meses con la vía cerrada. Hubo pérdidas y tuvimos que mandar a empleados a descansar. Hoy la historia se repite y nadie nos da una solución clara”, lamenta.

Más riesgo de deslizamientos por construcciones

Desde el punto de vista técnico, el experto en riesgos Cristian Rivera asegura que las medidas aplicadas hasta ahora no atacan el problema de fondo. “Los geomantos o plásticos no detienen procesos erosivos complejos. Aquí confluyen varios factores: filtraciones de agua, vibraciones por tráfico pesado, posibles fugas de tuberías y decisiones urbanísticas que no consideran el peor escenario”, argumenta.

Rivera cuestiona, además, la falta de una visión prospectiva en la planificación municipal y advierte que autorizar construcciones en suelos inestables incrementa el riesgo de deslizamientos.

En la misma línea, Wilson Goyes, director de la Escuela de Riesgos de la Universidad Internacional del Ecuador, alerta que el contexto invernal incrementa la amenaza. “Estamos en una etapa de lluvias continuas hasta abril, lo que genera saturación del suelo. En zonas de ladera, como Nayón y Monteserrín, esto eleva el riesgo de deslizamientos, más aún cuando hay viviendas prácticamente al borde de la quebrada”, señala.

Goyes cuestiona la autorización de nuevas construcciones en suelos vulnerables. “Las lluvias, sumadas a excavaciones profundas, vibraciones por maquinaria y suelos poco compactados, agravan una condición que ya es riesgosa. Aquí la responsabilidad es compartida, pero el Municipio tiene un rol clave al regular y controlar el crecimiento urbano”.

Sobre el uso de geomantos y plásticos, el experto aclara que pueden servir como medidas temporales de control, pero no como solución definitiva.

La Epmmop, por su parte, señala que el deslizamiento fue un evento súbito asociado a lluvias extraordinarias y que se han activado protocolos de emergencia con apoyo del Cuerpo de Bomberos.

Juan Gallardo, técnico de la Unidad de Emergencias, dice que los pernos de anclaje existentes mantienen estable una parte del talud y que se ejecutan controles pluviales y perfilados para reducir el riesgo. Pero reconoce que la solución definitiva depende de estudios técnicos cuya adjudicación se prevé entre marzo y abril.

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