
Karina Defas / Expreso
El dilema de lo patrimonial y lo privado, en Quito
La polémica por los locales de la Catedral provoca un análisis del patrimonio inmaterial de la capital
La noticia de que el pasado 31 de diciembre se vencía el contrato de arrendamiento de los locales de los bajos de la Catedral, despertó críticas y reclamos entre los quiteños que tienen especial cariño por las seis cafeterías con vista a la Plaza Grande, en el Centro Histórico.
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Son negocios con décadas de historia, en donde los sánduches de pernil, el dulce de higos, los helados de paila, el chocolate, las quesadillas y otras delicias de la tradición gastronómica quiteña se preparan con recetas heredadas de generación en generación.
Tanto ellos como los dueños de la barbería y las tiendas de artesanías y manualidades de los bajos de la Presidencia, agrupados en el colectivo Covachas de Carondelet, han sido testigos de la historia reciente de Ecuador. Manifestaciones, cambios de guardia, renovación de mandato, caídas de gobiernos, etc. han pasado ante sus ojos.
La violencia en tiempos convulsos los ha obligado a cerrar temporalmente sus negocios, recuerda Fernando Escobar, de la Dulcería Colonial. Pero en época de paz atienden a turistas de Ecuador y del mundo, y a los infaltables jubilados que se reúnen en la plaza para compartir sus años de retiro con quienes, como ellos, disfrutan de leer un periódico o hablar de política, deporte y de historias de antaño en el corazón de Quito.
Las covachas llevan más de dos años cerradas porque, según Marianita de Jesús Freire, su vocera, la Presidencia pausó sus contratos de arrendamiento y no los ha reactivado. Desde entonces, las vallas que solían bloquear el paso hacia ellas eventualmente se quedaron fijas. En cambio, las cafeterías de los bajos de la Catedral aún atienden a sus clientes, mientras esperan alguna disposición del Cabildo Primado de Quito, que no los ha desalojado, pese a que el contrato terminó el último día de 2025.
EXPRESO solicitó una entrevista a los propietarios, pero señalaron que, de momento, no habrá más pronunciamientos públicos que el emitido el 31 de diciembre, en el que defienden la legalidad de la notificación de fin del contrato.
Marianita de Jesús Freire
Sin embargo, más allá del derecho que le asiste al Cabildo Catedralicio y a la Presidencia de disponer de sus bienes, el debate que ha surgido por sus decisiones sobre los locales es si con ellas se afecta al patrimonio inmaterial de la capital.
¿Cómo proteger el patrimonio inmaterial de Quito?
“En un país donde a ratos no se ve el valor agregado de lo cultural y de lo patrimonial, ¿cómo metes a todos en un saco? Es fácil diluir eso como se está diciendo ahorita: ‘No, es una cuestión de arrendatarios y arrendadores. Eso es un negocio y se acabó’. En la Plaza Grande, yo creo que algunos negocios son patrimoniales porque te dan valor agregado, le dan personalidad al espacio”, sostiene Javier Cevallos, director artístico de la Fundación Quito Eterno y habitante del Centro Histórico.

Según el investigador, este dilema se podría resolver si aquellos negocios con categoría de patrimoniales llegan a un convenio de arrendamiento por 50 años, por ejemplo, con un canon reducido. Cree que eso generaría atracción para los otros establecimientos que no son patrimoniales, pero siempre recordando que esa es una decisión del propietario del bien.
No obstante, para Cevallos el problema central es que “todo el mundo se siente dueño del centro” y si bien hay buenas intenciones, no lo conocen geográficamente y tampoco sus lógicas, porque no es lo mismo lo que ocurre en la calle García Moreno que en el barrio de San Roque, en La Ronda o en el eje comercial de la Bolívar, entre las plazas de San Francisco y Santo Domingo. “No son lo mismo. Entonces, no deberían tener el mismo tratamiento ni responder a las mismas políticas patrimoniales ni comerciales”.
El peligro más grande, considera, es que se vaya perdiendo en el imaginario colectivo de la ciudad la idea de que cualquier cosa que alguien necesite, la puede encontrar en el centro, idea que hacía de este sector “el mayor centro comercial al aire libre de la ciudad”. El representante sostiene que el reto es lograr que más gente habite la zona y conseguir un equilibrio entre lo residencial y el atractivo turístico.
Esto es importante porque se piensa en el centro siempre desde la lógica de los visitantes y no se toma en cuenta, por ejemplo, que no pueden diseñarse proyectos para volver a vivir en la zona si no se piensa en parques o juegos infantiles. “Yo me mudé al centro cuando mi hija tenía cuatro años y me di cuenta de que para llevar a mi guagua a un columpio, tenía que ir al parque Matovelle, al Panecillo o a San Juan”, relata el experto.
El patrimonio material e inmaterial del Centro Histórico de Quito
Tamara López, directora de Proyectos Especiales del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP), define el patrimonio cultural inmaterial como los usos, costumbres, creencias, representaciones, expresiones, conocimientos o técnicas que se transmiten entre generaciones.
Estos se crean y recrean colectivamente en comunidades portadoras que son conocidas como detentoras. En Ecuador, el patrimonio se registra en el Sistema de Información del Patrimonio Cultural del Ecuador (Sipce), que es una herramienta creada por el ente rector: el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC).
El Distrito Metropolitano de Quito tiene 858 manifestaciones culturales pertenecientes al patrimonio inmaterial, distribuidas en seis ámbitos, según el IMP: tradiciones orales, conocimientos relacionados con la naturaleza, manifestaciones creativas, técnicas artesanales y patrimonio alimentario y gastronómico. De ellas, 200 están en el Centro Histórico y 51 pertenecen al área gastronómica.

actividadesculturales que forman parte del inventario del patrimonio inmaterial del Centro Histórico son alimentarias y gastronómicas.
Se trata de espacios culturales vivos, señala López, que además de transmitir saberes entre generaciones, cumplen una función turística. El patrimonio gastronómico, explica, abarca las técnicas o conocimientos vinculados a la elaboración de alimentos que tienen un valor simbólico para la comunidad. Estos van ligados a los paisajes, territorios, tradiciones típicas y refuerzan la identidad de una comunidad.
En ese contexto, los locales de la Plaza Grande son considerados como patrimonio cultural inmaterial, pero la experta aclara que no solo estos, sino muchos otros de la zona que están ubicados en propiedad privada. Así que “las decisiones que consideren los propietarios con respecto de su uso no le corresponden al Municipio. Eso está regido por sus dueños. Obviamente, con usos compatibles a lo que dice el Plan de Uso y Ocupación del Suelo”.
Karen Proaño, directora de Inventario Patrimonial del IMP, explica que el Cabildo no tiene injerencia sobre la inversión privada en el casco colonial, pero sí puede verificar que las intervenciones que se realicen en los inmuebles cumplan con todos los requisitos de la Ordenanza 081-2024, sobre áreas históricas y patrimoniales. Allí se establece la serie de permisos que se deben solicitar en la Administración Zonal Manuela Sáenz o en la Secretaría de Hábitat y Ordenamiento Territorial, según la catalogación del inmueble y el uso que se pretenda darle.
Solo en el Centro Histórico, están inventariados alrededor de 5.000 predios patrimoniales y, según la funcionaria, el 2 % de ellos se encuentran en mal estado de conservación.
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