
Bandas se fragmentan y desatan nuevos conflictos: efecto de líderes caídos en Ecuador
La atomización de estructuras criminales eleva homicidios y conflictos en varias provincias
La captura y el aislamiento de cabecillas criminales en Ecuador, aplicados como estrategia para debilitar a las bandas, han provocado un efecto contraproducente: la fragmentación de estas estructuras en múltiples pandillas que disputan territorios y economías ilegales, elevando los niveles de violencia.
Este fenómeno se ha registrado con fuerza en provincias como Guayas, Manabí, Los Ríos y El Oro, donde los vacíos de poder han derivado en conflictos internos entre facciones. Según expertos y autoridades, estas disputas se concentran en zonas estratégicas y se manifiestan en un aumento de homicidios y extorsiones en los meses posteriores a la caída de los líderes.
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El caso más evidente se registra en Durán, donde tras la detención de alias Bob Marley, líder de los ChoneKillers, la organización se dividió en al menos diez pandillas que hoy se disputan el control de barrios y puntos de expendio de estupefacientes.
La evidencia internacional apunta a que la fragmentación incrementa la violencia, por lo menos en el corto y mediano plazo. Investigaciones desarrolladas en México y Colombia han documentado que la llamada estrategia de ‘decapitación’ (capturar o neutralizar a los jefes) suele provocar guerras internas por el liderazgo y por el control de las rentas ilegales. Un análisis citado por el centro de investigación InSight Crime concluye que tras la caída de un mando criminal, los homicidios pueden aumentar entre 10 % y 30 % en los meses posteriores, debido a la competencia entre facciones.

En Ecuador, el patrón se repite: la eliminación de un liderazgo central no desmantela la estructura, sino que la atomiza. Cada subgrupo busca controlar microterritorios para sostener economías ilícitas como el microtráfico y la extorsión, lo que multiplica los puntos de conflicto.
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Un uniformado que lleva de cerca la situación de Durán, explica que la captura del cabecilla dejó un espacio altamente disputado: “Se abrió prácticamente una plaza muy apetecida por historia y por ser considerada un punto de expendio en microtráfico, además de su cercanía al río Guayas. Son subfragmentaciones. El problema es que al capturar a los líderes, estos grupos delincuenciales, después del primer fraccionamiento en diciembre de 2024, entraron en un enfrentamiento continuo. Los niveles de violencia marcaron la aparición de nuevos actores que buscan liderar nuevas subfracciones”.
La ubicación geográfica resulta estratégica: la cercanía al río facilita movilidad, ocultamiento y conexión con otras rutas. Por eso, la disputa no es solo simbólica, sino principalmente económica.
Un ciudadano del sector, que pidió mantener su identidad en reserva, describe cómo esta fragmentación se refleja en la vida cotidiana: “Al ingresar a Durán antes estaban Los Tiguerones, pero ahora solo se escucha sobre la pandilla de Ben 10. Literalmente, como salen tantas bandas, ya nadie sabe qué grupos están aliados con otros. A veces, por ejemplo, si yo vivo en tal lugar y voy a visitar a un amigo que vive en la 40, que es territorio de una banda enemiga, van a pensar que yo también pertenezco a ese grupo solo por estar en ese sector. Así, más o menos, es como se está viviendo ahora en Durán”.
Uniformado
El testimonio revela un riesgo central: las fronteras criminales no coinciden con las fronteras urbanas. Un desplazamiento cotidiano puede ser interpretado como una incursión enemiga. Lo ocurrido en Durán no es un hecho aislado.
En Manabí, tras la muerte o captura de cabecillas históricos, bandas como Los Choneros y sus derivaciones se dividieron en células locales que hoy se pelean puertos artesanales, barrios y corredores de microtráfico. Estas fracturas internas coincidieron con repuntes de homicidios en varios cantones costeros.
En Los Ríos, estructuras ligadas a economías ilegales rurales también se fragmentaron en grupos por cantón, lo que generó enfrentamientos por rutas viales estratégicas y mercados de droga al menudeo. Mientras que en El Oro, los golpes a mandos medios produjeron reacomodos en ciudades como Machala y Pasaje, con pandillas que hoy compiten por extorsiones y puntos de expendio.
DURÁN
— John Reimberg (@JohnReimberg) February 28, 2026
CUATRO MENORES DE EDAD Y UN ADULTO APRESADOS POR TENENCIA Y PORTE DE ARMAS DE FUEGO.
Los sujetos fueron aprehendidos en la vía Durán- Yaguachi donde se movilizaban en un vehículo robado que usaban para perpetrar robos, sicariatos y atentados en Durán. Fueron puestos a… pic.twitter.com/cXStx16yY3
Para la analista en seguridad pública María José Guerra, con años de investigación en crimen organizado, el efecto es claro: “Cuando desaparece un líder, las estructuras no desaparecen. Se dividen, se adaptan y generan más puntos de conflicto, porque cada subgrupo quiere controlar territorio, rutas y economías ilícitas”.
Según la experta, la fragmentación “multiplica los actores violentos y dificulta la intervención policial, porque en lugar de una sola estructura hay cinco o seis con líderes emergentes”. La criminóloga Laura Pinzón subraya otro impacto: “La fragmentación no solo incrementa la violencia física, sino que deteriora el tejido social de las comunidades. Cuando más grupos luchan por el control, más se normalizan prácticas como la coacción y la amenaza, lo que se traduce en miedo y desconfianza ciudadana”.
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