Florencio Compte Guerrero | Las inundaciones en Guayaquil
La ciudad está cubierta por una capa impermeable de hormigón y asfalto que impide al suelo absorber las aguas lluvias
Se define al riesgo de una ciudad como el peligro latente ante una amplia variedad de eventos, desde aquellos que se deben a fenómenos físicos, como terremotos, huracanes, erupciones volcánicas, inundaciones, etc., hasta los que se consideran de causas humanas, como las guerras y los accidentes industriales. Su amenaza, afectación y gravedad está dada tanto por su ocurrencia y magnitud como por la vulnerabilidad y la manera como una comunidad se reponga del daño sufrido.
Históricamente, Santiago de Guayaquil ha sufrido catástrofes de todo tipo, vinculadas tanto a su ubicación, su clima cálido y lluvioso y la mala calidad de su suelo, lo que ocasionó que hubiera epidemias frecuentes, muchas ligadas a lluvias intensas e inundaciones, como la fiebre amarilla en 1740 y 1842 o la de cólera en 1998.
Las inundaciones también han sido frecuentes, sobre todo las originadas por el Fenómeno de El Niño. De los que se tiene registro que afectaron a Guayaquil, de manera severa, fueron los de los años 1578, 1624, 1686, 1701, 1720, 1728, 1747-1748, 1791, 1891, 1925, 1982-1983 y 1997 y 1998, que ocasionaron daños materiales, desplazamientos de población, problemas sanitarios y de afectación de su infraestructura.
Sabemos que la ciudad se inunda cuando coincide una fuerte lluvia con la marea alta de los esteros y de la ría. Está claro que ante un gran aguacero el caudal que puede recibir el sistema de recolección de aguas lluvias resulta insuficiente. Si a esto le sumamos el que a lo largo de los siglos se han taponado con relleno los cauces naturales de evacuación que conducían el agua hacia los esteros circundantes y el río Guayas; que la ciudad está cubierta por una capa impermeable de hormigón y asfalto que impide al suelo absorber las aguas lluvias; y que faltan áreas verdes que ayuden a esta absorción, las inundaciones serán cada vez más frecuentes y más graves.
Hay necesidad, por tanto, al menos, de hacer fuertes inversiones en mejoramiento y modernización en el sistema de recolección de aguas lluvias y de ampliar el suelo verde de la ciudad.