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La vocación musical de Nohe viene por el lado de su familia paterna, herencia de su abuelita, la artista Carlina Vergara (+).Jonatan_Pantusin

De corista a solista: ella es Nohe, la nueva voz del soul y el blues en Ecuador

Blues, neo soul, góspel, incluso matices rock y reggae, forman el universo de la solista, corista y vocal coach manabita 

Desde que Nohe decidió mudarse de su natal Chone, en Manabí, a Guayaquil para estudiar música en la Universidad de las Artes, tenía claro que aparte de dedicarse a su formación académica, quería involucrarse en la escena de la ciudad puerto.

Eso la llevó a formar parte como corista de artistas y proyectos como Jenny Villafuerte, Flota Invisible, Orange Crew, Profemanco o Rayo, con quienes fue empapándose de nuevos sonidos y referentes, conociéndose a sí misma como artista y definiendo su estilo para lo que sería su inevitable siguiente paso: lanzarse como solista.

Siempre son odiosas las etiquetas al tratar de describir la propuesta de un artista, sobre todo de las nuevas camadas, con una visión mucha más amplia y libre de ataduras. 

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Pero en el caso de Nohe podríamos mencionar su gusto por el blues, el reggae y ciertas pinceladas rock, a lo que debemos sumar todo su bagaje como corista en una iglesia cristiana, que marcó su inclinación natural por música poderosa pero dulce como el gospel y el soul.

Desde Estados Unidos, donde se encuentra de intercambio estudiantil durante sus vacaciones universitarias, Nohe nos contó cómo se complementan y retroalimentan mutuamente sus facetas como corista y solista.

Asimismo, nos explica las complejidades y satisfacciones que le ofrece su labor como coach vocal, una faceta que también le ha permitido enriquecer su arte.

Su estilo vocal está marcado por el hecho de haber crecido en una iglesia cristiana y tener un contacto directo con la música que ahí se hace y se canta.

Sí, definitivamente. Mis papás son los pastores de una iglesia cristiana. Entonces desde chiquita tuve esa crianza. Fui corista y allí fui descubriendo poquito a poquito ciertas cosas. Mi hermano me introdujo en el mundo de las armonías vocales, por ejemplo.

Considerando eso, ¿le generó conflicto en algún momento hacer música no sacra?

Mi mamá siempre me decía: “¿Vas a hacer música cristiana o del mundo?”. Y yo pensaba: “Pero es solo música, ¿por qué tienen que definirlo de esa manera?”. Porque no creo que mis letras digan nada malo, aunque no necesariamente son cristianas. Por eso, por mucho tiempo como que yo negaba esa parte de mí. Hasta que finalmente pude aceptar que el gospel y el soul han sido una gran influencia en mi vida por la música cristiana que yo he escuchado desde pequeña.

Se nota en su voz, que suena poderosa, pero a la vez dulce.

Sí. Siento que mi forma de cantar tiene esa fuerza vocal que caracteriza la adoración, el ‘worship’. Como digo, sí tuve un conflicto interno en su momento, pero finalmente lo he aceptado, honestamente. Sobre todo porque es mi identidad vocal, más que todo. Más que la parte instrumental de mis canciones, marcó la manera en la que canto.

Otra parte importante de su formación es el haberse desempeñado como corista de varios proyectos.

Claro. He estado acostumbrada a ser más corista que cantante principal, porque en la iglesia yo empecé como corista. Desde que llegué a la universidad, sabía que no quería solo concentrarme en aprobar las materias, sino formar parte de proyectos musicales. Entonces desde el primer semestre conocí a Rayo, de quien soy su corista. También he trabajado con la Flota Invisible. Me ha ayudado bastante a conocer mi propia voz y lo que puedo hacer con ella en cuestiones de dinámica y color. Disfruto mucho siendo corista, la verdad.

El rol que desempeña una corista es más de apoyo, a diferencia de ser cantante principal, que asume una mayor responsabilidad. No solo en la parte vocal, sino tomando la mayoría de decisiones creativas.

Como ‘lead’ (cantante principal) tengo una intervención más directa, tanto con el público como hacia mí misma. Porque sé que debo alzar mi voz con firmeza, con seguridad de lo que estoy cantando. Y es como convertirme en un personaje para cada canción o cada frase que debo de decir. Estoy al frente y doy la cara al público.

Asumo que dar ese paso como solista implicó un proceso.

Al momento que quise abrir este proyecto de Nohe, me conflictuaba mucho la parte de la identidad vocal. Al inicio tenía un poco ese conflicto de cómo debe sonar Nohe. Yo recién estaba en ese proceso de aceptación de estas voces cristianas, como hablamos, el gospel y el soul.

O sea, aceptar que era una influencia válida.

