Munn: “Nuestra música surge desde el juego, sin pretensiones”
La banda quiteña de música experimental reversionará canciones de toda su discografía este 23 de abril, en el Teatro Variedades de la capital

Munn está formado actualmente por Pablo Molina, Mariela Espinosa de los Monteros y Miguel Ángel Espinosa de los Monteros.
Quito tiene la bendición y orgullo de contar con una escena que se retroalimenta a sí misma. Y no porque tenga un sonido característico, sino precisamente por su diversidad y la libertad creativa de sus grandes agrupaciones.
Es un ecosistema artístico tan especial, que hace que los músicos se nutran de las obras de sus colegas, animándose mutuamente a hacer experimentos arriesgados.
De toda su inmensidad, en lo personal siempre tendrán un lugar especial quienes hacen música emocional, como Munn, nuestros entrevistados de hoy.
Este jueves 23 de abril la banda volverá al Teatro Variedades de Quito, donde hace 14 años presentó su primer álbum, Espirales; esta vez para hacer un repaso de toda su discografía, con arreglos que han preparado especialmente para este reencuentro.
Los hermanos Mariela y Miguel Ángel Espinosa de los Monteros y Pablo Molina atendieron nuestras inquietudes sobre su carrera, la influencia del entorno quiteño en su sonido y lo que preparan para el show que se viene, en el que los acompañará el baterista Zak Icaza.
Su música me la recomendó en su momento el guitarrista Álvaro Benites, de la banda de doom metal guayaquileña Abismo Eterno. Munn tiene ese factor emocional de otras bandas quiteñas como Total Death o Lasen, que hacen doom death...
Mariela: En la época previa a Munn, creo que los tres vivimos una adolescencia bien rockera, metalera. En los 2000 yo crecí yendo a conciertos de metal en Quito. Mi hermano ahora ya revivió Malahue, su banda de adolescencia. Creo que eso nos da ese bagaje más oscuro y pesado.
A pesar de que ustedes no hacen metal.
M: Nuestras canciones no son particularmente pesadas, sobre todo en el primer disco, que es bastante ligero y juguetón, pero en el último sí que volvimos a sonidos más oscuros, más cargados, más industriales. De ahí siento que también hay una cosa del frío y la serranía, digamos, que nos da como ese sonido nostálgico.
¿Dirían que ha influido en su sonido el crecer en una ciudad como Quito, que tiene una escena especial, diferente a la guayaquileña, que talvez tiene una tendencia natural a lo tropical?
M: Soy muy fan de muchas bandas de Guayaquil. En una época me sentía más conectada con la escena de allá. Niñosaurios, Morfeo, Mamá Soy Demente...
Miguel Ángel: Macho Muchacho.
M: Siento que esas bandas eran más pares a nosotros. Aquí en Quito estaban en la época que empezamos La Máquina Camaleón, Da Pawn, los (Swings Original) Monks, Jazz The Roots, pero ellos son más guayaquileños que quiteños.
¿Y en el caso de Miguel Ángel y Pablo?
MÁ: Tuve una banda de metal en la adolescencia y toda mi vida he participado o trabajado con proyectos de rock. Munn no hace rock, pero en los procesos de composición yo jalo hacia allá, les pongo distorsión a los instrumentos.
Siempre es una motivación ver que otras bandas de su ciudad están haciendo cosas atrevidas.
MÁ: Es interesante que Munn fue parte de esa camada de bandas de la escena quiteña con integrantes que se fueron del Ecuador y volvieron. Entonces surge una movida musical en Quito resultado de gente que se alimentó de cosas de afuera.
Cuando no era tan fácil conseguir música, como ahora.
MÁ: Internet todavía no era una cosa tan masiva. El Mauro Samaniego y varios de Da Pawn vinieron de estudiar afuera; nosotros también; los Monks también tenían integrantes de distintos países. Surgió una tanda de bandas con colores y sonoridades distintas, un poco más actualizadas a lo que estaba pasando en el mundo.
Y ninguna de las que nombra suena igual a la otra.
MÁ: Cada uno estaba haciendo su propio experimento. Incluso Da Pawn y La Máquina Camaleón, que surgen de Totem, tomaron caminos bastante diferentes. Son indie alternativo, sí, pero la sonoridad de cada una es súper diferente, siendo que vinieron del mismo nicho.
M: Quiero agregar que los fundadores de Munn que ya no son parte de la banda ahora, Álvaro (Andrade) y el Rick (Ricardo Zurita), eran diseñadores gráficos, no músicos estudiados. Todo fue bastante como intuitivo, muy desde el juego y muy desde lo melómanos que somos. No tanto de entender una fórmula, sino de dejarnos guiar por lo que nos gusta.
Me atrevo a decir que los melómanos tienen una mirada más abierta incluso, a diferencia de los músicos profesionales, que tienden a ser más críticos.
Pablo: Rick hasta ahora es productor de hiphop. Y el Álvaro, el bajista, tocaba conmigo en una banda de post-hardcore. Ambos se metían en clases de producción musical con el software Reason. Yo también estaba ahí y les acolitaba. El punto en común entre la génesis y lo que hasta ahora sigue siendo Munn es, de alguna forma, esta cosa del triphop. Ese sonido de finales de los 90, Bjork, Massive Attack, Portishead.
Tricky...
