
Confesiones íntimas de Gigi Mieles: “Dar ‘cringe’ es mi talento”
Tener vergüenza no es opción cuando se es tan extrovertido como Gigi sobre el escenario. Aquí explica más de su personalidad
A Gigi Mieles el público la reconoce por su humor directo, su espontaneidad frente a la cámara y esa facilidad para convertir lo cotidiano en el más irreverente tema de conversación. Sin embargo, detrás de esa imagen que se mueve con soltura en redes sociales, hay un proceso más complejo, marcado por la exposición constante, la presión de la opinión pública y la necesidad de redefinir límites.
En 2026, casi cinco años después de que su nombre se instalara en la farándula ecuatoriana, la actriz y creadora de contenido habla desde un lugar distinto: menos impulsivo, más reflexivo.
La popularidad, admite, no siempre llega con las herramientas emocionales para sostenerla. En su caso, el crecimiento fue rápido y, como ocurre con frecuencia en la cultura digital, vino acompañado de etiquetas, juicios y narrativas que muchas veces no se construyen desde la verdad, sino desde la conveniencia del escándalo, del que poco a poco ha ido aprendiendo a sacarle partido.
El cierre del pódcast Sí somos funciona como un punto de inflexión en este momento de su vida. Si bien es el final de un formato exitoso, también es el cierre de una etapa atravesada por desgaste emocional, crisis digital y una exposición que, en determinados momentos, dejó de ser disfrutable.
“Trabajar con hate (odio) es muy complicado”, repite, al recordar cómo el proyecto pasó de ser una conversación entre amigos a un espacio constantemente vigilado por una audiencia que exigía, juzgaba y castigaba. Por eso, le agradece a los fanáticos del espacio que sí entendían las bromas y los temperamentos de ella y de sus compañeros. “Consideramos que era un show de nicho”.
Lejos de presentarse como víctima, Gigi Mieles se muestra consciente de sus errores, de sus impulsos y de los aprendizajes que ha tenido que incorporar a la fuerza. Habla de fe, de familia, de cuerpo, de miedo y de un concepto que hoy reivindica como parte de su identidad: el ‘cringe’, o vergüenza ajena. Para ella, perderle miedo a la vergüenza es también recuperar la libertad creativa que, por momentos, siente amenazada cuando hay miles de ojos puesto sobre ella.
Ahora la actriz de Los García está por empezar nuevos proyectos que se preparan lentamente, mientras disfruta la responsabilidad de ser tutora de su perrita Amor, una etapa a la que le pone todo el entusiasmo.

“Mi mamá me recuerda cuando me paso de la raya”
¿Cómo se siente hoy, cinco años después de que empezó todo?
Me siento con mucha responsabilidad. Todo lo que en algún momento fue un sueño se ha ido logrando, gracias a Dios. Ahora es como: ya que lo tengo, ¿cómo hago para honrarlo?, ¿cómo hago para mantenerlo? Yo no tengo el poder; lo tiene Dios. Cada lugar y cada espacio al que he llegado ha sido porque Dios me ha puesto ahí, según mis creencias. Siempre trato de honrar ese don y esas oportunidades, porque no puedo dar nada por sentado.
¿Es un recordatorio constante?
Sí. Es fácil decirlo de la boca para afuera, pero también pasa que a veces no eres agradecido y empiezas a quejarte inconscientemente, porque es lo más fácil. Me toca recordármelo todos los días.
¿En qué momento siente que la fama o la exposición se vuelven difíciles de manejar?
Cuando me paso de la raya, mi mamá me lo hace saber. Definitivamente es mi termómetro.
¿Cómo ocurre eso en la práctica?
Hace poco mi mamá me dijo: ‘Yo te he venido contando tres cosas, Gilliam, tres... No te estás comportando en redes sociales’. Ella siempre me ha permitido muchas cosas, pero hay límites, sobre todo con las opiniones. Sabe que soy muy pasional, impulsiva, y a veces quiero decir o defender cosas que no me corresponden. Mi mamá es directa: ‘Cállate, no es tu vida, tranquila’, me reta.
¿Alguna vez sintió que la fama se le subió a la cabeza?
Sí. Yo no lo sentí en su momento, lo sintió mi familia. Siempre es mi familia la que me ubica. Mi hermana, por ejemplo, me pidió que dejara de hablar en spanglish solo porque vivo afuera. Me dijo que me desubique. Ellos siempre están ahí para que no me pierda.
