Roberto Manrique estrena Tantas flores, una obra sobre la memoria y el duelo
La puesta en escena, dirigida por Chevi Muraday, llega a Quito como parte de una gira nacional que incluye Guayaquil y Manta.

El proyecto llegó a Manrique a partir de una invitación de Muraday, a quien conoció años atrás en la capital española.
Dos hombres se reencuentran en un parque después de más de medio siglo sin verse. El espacio es el mismo donde, de niños, compartieron juegos y una amistad que parecía inquebrantable, pero el tiempo ha transformado ese escenario en un territorio cargado de ausencias.
La muerte de una de las madres de los otrora amigos abre la herida del duelo y, con ella, un recuerdo que había permanecido enterrado vuelve a la luz. Así, entre silencios y tensiones, ambos se enfrentan finalmente a un episodio abrupto que marcó su separación, en un intento por comprender si aún es posible reconstruir lo que quedó inconcluso.
Así arranca Tantas flores, la obra de danza teatro que el actor ecuatoriano Roberto Manrique presentará el 18 de abril en el Teatro Nacional Sucre, en Quito, como parte de una gira nacional que continuará en Guayaquil y Manta.
La propuesta, dirigida por el coreógrafo español Chevi Muraday y con dramaturgia de Alejandro Palomas, llega desde España con la compañía Losdedae Danza y plantea una exploración escénica en la que el movimiento y la palabra se entrelazan para abordar la memoria, la pérdida y los vínculos humanos.
De las tablas al movimiento
El proyecto llegó a Manrique a partir de una invitación de Muraday, a quien conoció años atrás en la capital española. “El año pasado, Chevi me propuso ser el reemplazo de uno de los dos artistas que se presentan en Tantas flores en la versión española, ser el reemplazo de Alejandro Palomas para la versión latinoamericana”, cuenta.
La propuesta implicó también un desplazamiento hacia un territorio poco explorado en su carrera: la danza. Aunque reconoce que el cuerpo ya le pedía ese lenguaje, enfrentarse a él de manera escénica supuso un proceso de descubrimiento y ruptura.
“Fue fantástico y también durísimo. Tuve que chocarme con la idea sobre la danza que yo tenía y darme cuenta de que en realidad era otra cosa”, explica. Ese trabajo, añade, lo llevó a explorar una fisicalidad más cruda: “Yo buscaba movimientos muy estilizados y Chevi me corregía. Me decía: ‘No pretendas subir el pecho, no pretendas alargar las formas, debe ser más visceral’. Entonces fue súper chévere romper con mis propios preconceptos”.

El guion, que Manrique describe como “hermoso y lacerante a la vez”, dialoga también con un momento de revisión personal en su oficio.
Hurgar en la herida
La obra parte de una experiencia real. Los personajes -que en la versión original conservan los nombres de sus intérpretes- reconstruyen, desde la ficción, una historia atravesada por la pérdida de sus madres y por las distintas formas de habitar el duelo.
El guion, que Manrique describe como “hermoso y lacerante a la vez”, dialoga también con un momento de revisión personal en su oficio. “La realidad es que la duda y el síndrome del impostor estaban presentes hasta hace muy poco en mi vida”, admite.
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Esa sensación, explica, estuvo ligada durante años a su tránsito por personajes más ligeros, de carácter cómico y estructuras más convencionales. En contraste, su etapa actual le ha permitido explorar registros más complejos y exigentes.
En ese contexto, asumir este tipo de roles ha dejado de ser una carga para convertirse en un espacio de búsqueda. “Estos personajes tan desafiantes los abordo reconociendo el reto que son y con mucho respeto, pero al mismo tiempo con una sensación de que llegó el momento de los grandes desafíos actorales, y eso me lo disfruto plenamente”, afirma.
Una temporada nacional
En Quito, Tantas flores se presentará el sábado 18 de abril a las 19:00 en el Teatro Nacional Sucre. Posteriormente, la obra llegará a Guayaquil y a Manta.
En el Puerto Principal, esta tendrá funciones del 23 al 26 de abril en el Teatro Centro de Arte, en la vía a la costa.

La propuesta implicó también un desplazamiento hacia un territorio poco explorado en la carrera del actor: la danza.
La temporada concluirá el sábado 2 de mayo en el teatro La Trinchera de Manta.
Expectativas marcan el paso
De cara al estreno en Quito, Manrique reconoce que las expectativas en torno al montaje son inciertas. La obra propone un lenguaje distinto al que el público suele asociar con su trabajo, lo que abre una interrogante sobre su recepción. “Estoy haciendo algo tan diferente a lo que yo suelo hacer que tengo nervios, no sé qué esperar”, dice.
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Sin embargo, su apuesta está en el potencial transformador de la experiencia escénica. “Quisiera que el público reconozca la oportunidad de sanar con el arte a través de estas obras… que venga con el corazón abierto y dispuesto a aprovechar una experiencia artística que te remueva algo en quién eres y salgas enriquecido”, afirma.