'Alerta: Hablando de Amor' la nueva obra de Estudio Paulsen
Inspirada en el universo de Raymond Carver, la obra propone una experiencia escénica íntima que cuestiona las ideas tradicionales del amor

La obra se presentará desde el viernes 10 hasta el 25 de abril en Estudio Paulsen
Lo que debes saber
- Alerta: Hablando de amor se estrena el 10 de abril en Guayaquil bajo dirección de José Miguel Flores.
- La obra de Estudio Paulsen explora relaciones, celos y dependencia desde el universo de Raymond Carver.
- Funciones desde el 10 hasta el 25 de abril a las 20:00 en Estudio Paulsen con entradas de $20.
¿Qué significa realmente amar? ¿Es el amor un espacio de cuidado o un terreno donde también habitan el miedo, el control y la dependencia? Estas preguntas articulan Alerta: Hablando de amor, la nueva propuesta escénica de Estudio Paulsen que, desde lo íntimo y lo cotidiano, pone en evidencia las contradicciones de las relaciones contemporáneas.
Bajo la dirección del dramaturgo ecuatoriano José Miguel Flores, la obra reúne en escena a Miguel Ángel Ochoa, Andrea Guevara, Débora Camargo y Juan José Jaramillo, quienes dan vida a dos parejas a través de una propuesta que se sumerge en conversaciones íntimas, momentos incómodos, risas inesperadas y verdades que emergen cuando se bajan las defensas.
Esta obra teatral se presenta desde las 20:00 a partir de este viernes 10 hasta el 25 de abril con un costo de $20 dólares.
Inspirada en el libro What We Talk About When We Talk About Love, del escritor estadounidense Raymond Carver, que trabaja con los silencios y las tensiones implícitas, la obra toma como punto de partida la estructura conversacional para construir una narrativa donde lo importante no es solo lo que se dice, sino lo que se calla.
A medida que avanza la conversación, las certezas se diluyen y los personajes revelan las fisuras de sus relaciones, evidenciando que el amor no siempre responde a las ideas con las que hemos crecido.
Más allá de su planteamiento escénico, la obra dialoga con una problemática profundamente arraigada en la sociedad, la confusión entre amor y ciertas conductas que han sido históricamente normalizadas.
Frases como “si te cela es porque te ama” o “lo hace porque le importas” han construido una narrativa donde el control, la posesividad o la dependencia emocional se interpretan como muestras de afecto.
En ese sentido, Alerta: Hablando de amor no solo presenta una historia, sino que cuestiona directamente estas creencias, exponiendo cómo muchas relaciones se sostienen sobre dinámicas que, lejos de ser saludables, resultan dañinas tanto física como mentalmente.
Estudio Paulsen: un espacio para sentir de cerca
La puesta en escena se desarrolla en Estudio Paulsen, un espacio cultural ubicado en Guayaquil que apuesta por una experiencia teatral íntima, donde la cercanía entre actores y espectadores se convierte en un elemento clave.
A diferencia de las grandes producciones, aquí el público no observa desde la distancia, sino que se encuentra inmerso en la escena. Esta proximidad permite que cada gesto, cada silencio y cada emoción se perciban con mayor intensidad.

Marlon Pantaleón, Director Ejecutivo de Estudio Paulsen
Como explica Marlon Pantaleón, director ejecutivo de Estudio Paulsen, el objetivo al presentar una obra teatral profesional de formato largo es generar una conexión directa con el espectador, rompiendo la barrera tradicional entre escenario y audiencia.
Pantaleón menciona que la obra apunta a que el público se sienta cómodo y que la historia que estará viendo por más incómoda que sea, le deje un mensaje reflexivo.
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Débora Camargo: “Hay que saber escucha, el silencio también habla”
Dentro del montaje, el trabajo actoral se convierte en uno de los pilares fundamentales, especialmente desde la construcción emocional de los personajes. La actriz brasileña, radicada en Ecuador, Débora Camargo, quien interpreta a Terry, describe este proceso como un desafío tanto técnico como personal.
Desde la técnica Meisner, el enfoque estuvo en la escucha activa, la reacción genuina y la conexión con el otro actor en escena. La actriz explica que la actuación es un trabajo que te obliga a estar presente todo el tiempo, a no anticipar, a reaccionar desde la verdad.
En ese contexto, el silencio adquiere un papel central, no como ausencia, sino como un espacio cargado de significado ya que también comunica.