¿Qué le conecta con tierra cuando vuelve a Manabí?
Ir a la iglesia con mi familia. Eso ha estado desde que nací. Ahí vuelvo a ser una hija más. No soy nadie.
Desde la distancia, ¿qué cree que hace que una figura pública pierda sencillez?
Dar por sentado lo que tienes. Está bien creérsela, reconocer que tienes talento, pero no olvidar que estás ahí por la gente que te sigue, que va a tus shows, que consume tu contenido. Al final del día, intento darle a cada persona que se acerca a saludarme el mejor momento posible, porque ese es el recuerdo que queda.
Gigi Mieles: “Se me abrió una inseguridad enorme con el físico”
En el cierre de Sí somos se notó una conexión fuerte con el público joven. ¿Qué cree que ven en ustedes?
Ven amistad. Eso es todo. Adri, Carito y yo somos amigos, nos reímos, y ellos se identifican con eso. Siempre fue un público muy nicho, muy fiel.
¿Qué es lo más fuerte que le ha conmovido de esa relación con los fans?
Personas que te cuentan que han pasado por pérdidas o momentos muy duros y que tu contenido fue parte de su proceso para sanar. A mí eso todavía me cuesta entenderlo. Para mí la respuesta es Dios, porque yo no sé cómo pasa algo así si no es por eso.
¿Se enamoraría de un fan?
No. Hay una idealización que no se puede romper del todo. Aunque tú digas que eres un ser humano más, igual te ponen en un pedestal.
¿Cuál ha sido la polémica que más le ha marcado?
La de ‘Gigi infiel’. No solo por la repercusión mediática, sino por cómo se juzga a la mujer. Perdí trabajos, perdí espacios. Hubo medios que no quisieron entrevistarme, marcas que se fueron porque todo se llenaba de comentarios de odio, y sin saber la verdad de nada.

¿Cuánto tiempo le afectó?
Fue progresivo, como un duelo. No solo por una relación que se terminó, sino por el trabajo, por oportunidades que se perdieron.
Más allá de esa etiqueta, ¿qué fue lo que más le dolió leer en internet?
Que la crítica dejara de ser hacia mi trabajo y pasara a ser hacia mi cuerpo. Sin darme cuenta, se me abrió una inseguridad enorme con el físico. Empecé a hacer cosas muy tóxicas: dietas restrictivas, ayunos sin guía, exceso de ejercicio. Bajaba de peso, pero mi salud se descontrolaba.
¿Cómo ha tomado conciencia de eso?
Mi hermana me dijo una vez: “Qué poca estima te tienes”, cuando le estaba hablando de mi rutina y me comparaba, me di cuenta de cómo me estaba hablando a mí misma. Estoy en el proceso de volver a verme con ojos de amor.
En diciembre pasado, también se descubrió una faceta suya que era poco conocida: el canto en la obra de Los Locos Addams. ¿Cómo fue ese proceso?
Fue gracias a Cristina Alcívar, nuestra coach vocal. Nunca me limitó, siempre me animó. Me ayudó a encontrar la voz desde el personaje, desde la seguridad. Eso activó a Morticia por dentro.
¿Se ve lanzando música como solista?
No lo descarto, pero ahora no lo veo. Me encanta el teatro musical. Ahí sí.
¿Qué viene después del cierre del pódcast Sí somos?
Más teatro, seguir creciendo en mi carrera, descubrir qué quiero comunicar en redes. También vienen proyectos más grandes en cine y televisión, pero todavía son secretos.
Para cerrar: ¿cómo es hoy su relación con la farándula?
Antes la odiaba, ahora la quiero. Siempre la consumí, desde pequeña. Cuando me metí fue que la odié. Ahora la quiero de nuevo, y creo que ella también me quiere un poquito más.
La entrevista de Gigi Mieles en vídeo
Créditos
- Fotos: Joel Armijos (@joelphotos.ec)
- Producción y estilismo: Alejandra Cereceda
- Asistente de producción: Eliza Vera
- Maquillaje y peinado: Jan Coello Makeup (@muajancoello)
- Vestuario: Dmori Label, C.C. Policentro (@dmori.label)
- Joyas: Butanika Handcrafted (@butanika.ec)
- Zapatos: Liss Quirola (@lissquirola)
- Locación: Ichigo Restaurante, C.C. Alhambra (@ichigo.rest)
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