Ocio

Iñaki Oñate
Iñaki durante la 40.ª edición del Festival de Mar del Plata, en Argentina, en 2025, donde presentó 'Zapatos hechos a mano', un thriller neo noir.Festival de Mar del Plata

Iñaki Oñate: “Mi padre alcanzó a ver mis dos largometrajes antes de morir”

El director quiteño nos habla del legado del poeta Iván Oñate y sobre su documental y su thriller, estrenados ambos en 2025

El miércoles 10 de septiembre de 2025, unas horas antes de que Iñaki Oñate estrenara en la Cinemateca Nacional de la capital su primer largometraje documental, Érase una vez en Quito, falleció su padre, el poeta y docente ambateño Iván Oñate.

Murió en sus brazos, como un último gesto poético que pasó también a formar parte del alma de este filme que rinde tributo a la actividad cinéfila de Quito antes del arribo de las grandes cadenas de cine. 

Se trata de un viaje a la memoria de la capital ecuatoriana y también personal del director quiteño.

Director Javier Cutrona festival Tallin Black Night 2024 web

Javier Cutrona: “Voy a seguir apostando por el cine de autor”

Leer más

Cosas de la vida, dos días después lo llamaron para decirle que su otro largometraje, Zapatos hechos a mano, un thriller neo noir, había sido seleccionado para el Festival de Cine de Mar del Plata, en Argentina. Una noticia que coronaba un esfuerzo iniciado en 2018 cuando estudiaba aún en Buenos Aires.

Así que Iñaki tuvo un intenso 2025, tanto profesional como emocionalmente, con dos largos de distintos géneros en exhibición, en un momento en el que estaba despidiéndose de su compañero de tertulias sobre cine, su gran referente de nombres de directores y películas, además de su chofer, utilero y asesor ‘todo en uno’ de sus primeras filmaciones, cuando aún Iñaki estaba en el colegio.

Ahora, después del recorrido que han tenido ambas cintas en salas de cine y festivales durante estos meses, EXPRESO dialogó con Iñaki para conocer el aprendizaje obtenido durante el proceso, las reacciones del público a sus obras, el siempre complejo trabajo de difusión y, por supuesto, el legado de su padre.

Las grandes cadenas de cine han cambiado la dinámica con respecto al siglo pasado. Es un mundo totalmente distinto.

Antes tenía una onda como ritual. El cine era el entretenimiento por excelencia. Los cines antiguos tenían una magia especial...

Que iba más allá de la comodidad o de tener la mejor tecnología. Apelaba al hecho de ver una película en conjunto.

Cuando hice este documental descubrí lo que, siendo quiteño, yo no tenía idea: la ciudad tan cinéfila que fue Quito décadas atrás, a un nivel impresionante.

No le envidiaba nada a ninguna capital del mundo.

Había un cine en cada barrio, por cada iglesia tenías un cine. Entonces eso me pareció increíble. Yo creo que soy ya de las últimas generaciones que pudimos ir a los últimos cines que quedaban de este estilo. Y lo que más me llama la atención es la cantidad de películas que conocen los quiteños, más que un estudiante de cine.

¿Cuáles han sido las reacciones de los espectadores?

Pasó algo increíble: la gente empezó a hablarle a la pantalla o al público. Cuando yo (en el documental) decía alguna reflexión o aparecía una película, empezaba a ver como una competencia por comentar. Y eso me cuentan que pasaba en los cines de antaño, había este tema de hablarle a la pantalla, de lanzarle algún comentario, a otro espectador que estaba en el público.

Tenía ese folclor.

Sí y eso resucitó en esta función de la Cinemateca.

ERASE UNA VEZ EN QUITO STILL 3
Fotograma del documental 'Érase una vez en Quito', que en este 2026 se presentará en el Festival Cine de las Alturas de Argentina.Iñaki Oñate

También se exhibió en las salas de cine.

Debido al tema, hubo un interés inmediato de las salas de cine, como el Ocho y Medio y otras. Inmediatamente me escribieron y me dijeron si quería mostrarla, y evidentemente dije que sí.

Genial, porque suele ser difícil llegar a captar el interés de las salas de cine.

En todo caso, yo tenía planeado ir a golpear las puertas. Pero se dio al revés, afortunadamente me invitaron.

En Quito ha continuado con las funciones del documental.

He estado pasándolo en el cine Bolívar, que aparece también en el documental; en espacios más alternativos, como la Casa Italia, que tienen un cine chiquito. A mí me encanta hacer funciones abiertas al público. Y viene gente de todos lados de Quito. Algunos se hacen tremendos viajes, desde lo más recóndito de la ciudad para ver la película.

¡Qué mayor recompensa para un artista que quiere compartir su arte con los demás!

También hemos hecho funciones pagadas, con una entrada asequible. Y viene la gente. No tanta, pero viene. Y en todos los casos, me quedo conversando de largo con el público. Empiezan a decirme: “Me hiciste acordar cuando yo iba al cine con mi abuelo”, “Mi papá me llevaba al cine tal”. Un chico le trajo al hijo de 15 años porque le quería mostrar cómo había sido su infancia.