P: Y el acercamiento que tuvimos desde esta mezcolanza, con el tiempo fue una como bola de nieve que tomó su propia viada y ahora básicamente eso es Munn.

Los tres integrantes de Munn contarán con el apoyo del baterista Zak Icaza para el concierto del 23 de abril de 2026 en el Teatro Variedades.
Entretenimiento
Músicos que escriben (o escritores que hacen música): sugerencias de EXPRESIONES
Marco Martinez
“Estamos sonando como nunca”
Siempre me ha dado curiosidad saber cómo llevan a los shows en concierto, la complejidad que tienen sus discos de estudio.
Mariela: Creo que a excepción del segundo disco, no los creamos pensando mucho, o para nada, en cómo los íbamos a montar (en vivo). Eso lo hemos dejado para el momento del montaje y ahí nos toca idear formas de resolverlo.
¿Y cómo lo resuelven?
M: Muchas veces usamos tracks. O sumamos gente a la banda, que fue lo que hicimos en el lanzamiento de Odisea (disco de 2021), que tuvo un montaje con mucha más gente. Pero cuando tocamos como trío solemos usar pistas, samples, recursos de la tecnología.
¿Su segundo álbum, Aquí/Ahora, lo trabajaron de manera distinta?
M: Aquí/Ahora lo compusimos más en formato de banda, entonces creo que fue el disco que en vivo quedó más leal. Aunque tiene arreglos de vientos que sólo los tuvimos (en concierto) una o dos veces.
Pablo: En géneros musicales en los que hay más elementos electrónicos, en la puesta en vivo le puedes dar ‘play’ a cosas que ya existen, o las generas en tiempo real y te acercas un poco a eso. A veces nos ha tocado sacrificar ciertos elementos.
¿Y qué tienen pensado para el show en el Teatro Variedades este 23 de abril?
M: Nos hemos propuesto que sea todo tocado en vivo. Por eso estamos revisando algunos arreglos, para buscar esta sonoridad más de banda. En algunos temas estamos haciendo guitarreables canciones que originalmente son súper electrónicas. En otros casos las adecuamos de una forma menos extrema. Estamos en ese proceso también.
Miguel Ángel: Es una selección de los tres discos, canciones que nos dan ganas de tocar y que son tocables también, porque algunas, por ser tan electrónicas, son difíciles de montar en vivo si queremos hacerlo con pocas personas y pocas máquinas.
P: Y están sonando como nunca. Estamos haciendo unas versiones que nunca han sonado en el planeta Tierra.
“El triphop es solo un gatillador”
Cuando Munn nació, ¿se imaginaban la banda en cinco, diez o quince años?
Pablo: No había objetivos a mediano plazo, mucho menos a largo. Éramos jóvenes, inocentes, ingenuos, y creo que eso es parte fundamental de la génesis del proyecto: nació sin pretensiones, solo con el deseo de hacer música que nos guste, en la que creemos, que disfrutamos y queremos compartir.
Miguel Ángel: Es súper evidente la libertad que ha tenido Munn en sus procesos creativos, tanto que cada disco es muy diferente. Esta idea de que somos una banda de triphop surge porque al inicio es una influencia, pero es solo un gatillador, una primera semilla. A partir de ahí somos un grupo de gente disfrutando de hacer música, y buscando los sonidos que a cada uno le atraviesan en ese momento.
Eso los liberó de una autopresión innecesaria.
MÁ: Hay puntos en común y ejes que sostienen la sonoridad de Munn, pero nuestros discos son bastante diferentes porque nunca hubo una expectativa de hacer determinado tipo de música.
¿Cómo es el proceso de composición de Munn?
Miguel Ángel: Un súper buen ejemplo para responder esa pregunta fue nuestro proceso del último disco, Odisea. Nos tomamos todo el tiempo que sentimos que necesitábamos. En muchos casos, sesiones de fines de semana completos, y nos sumergíamos tanto en lo musical como en lo conceptual. Alguien podía decir: “Tengo esta idea” o hacíamos jams donde yo tenía instrumentos montados y nos poníamos cada uno en un instrumento y salían ideas. Y ese mismo ejercicio de búsqueda libre y experimentación también sucedía a nivel conceptual.
Pablo: Todos podemos ser bastante obsesivos y podemos tener ideas divergentes, pero creo que lo importante es llegar a un punto en el que a todos nos funcione. Si a alguien no le funcionaba, no juega. Y eso fue un problema también. Con las letras, si a alguien no le gustaba una palabra, desarmábamos todo y rehacíamos. Tratar de construir desde el consenso es muy difícil, pero creo que sí es posible.
Mariela: A lo largo de todos esos años hubo momentos de tensión, obviamente. Creo que ya nos conocemos tanto, que es más fácil solucionar, aunque los tres no estemos 100% de acuerdo. Ya ninguno pone mucha resistencia porque al final la idea es que se hagan las cosas.
Ya están más grandes también.
M: Los años no pasan en vano. Yo aprecio mucho que podamos seguir haciendo música, que la banda tenga todos estos años y sigamos existiendo. Esto es algo que yo no lo puedo experimentar en ningún otro proyecto. A mí con Señor Maniquí nunca me invitan a entrevistas (risas). Munn tiene este poder. No soy solo yo, ni es solo el Pablo, ni solo mi hermano... es Munn. Eso es algo que se debe aprovechar y celebrar.