
Creandown, un espacio para el arte inclusivo en Loja
La escuela fue formada por familiares de niños y jóvenes con síndrome de Down, para que puedan desarrollar habilidades
La escuela de arte Creadown, en Loja, ofrece talleres artísticos para niños y jóvenes con síndrome de Down, con el objetivo de fortalecer su desarrollo, expresión y participación social. El espacio funciona gracias a la iniciativa de familias que impulsaron su creación ante la falta de opciones formativas inclusivas.
Detrás de este proyecto están madres y padres que, con el paso del tiempo, transformaron el miedo y la soledad en organización, acompañamiento y esperanza.
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Maritza Morquecho, una de las fundadoras de la Asociación de Padres con Hijos con Síndrome de Down, recuerda que la escuela funciona en un establecimiento educativo que fue facilitado para fines formativos. Allí, actualmente, se desarrollan talleres de expresión corporal y artes plásticas, espacios donde los chicos han demostrado capacidades que durante años fueron invisibilizadas.
“En muy poco tiempo han sorprendido de una manera increíble”, comenta, al señalar que varios de los participantes nunca habían tenido procesos de escolarización y hoy avanzan, paso a paso, derribando barreras sociales y personales.
El proyecto no se detiene ahí. Morquecho explica que el anhelo de las familias es ampliar la oferta formativa con talleres de danza, teatro y otras disciplinas artísticas que permitan potenciar habilidades y talentos.
Sin embargo, reconoce que las necesidades aún son muchas y que el crecimiento de la escuela depende, en gran medida, del respaldo de la ciudadanía y de la solidaridad comunitaria.
Escuela de arte inclusivo en Loja: nueve años de lucha y visibilización
La Asociación de Padres con Hijos con Síndrome de Down nació hace nueve años por iniciativa de Maritza Morquecho y Lucía Sarango Gaona. Ambas coincidieron en una realidad común: la ausencia de espacios donde las familias pudieran encontrarse, compartir vivencias y apoyarse mutuamente.
En ese entonces, muchas madres llegaban a la asociación cargando tristeza, miedo y la idea de que sus hijos no podrían desarrollarse.
Morquecho relata que el simple hecho de encontrarse fue un punto de quiebre. Las familias comenzaron a reconocerse unas a otras, a entender que sus alegrías y dificultades eran compartidas y que el camino podía recorrerse juntas.
Con el tiempo, la asociación logró impulsar proyectos, pero, sobre todo, alcanzó un objetivo clave: la visibilización de los niños y jóvenes con síndrome de Down, demostrando que sus capacidades van mucho más allá de un diagnóstico.
Lucía Sarango Gaona, también fundadora de la asociación, recuerda su propia experiencia como madre. Señala que, años atrás, el desconocimiento generaba una sensación de soledad profunda. No existían suficientes organizaciones sociales ni centros de apoyo accesibles, y las limitaciones económicas y sociales eran evidentes.
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“No se sabía por dónde empezar”, explica. Hoy, la asociación cumple una misión clara: demostrar que sí existe un camino y que la estimulación y el acompañamiento constante mejoran la calidad de vida de los niños y de sus familias.
Escuela de arte inclusivo en Loja: Capacitaciones a madres y cuidadores
Uno de los pilares del trabajo comunitario es la capacitación permanente de las madres y cuidadores. Desde el ámbito educativo hasta el legal y tributario, la asociación orienta a las familias en la defensa de los derechos de sus hijos. La experiencia de quienes ya han recorrido parte del proceso sirve de guía para quienes recién llegan, generando una red de apoyo sólida y empática.
El arte se convirtió en una herramienta fundamental dentro de este proceso. Desde hace aproximadamente dos años, el artista plástico lojano Boris Salinas Ochoa acompaña a los chicos en su formación artística.
Salinas explica que la iniciativa surgió tras una conversación con las madres, cuando se planteó la necesidad de crear un espacio más amplio que permita atender a más niños. Así nació Creandown, la primera escuela de artes para niños con síndrome de Down en la ciudad.
Para Salinas, trabajar con los chicos representa un aprendizaje constante. Con más de dos décadas de experiencia con estudiantes regulares, asegura que con ellos el desafío es mayor, pero también más enriquecedor.
“Aquí se trabaja con amor, con acompañamiento, con presencia”, afirmó, destacando que los niños y jóvenes son maestros de la espontaneidad y el afecto, capaces de enseñar valores que muchas veces se pierden en la rutina cotidiana.
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