
El centro de Guayaquil convive con bodegas que son una bomba de tiempo
Residentes y urbanistas alertan sobre el riesgo de mercadería acumulada en los edificios. Critican la inacción de autoridades
Residir en el centro de Guayaquil, coinciden quienes aún habitan en este sector, es convivir con una bomba de tiempo. No lo dicen en sentido figurado. Lo dicen porque duermen pared con pared con bodegas repletas de mercadería, muchas veces inflamable, y porque saben que detrás de una puerta metálica puede haber cartones, plásticos, textiles y químicos almacenados sin que nadie, salvo los dueños, conozca realmente el riesgo.
El incendio que reabre una discusión histórica
El incendio en el edificio Multicomercio, que hasta pasadas las 15:00 de este 12 de marzo (luego de casi 34 horas de trabajo) mantenía focos de fuego activos, volvió a encender una discusión histórica, postergada por las autoridades: ¿en qué se ha convertido el centro?
Para muchos, como ha venido publicando EXPRESO, el corazón de Guayaquil ya no es un espacio residencial ni un tejido urbano vivo. “Es un gran depósito comercial, donde los departamentos y las familias han sido reemplazados por cortinas enrollables, candados y pisos repletos de cajas”, describió Esteban Carpio, residente de la calle Eloy Alfaro, zona afectada por el incendio registrado el pasado 11 de febrero en la intersección con la calle Cuenca.
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Un centro que dejó de ser barrio para volverse depósito
En la Bahía y sus alrededores, de día hay movimiento (generalmente frenético) y de noche reina el silencio y las estructuras cerradas que guardan toneladas de productos. Ese panorama, a juicio de Noraima Saltos, quien hasta hace cinco años vivió en el centro, ha dejado a los pocos habitantes permanentes rodeados de bodegas.
“Ahí ya no tienen vecinos, tienen mercadería. Mi familia se cansó de eso y por eso nos fuimos. Lo peor es que, incansablemente, la gente les ha pedido a las autoridades de turno que no solo frenen la situación, sino que la reviertan, pero ni los alcaldes ni los Concejos Cantonales han actuado. Todos han sido quemeimportistas (...). Lo que pasó ahora con el edificio Multicomercio estaba demorándose. Ese es el riesgo de vivir hoy en el centro: una zona de bodegaje”, se quejó.
Esa omisión de las autoridades, reclama la residente Grace Loayza, se evidenció ayer en el malecón Simón Bolívar, donde se levantó por unas horas una tarima para dar apoyo al alcalde Aquiles Álvarez, en prisión preventiva por el caso Goleada.

Reclamos ciudadanos frente a la inacción municipal
“No me cabe en la cabeza cómo el Concejo Cantonal permite que se levante una tarima cuando Guayaquil está ardiendo y ya son varias las estructuras que se han ido desplomando. Quisiera saber por qué, frente al abandono del centro y las irregularidades urbanas que existen, no han priorizado controles, sesiones o acciones concretas. ¿Por qué son tan lentos en temas que afectan a toda la ciudad? Si esto está pasando es porque fallan los controles, porque no se hacen respetar las ordenanzas y porque no hay un monitoreo real. Han normalizado que los edificios del centro no son para vivir, sino para trabajar o servir de despensa de los comercios”, sentenció.
#BCBGInforma | Continuamos con las labores en el incendio registrado en las calles Cuenca y Eloy Alfaro.📍
— Bomberos Guayaquil (@BomberosGYE) February 12, 2026
🚒 Trabajamos desde distintos frentes para la extinción de puntos calientes, bajo estrictos protocolos de seguridad, debido al riesgo estructural existente. pic.twitter.com/7CPmwkkxRl
El reciente siniestro evidenció cómo el fuego puede debilitar columnas, provocar colapsos parciales y obligar a evacuar varias cuadras a la redonda. En Multicomercio ya se han desplomado parcialmente al menos dos estructuras; hay vehículos colgando y otras dos edificaciones aún están en riesgo. “Ya vivimos un incendio horroroso en la Bahía décadas atrás. Hoy llevamos más de día y medio conviviendo con el fuego. ¿Qué más quieren? ¿Cuándo van a actuar?”, cuestionó.
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Edificios antiguos adaptados a un uso para el que no fueron diseñados
Para el urbanista Galo Maroto, el riesgo en esta zona también se agrava por la configuración de los edificios antiguos: construcciones con décadas de antigüedad, muchas adaptadas para almacenamiento intensivo sin haber sido diseñadas para soportarlo. “La sobrecarga, las subdivisiones internas improvisadas y las conexiones eléctricas modificadas elevan la vulnerabilidad en caso de emergencia. A esto se suma el desplazamiento progresivo de la vivienda del casco central. Sin residentes permanentes que activen el espacio fuera del horario comercial, el control social disminuye y las alertas tempranas pueden tardar. El centro funciona, pero no ‘habita’. Produce y almacena, pero no duerme con comunidad”, alertó.

El arquitecto Roberto Samaniego comparte esa visión y hace un llamado al Municipio a transparentar datos: “Yo quisiera saber si conocen a ciencia cierta cuántos edificios del centro son usados como depósitos y entender también por qué y con base en qué les renuevan cada año los permisos de funcionamiento. Si hablan tanto de recuperar el centro, quisiera saber cuál es el proyecto que plantean para revertir este escenario. El centro no puede ser más una bodega. La zona que rodea la Bahía no puede seguir siendo un espacio de almacenamiento. Hay que recuperar la vida, no solo para hacer el lugar más amigable y habitable, sino para reducir el riesgo latente que lo caracteriza”.
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La ciudad exige cifras
Frente a esta situación, EXPRESO solicitó al Municipio dar a conocer cuántos edificios del centro funcionan como bodegas, qué controles e inspecciones se realizan sobre su uso y seguridad, cuántos han sido sancionados y cuáles son los proyectos, plazos y metas concretas para recuperar el uso residencial del casco central y reducir el almacenamiento intensivo, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

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