
Inundaciones en Guayas: el drama humano de los que pierden todo por las lluvias
Comuneros de recintos del Guayas relatan lo que el agua se les ha llevado en la temporada invernal
Las lluvias han golpeado con fuerza a Ecuador, pero en las zonas rurales de la provincia del Guayas donde el invierno se ha convertido en sinónimo de desgracias y pérdidas.
Comunidades enteras permanecen bajo el agua, con viviendas anegadas, cultivos perdidos y ganado en riesgo. Un equipo de EXPRESO recorrió varios recintos afectados y recogió los testimonios de quienes aseguran que la magnitud de la tragedia no alcanza a reflejarse en imágenes.
El Mar Negro: cuando el agua arrasa con el sustento
En el recinto Mar Negro, ubicado cerca de Tres Postes, el paisaje es una extensa planicie cubierta de agua. Allí, los moradores describen una realidad, que afirman, es más grave de lo que parece.
"Aquí hay familias que han perdido hectáreas de plantaciones, familias que se quedaron sin lo que habían trabajado. Se quedaron en 0. Es muy triste lo que se vive", dijo Manuel Monar, uno de los residentes.
A pocos metros de la carretera Tres Postes - Jujan se levanta la vivienda de la familia León (foto principal), convertida en una isla en medio de la inundación. La planta baja permanece bajo el agua; la parte alta es el único espacio habitable.
"Yo trabajo como guardia de las tierras, pero ya no hay tierras porque todo se llevó el agua y la parte baja de la casa también se inundó. Es probable que tengamos que vivir así al menos hasta abril, que esperemos paren las lluvias", comentó el joven, quien explicó que sus padres también perdieron el trabajo por la desaparición de los cultivos.
La incertidumbre es diaria. "A ratos baja el nivel del agua, pero llega una lluvia y la desgracia vuelve", añadió.

La Palma: vivir entre botas y canoas
A pocos kilómetros, el recinto La Palma enfrenta una escena similar. En varios sectores solo es posible ingresar en canoa.
"Las casas de afuera se puede ingresar caminando porque el agua llega hasta un metro, pero ya más adentro es imposible. Solo se puede entrar en canoa", relató Jimmy Mora.
En la carretera es común ver a personas con botas de caucho, cambiándose de ropa antes de salir hacia sus trabajos o diligencias. Padres cargan a sus hijos para evitar que se sumerjan en el agua turbia. Dentro de las viviendas, los electrodomésticos se elevan sobre mesas, tablas o bloques improvisados.
"El nivel del agua hace que se dañe todo. Ahora lo que hacemos es alzar lo que más se pueda", comentó una residente mientras colocaba su cocineta sobre una mesa y su refrigeradora encima de tablas para evitar que el agua termine por inutilizarlas.

Ganaderos en riesgo
En medio del recorrido, también se observó a ganaderos intentando salvar a sus animales. Con el pasto habitual bajo el agua, deben conducir a las vacas hacia las orillas de la carretera para que puedan alimentarse, exponiéndose al tránsito vehicular.
"La zona donde ellas se alimentan está inundada y no hay nada. Debemos sacarlas a la zona junto a la carretera para que puedan comer, pero como pueden ver es muy peligroso para nosotros porque a veces quieren salir y debemos corretearlas para que no las atropellen", comentó José Moreno.
Con un palo, intentaba arrearlas mientras los vehículos pasaban a pocos metros. Asegura que varios productores ya han perdido reses.
"Muchos animales se ahogan con estas inundaciones. Gracias a Dios a mí no me ha pasado eso, pero es otro de los riesgos que tenemos con todo lo que está pasando", explicó.

El clamor por ayuda de los damnificados
Más allá de los daños materiales, lo que se percibe es agotamiento. Los afectados coinciden en la urgencia de asistencia humanitaria.
"Necesitamos que venga la ayuda humanitaria, que nos ayuden con comida, con cosas para la casa. Muchas familias se han quedado sin nada", comentó uno de los moradores.
La sensación de abandono es recurrente. "Estamos olvidados. Esto nos pasa cada año. Viene la lluvia y nos quedamos inundados dos o tres meses seguidos. Nunca recibimos ayuda de nadie", lamentó Manuel Monar.
En estos recintos rurales del Guayas, el invierno no solo inunda caminos y viviendas: también arrastra el trabajo de años y deja a cientos de familias enfrentando, una vez más, la reconstrucción de lo perdido.
