
Murió Willie Colón, pero no la salsa: el debate sobre su renacer generacional
El género latino revive entre homenajes, fusiones urbanas y debate: ¿Es un renacer real o una relectura generacional?
La muerte de Willie Colón, una de las figuras fundamentales de la salsa, coincidió con un momento que parecía improbable hace apenas una década: el regreso del género a la conversación global. Parece que ahora, como dice Bad Bunny, “todos quieren ser latinos”. Lady Gaga intenta dar sus pasos en la pista y el trapero español Quevedo incursiona en el género tropical, con más merengue que salsa, pero con el estilo que se está popularizando.
Lejos de marcar un punto final, la partida del intérprete Oh, qué será? terminó de confirmar una tendencia que ya se venía gestando en plataformas digitales, rankings y lanzamientos discográficos. La salsa no solo sigue viva, sino que atraviesa un proceso de relectura generacional impulsado por artistas jóvenes y figuras provenientes del urbano.
El consumo de salsa en plataformas de streaming ha crecido más de 140 % a nivel global en los últimos cinco años, con un liderazgo claro de oyentes entre 18 y 24 años. Este repunte no responde únicamente a la nostalgia, sino a una resignificación del género dentro de los códigos actuales de la música latina, en los que convive con el reguetón, el pop latino y el afrobeat.
En este contexto, Billboard ha identificado un impulso renovado encabezado por una nueva generación de intérpretes como Christian Alicea, Luis Figueroa, Moa Rivera y Luis Vázquez, varios de ellos nominados al Latin Grammy en la categoría de Mejor álbum de salsa. A esta camada se suman nombres consolidados como Marc Anthony, Víctor Manuelle y Gilberto Santa Rosa, quienes han mantenido al género vigente en los escenarios y en las listas especializadas. Sin embargo, la Academia del gramófono sigue premiendo a los grandes nombre. Rubén Blades se llevó el trofeo al mejor álbum del género en la pasada entrega de noviembre de 2025.
El fenómeno también ha sido amplificado por proyectos de fusión como Ataca Sergio! Urban Salsa Sessions, liderado por Sergio George, que convocó a artistas urbanos como Wisin, Jay Wheeler y Lenny Tavárez para grabar salsa original, y evidenciar, así, el interés de la industria por expandir el género hacia nuevas audiencias.
El puente urbano: Bad Bunny y la herencia salsera
Uno de los puntos de quiebre en esta conversación fue el lanzamiento del álbum Debí tirar más fotos de Bad Bunny, en el que el artista incorpora estructuras, referencias y guiños directos a la salsa clásica como un homenaje explícito a Puerto Rico. Canciones con ADN salsero lograron posicionarse entre las más reproducidas del año, con lo que evidenció que el género puede coexistir con narrativas contemporáneas sin perder identidad, además de llevarlo al punto más alto de visibilidad digital con su interpretación en el Superbowl.
Este gesto cobró mayor dimensión tras el fallecimiento de Willie Colón, cuando Bad Bunny le rindió homenaje en concierto en Sao Paulo. Sus palabras fueron: “Maestro, gracias por su legado”.
Guaynaa, Nathy Peluso y el ‘pase de batuta’ generacional
A esta ola se suma el caso de Guaynaa, artista identificado principalmente con el urbano, quien presentó su proyecto Salsero en Puerto Rico y recibió públicamente el respaldo de Tito Nieves, uno de los referentes históricos del género. El gesto fue leído como un ‘pase de batuta’ simbólico: la confirmación de que la salsa no solo se preserva como patrimonio musical, sino que se transfiere a nuevas voces con legitimidad, continuidad y aval generacional.
En una línea similar, la argentina Nathy Peluso ha explorado recientemente el lenguaje salsero desde una perspectiva más autoral y discursiva. A través de un EP llamado Malportada en el que incorpora estructuras, cadencias y códigos propios de la salsa, la artista ha vinculado el género con su identidad musical y su formación latina, alejándolo de una lectura meramente nostálgica. En declaraciones recientes, Peluso ha señalado que la salsa forma parte de sus raíces musicales y que su interés no pasa por “revivir” el género, sino por dialogar con él desde el presente y desde su propio universo creativo.
La salsa demuestra que es un lenguaje musical flexible que dialoga con el pop, el urbano y otras escenas contemporáneas. Así, vuelve a ocupar espacio en festivales, playlists editoriales, rankings especializados y lanzamientos conceptuales, impulsada tanto por artistas formados en la tradición como por figuras externas que la reinterpretan desde nuevas narrativas.
El fenómeno en Ecuador
El debate sobre el resurgimiento de la salsa también se traslada a la radio ecuatoriana, donde conviven lecturas distintas sobre su momento actual. Para Dalemberg Ballesteros, el género no puede entenderse como un fenómeno estático, sino como una música en permanente transformación, atravesada por migraciones, fusiones culturales y dinámicas comerciales que han redefinido su sonido desde sus orígenes.
Ballesteros explica que en los años sesenta y setenta, la salsa estaba marcada por una fuerte raíz cubana y afroantillana, que luego se volvió más urbana con la migración de músicos hacia Nueva York y Puerto Rico. En los años ochenta, el intercambio entre orquestas puertorriqueñas, colombianas y venezolanas terminó de consolidar un mercado regional. Recordó además el paso de una lógica centrada en la virtuosidad musical a una más visual y comercial.
En ese proceso, Ballesteros identifica etapas como la salsa romántica, la salsa urbana y, más recientemente, la fusión con el reguetón, un cruce que inicialmente generó rechazo. “Al principio la salsa y el reguetón eran enemigos totales, pero algunos artistas se encargaron de fusionarlos”, afirma. Desde su perspectiva, hoy la tecnología y los nuevos métodos de producción han democratizado el acceso al género y favorecido su regreso a la programación radial y televisiva en Ecuador, especialmente entre públicos jóvenes.
Una visión distinta ofrece Gino Molineros, quien considera que no existe un incremento real y sostenido de la salsa como género en la radio actual. Para él, el consumo responde a coyunturas específicas más que a un movimiento estructural.
“La gente se conectó con la salsa más por el artista que por el género como tal”, sostiene, aludiendo a las incursiones de figuras urbanas y pop en ritmos salseros.
Molineros advierte que la falta de nuevos referentes salseros impide hablar de un verdadero auge y que el género sigue dependiendo, en gran medida, de su legado histórico. “Es un género que vive de lo que se hizo en los 60, 70, 80 y 90”, afirma. Ambas miradas coinciden, sin embargo, en un punto central: la salsa sigue viva. No importa si es por los clásicos que siguen haciendo conmover y bailar a los ecuatorianos o si es impulsada por el contexto cultural y mediático.
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