Exacto, porque yo era como: “A mí me gusta esta canción y quiero hacer algo así”. Pero luego venía el conflicto de la parte vocal. ¿Qué dinámica debería tener? ¿Debo ser más suave? ¿Debo ser más fuerte? ¿Debo ser serena? ¿Qué quiero transmitir? Fue como un proceso de saber realmente cómo quiero transmitir lo que estoy diciendo. Siento que aún tengo que descubrir más cosas, pero ya voy reconociendo mucho más quién soy, tanto como persona como sonoramente hablando.

Sabiendo que es un proceso que nunca acaba, de alguna manera. Un cantante siempre está midiendo sus capacidades. Hasta dónde puede llegar. Y qué es lo que quiere contar con su voz.

Exacto, sí, sí, definitivamente. Como dije, creo que me conozco mucho más ahora. Y ya tengo aceptado que el góspel y el soul son parte de mi identidad vocal.

“Aprendo mucho de mis estudiantes”

Coméntenos por favor sobre su trabajo como coach vocal.

Ha sido una de mis mayores bendiciones. Nunca me vi enseñando. Siempre dije: “No voy a enseñar nada, voy a hacer lo mío”, pero una vez dentro de este ámbito pude descubrir muchas otras cosas.

Ser coach va mucho más allá de la parte estrictamente musical y vocal.

Demanda mucha confianza y firmeza en lo que dices como maestra, ya que todo lo que digas es lo que tus estudiantes aprenderán y aplicarán como artistas y seres humanos.

¿Cuál es su parte favorita de esta labor?

Las tutorías personales, porque puedes conocer mejor a cada alumno y trabajar de manera individualizada aspectos como el estado de ánimo, los conflictos que tiene cada uno consigo mismo, cuáles son las limitaciones que tienen o que creen tener. Los ayudo a construir su confianza, levantar su ánimo, creer en sí mismos y ayudarlos a comprender la historia de lo que están cantando.

Tiene que ver mucho con la autoconfianza y la seguridad.

Tiene que ver muchísimo con alzar la voz. Hay chicos que son ‘full’ cohibidos o tímidos, pero luego sacan tremenda voz. Siento que es como cuando no puedes alzar mucho la voz ante tus padres, pero cuando te encierras en tu cuarto lo sacas todo. Yo era una de esas (risas).

Ser coach vocal es un trabajo de psicólogo también.

Dos o tres veces tuve casos de estudiantes que no podían hacer bien un determinado ejercicio. Yo trataba de realizar la explicación de otra manera, pero no podían y se frustraban y terminaban llorando. Y en esas situaciones les he pedido que me contaran si les ocurría algo y me decían ‘es que me pasa esto’ o ‘tuve un problema’.

Nohe, su propia experiencia como estudiante le ayuda a comprender mejor la situación de sus alumnos.

A mí me sucedió con mi maestra Jenny Villafuerte. No podía haber bien un ejercicio y empecé a llorar. Influye tu estado emocional. La voz refleja muchísimo tu estado emocional. Si estás triste, se nota. Si estás alegre, sube el tono. Si estás con coraje, suenas más directo. Hay que conocer nuestro cuerpo, porque la voz no se trabaja solamente desde la garganta, como normalmente se suele pensar. La voz se trabaja con todo el cuerpo realmente. Por eso hacemos muchos ejercicios de relajación, de respiración consciente.

Seguramente, también aprende mucho de sus alumnos.

Sí, claro. Ser vocal coach también me ha ayudado en gran parte a identificar lo que yo también puedo mejorar. Me nutro también de lo que puedo ver en mis estudiantes. De pronto hay cosas que yo no sé y ellos me prenden la lucecita y me digo: “¡Ah, así ha sido!”.

Sobre referentes y gustos personales

Solemos pedir a nuestros entrevistados que nos hablen de sus referentes y nos recomienden bandas. Es una manera de que los lectores conozcan música nueva a la que talvez no se tiene comúnmente acceso.

Mi referencia musical principal es Jenny Villafuerte, mi profesora de canto. Desde que la conocí sabía que iba a congeniar con su estilo musical y su forma de ser. Siento que es un ejemplo para mí. La admiro como artista y como persona y amiga.

¿Y de fuera de Ecuador?

Me gusta mucho Perotá Chingó, dúo argentino de chicas que hace un folk medio experimental. La argentina Vale Acevedo, que hace blues con pop. Taylor Momsen, vocalista de The Pretty Reckless. Y Julia Michaels. Aparte de artistas ‘mainstream’ como Adele, Amy Winehouse y Miley Cyrus.

¿De dónde viene su influencia reggae?

Eso viene de la Flota Invisible. Y la parte neo soul, de Rayo. Son sonidos que vienen de esos proyectos en los que he sido corista.

También incursionó en el rap. Grabó Mi negra con Mogo, del dúo de hiphop Nota&Mogo.

Sí. Me dijo: “Tía, confía en mí para hacer una canción”. Lo hicimos en El Decibel, el estudio de El Cholo, en una sola toma, capturando la energía del momento. Me gustaría hacer una versión con mi banda y, obviamente, como es un tema en colaboración, cantarla con Mogo.

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