Y ese material también es riquísimo para un cineasta. Incluso como documento histórico.

El público es parte del documental. Llegan a un nivel que comparten sus experiencias, se emocionan, lloran. De hecho, para las siguientes funciones, tengo que ver la manera de filmar toda esa interacción con los asistentes, porque me estoy perdiendo de grabar la segunda parte de Érase una vez en Quito.

“Mi papá era un cinéfilo obsesionado”

Usted estudió en la Universidad del Cine (FUC), de Argentina, un país muy significativo para usted porque ahí también vivió su padre un tiempo.

Claro. Él se fue primero a Buenos Aires y luego a Córdoba, donde se metió a la Facultad de Arquitectura de la Nacional de Córdoba. Un día vio a unos chicos con unas cámaras filmadoras, quienes le dijeron que había escuela de cine allá. Y él se quedó loco porque él era un cinéfilo obsesionado.

Cuando exploramos su pasión por el cine, es inevitable hablar de su padre.

Entonces él fue corriendo a llamarle a mi tía Imelda, su hermana, también artista, que era su más aliada, y le dijo: “Me voy a cambiar de carrera, voy a estudiar cine”. Y mi tía encantada, pero ella cometió el error de pasarle el teléfono a su marido, un ingeniero cuadrado. Y él le dijo a mi papá, que era jovencito: “¿Qué vas a venir a filmar acá a Ecuador? ¿A las vacas?”. Y hasta ahí llegó el sueño del cine para mi padre.

Diría que usted de alguna manera cumplió ese sueño truncado de su papá.

Cuando me fui a estudiar cine, yo ya estaba decidido. Yo empecé a hacer cortos en Ecuador en el colegio. Cuando logré entrar a mi primer festival internacional, en Montreal (por el corto Rostros del tiempo), yo estaba en colegio recién. Ya tenía claro que por ahí iba mi camino. Pero de alguna manera, también, conscientemente estaba haciendo esa parte que mi papá no pudo.

ERASE UNA VEZ 1
El documental 'Érase una vez en Quito será presentado en Guayaquil en este 2026.Iñaki Oñate

Pese a que ya no está físicamente, ¿diría que su él sigue muy presente en su vida y en su obra?

En mi caso es muy especial porque yo, desde que era chiquito, tuve un vínculo con mi papá muy, muy profundo. En lo emocional y en el aspecto del arte. Cuando empecé a hacer los cortos, él era el que me ayudaba como ‘productor’. Íbamos en el carro con él a ver a mis primos para que actúen. Íbamos, por ejemplo, a retirar una pierna prostética que nos prestaban en Quito para un personaje. O íbamos a buscar alguna locación.

Ahora, en retrospectiva, ¿cómo valora ese legado?

Yo desde muy chiquito ya tenía claro la importancia que mi papá tenía en mi vida, en lo que yo soy. Y yo siempre desde chiquito decía que yo soy como una extensión de mi papá. Siempre tuve eso claro. Él aparece en muchas cosas que hago. Siempre es como una presencia.

¿Él alcanzó a ver terminado el documental?

Afortunadamente pudo ver ambas, el documental y Zapatos hechos a mano, antes de morir.

Zapatos hechos a mano, su primer filme de ficción

En 2025, aparte de estrenar el documental Érase una vez en Quito, también vio la luz su primer largometraje de ficción, Zapatos hechos a mano, que inició en 2018.

Sí, la ‘peli’ de ficción la hice en Argentina. Fueron varios años de filmación y me demoré tres años en editarla. La primera versión duraba tres horas y media, hasta que quedó en una hora y diez minutos.

Se exhibió en el Festival de Cine de Mar del Plata. ¿Cómo lo logró?

Ahí pasó algo bastante curioso. Según el presupuesto que tengas, tú puedes mandar tu ‘peli’ a ochenta festivales, y de esos, quizás, si tienes suerte, te eligen diez festivales, aunque a veces puede que sea solo uno...

Aplicó sin muchas expectativas.

Yo la mandé a ese festival de Mar del Plata diciendo: “Veamos qué pasa”. Y justo dos días después de que murió mi papá, me llegó la noticia de que había sido seleccionada.

Justo en medio del duelo.

Fue una alegría, pero también sentí la pena de no poder contárselo a mi padre. Y se dio algo interesante. Mi película de ficción le ayudó a mi documental a que tenga más actividad. En estos festivales conoces gente, programadores de otros festivales, y se va dando este networking. Conocí a un programador en Mar del Plata, así que Érase una vez en Quito va a a representar al Ecuador en el Festival Cine de las Alturas de Argentina, compitiendo por mejor documental. Y en mayo lo presentaré en Guayaquil. 

¿Quieres acceder a todo el contenido de calidad sin límites? ¡SUSCRÍBETE AQUÍ!