
Un 'multiverso' teatral arranca en Quito con tres obras
El proyecto escénico de Juan Pablo Acosta articula ocho obras independientes que se entrecruzan
La vida de Ilán está unida a la de un árbol, y ambos se están marchitando. Cuando la enfermedad avanza y el tiempo parece agotarse, Ilán regresa a un amor del pasado en busca de una posibilidad de salvación. Clarissa, curandera y guardiana de un santuario vegetal, vive rodeada de plantas que conservan memorias y saberes ancestrales. En ese espacio, el conocimiento herbolario no solo propone una cura física, sino una forma de reconciliación con el pasado, con lo perdido y con aquello que nunca terminó de irse.
En otro universo, Mario habita un mundo de fantasía construido como un videojuego, un espacio donde decide permanecer a salvo de la realidad. Lara, su amiga, intenta traerlo de regreso mientras ambos se enfrentan a un juego final que encarna sus miedos más profundos y sus conflictos personales. Estas historias, aparentemente autónomas, forman parte de un entramado mayor donde los mundos se cruzan y revelan sentidos compartidos.
Ese entramado es el eje de Hilos de Luz y Sombras, proyecto escénico escrito y dirigido por el dramaturgo ecuatoriano Juan Pablo Acosta, que introduce el concepto de multiverso en el teatro quiteño. “Es un proyecto multiversal, le hemos llamado así, que es una noción que viene un poco más del cine. Básicamente consiste en que hay personajes que provienen de diferentes mundos, que tienen sus propios conflictos, sus historias, y que a partir de determinados hechos y acontecimientos se van juntando”, explica.
Historias interconectadas
La ambiciosa apuesta, señala Acosta, se gestó hace más de una década. “Siento que he estado trabajando en este proyecto prácticamente toda la vida. Son historias que han ido sucediendo y que he ido viviendo, y que se han ido metaforizando para convertirse en estas obras teatrales”, recuerda. La escritura, sin embargo, tomó aproximadamente seis años y, desde su concepción, tuvo claro que el proyecto debía partir de una premisa definida: cada obra debía funcionar de manera independiente y, al mismo tiempo, formar parte de un tejido narrativo mayor.
“Cuando nació en mi cabeza la idea de este multiverso, empecé a escribir las obras con la premisa de que cada una tenga su propio mundo, su energía y su conflicto, que se pueda entender perfectamente con el espectador, pero que al mismo tiempo vaya dejando pistas, indicios, de cómo se irían tejiendo los hilos en cada historia hasta que los personajes lleguen a una conclusión narrativa teatral”, señala. Esa conclusión se despliega en dos obras finales: Hilos de Luz y Sombras. Volumen I: Las Sombras y Volumen II: La Luz.

La primera obra del multiverso fue El Último Otoño del Corazón, inspirada en el mundo de las plantas y su energía simbólica. “La protagonista es una curandera que vive en una especie de santuario de plantas y a este santuario llega su antiguo amor, con la esperanza de que ella le pueda curar a través de su conocimiento herbolario”, detalla Acosta. La segunda pieza, Juego Inconcluso, se sitúa en un universo de videojuegos. “Es un mundo creado por el propio personaje, una especie de juego en el que él mismo decidió encerrarse, y llega su mejor amiga para tratar de hacerle entender que hay una realidad afuera”.
El multiverso está compuesto por ocho obras: seis que presentan a los personajes en sus respectivos mundos y dos finales que los reúnen en una narrativa común. Trasladar esta estructura al escenario implicó un proceso complejo. “El cine es otro lenguaje, te da otras posibilidades: cambios de espacio, de tiempo, efectos especiales. En el teatro lo más importante es la palabra, y eso ha sido lo más complejo”, señala el dramaturgo.
Entre lo real y lo fantástico
El universo escénico parte de lo realista y avanza progresivamente hacia lo mágico y lo fantástico. “Empieza como un mundo realista, poco a poco se va llenando de elementos mágicos, lo que en la literatura llaman el real maravilloso o el realismo mágico, y posteriormente se vuelve fantástico”, explica. A este recorrido se suman la música contemporánea, el vestuario y la puesta en escena, concebidos como elementos fundamentales para construir los distintos mundos.
“El vestuario es algo que no ves en la calle, inmediatamente te transporta a otros mundos”, afirma Acosta, quien también destaca el rol del elenco. “Los personajes son complicados, tienen muchos conflictos, viven situaciones muy difíciles. Eso requiere mucha técnica y experiencia, porque son los actores quienes sostienen las historias”.

El proyecto se inicia el 17 de enero y se extiende hasta junio de 2026 en el Teatro Victoria de Quito. La primera temporada presenta tres obras cortas -El Último Otoño del Corazón, La Casa del Fantasma y Juego Inconcluso- en formato micro, con funciones consecutivas que obligan al público a desplazarse por distintos espacios del teatro. Luego se incorporan las obras de mayor duración y, finalmente, los dos volúmenes finales que reúnen a más de 30 intérpretes en escena.
Sobre las expectativas, Acosta es claro: “Estoy muerto del miedo porque esto nunca se ha hecho. Investigando, no encontré un multiverso teatral como tal en el mundo”. Esa percepción marcó el ritmo del proceso creativo. “Sé que es complicado pedirle al público que vaya ocho veces al teatro, pero la experiencia total es recorrer todo este universo. La invitación es a que decidan recorrer junto a nosotros estos hilos de luz y sombras”.
Las obras El Último Otoño del Corazón, Juego Inconcluso, y La Casa del Fantasma se presentarán el 17, 18, 24, 25 y 31 de enero, y el 1 de febrero en distintos espacios del Teatro Victoria. Costo: $ 15.