Débora Camargo, actriz brasileña radicada en Ecuador
Débora explica que esta obra se construye a partir de un texto directo y conciso, con diálogos breves y contundentes que logran decir mucho con muy pocas palabras.
Por ello, el trabajo actoral se ha enfocado desde la interlínea, es decir en aquello que no se expresa abiertamente, en las contradicciones internas de los personajes y en esa tensión entre lo que se dice y lo que realmente se siente, elementos que terminan dando vida a la escena.
Pero más allá de lo interpretativo, el proceso también implicó un viaje personal. Camargo expresa su alegría al formar parte del elenco y reconoce que trabajar en esta obra la llevó a reconectarse con distintas versiones de sí misma, atravesando emociones y recuerdos que enriquecieron su interpretación.
Además, destaca que uno de los aspectos más interesantes del montaje es su diferencia frente a otras propuestas ya que la obra no es lineal, está marcada por la temporalidad en un viaje hacia el pasado, el presente y el futuro, en cualquier momento de escena.
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Entrevista a José Miguel Flores, director de la obra

José Miguel Flores, director de la obra Alerta: Hablando de amor
Volver a Raymond Carver fue casi inevitable. Sus historias tienen una capacidad muy particular de revelar lo extraordinario dentro de lo cotidiano, y eso es algo que siempre me ha interesado explorar desde el teatro. En un momento donde hablamos mucho del amor pero lo entendemos cada vez menos, sentí que su mirada dialogaba mucho con nuestra actualidad.
Esta nueva propuesta nace de la necesidad de revisitar esos textos desde una sensibilidad contemporánea, acercándolos a un público actual que vive relaciones atravesadas por nuevas dinámicas emocionales y sociales. Más que adaptar literalmente a Carver, me interesaba conversar con su universo y preguntarnos hoy qué entendemos realmente cuando hablamos de amor.
El mayor desafío fue entender que en Carver lo importante no es lo que los personajes dicen, sino lo que evitan decir. Su escritura está llena de silencios, tensiones y pequeños gestos que contienen grandes conflictos emocionales.
El trabajo escénico partió justamente de ahí: trasladar ese subtexto al cuerpo del actor, a las pausas, a las miradas y a la cercanía con el público. En lugar de explicar las emociones, buscamos que sucedieran frente al espectador. El teatro permite amplificar lo mínimo, y esa fue la clave: construir una puesta íntima donde cada silencio tenga peso dramático y cada acción revele aquello que las palabras no alcanzan a nombrar.
El espectador se va a encontrar con una experiencia cercana, casi confidencial. La puesta está pensada para reducir la distancia entre actores y público, creando la sensación de estar observando conversaciones reales, como si entrara accidentalmente en la vida privada de los personajes.
El espacio escénico es minimalista y el foco está completamente en los vínculos humanos, en las emociones y en las pequeñas acciones que revelan grandes conflictos. No es una obra que busque el espectáculo visual, sino la identificación emocional. La intención es que el público no solo observe la historia, sino que se reconozca en ella y salga de la sala preguntándose sobre sus propias formas de amar.
Más que provocar una emoción específica, me interesa generar reconocimiento. Creo que el teatro se vuelve realmente potente cuando el espectador deja de sentir que está viendo la historia de otros y empieza a reconocerse en pequeñas situaciones, frases o silencios.
La obra busca incomodar de una manera honesta, no desde el juicio, sino desde la identificación. Que alguien pueda reírse y, al mismo tiempo, sentirse interpelado por algo que ha vivido o pensado alguna vez. Para mí es fundamental que el público no sea un observador distante, sino un participante emocional de lo que ocurre en escena.
El proceso estuvo muy enfocado en la escucha y en la verdad de las acciones más que en la interpretación de emociones. Trabajamos mucho desde la cotidianidad: cómo hablan realmente las personas cuando discuten, cómo evitan ciertos temas, cómo el cuerpo contradice lo que se dice con palabras.
Buscamos eliminar cualquier sensación de artificio teatral para acercarnos a comportamientos reconocibles. Hubo un trabajo profundo de improvisación, análisis de relaciones humanas y construcción de vínculos reales entre los actores, de modo que las escenas nacieran desde la experiencia y no desde la representación. La idea siempre fue que el público sintiera que está presenciando momentos reales y no personajes actuando.
Porque el teatro sigue siendo uno de los pocos espacios donde podemos detenernos a mirar nuestras conductas colectivamente. Vivimos en una época donde hablamos mucho sobre relaciones, pero muchas veces desde la inmediatez o la opinión rápida.
El teatro propone algo distinto: tiempo para observar, escuchar y reflexionar juntos. Abordar estas dinámicas hoy resulta necesario porque estamos replanteando ideas que durante años parecían incuestionables. La escena permite explorar esas contradicciones humanas sin simplificarlas, mostrando la complejidad emocional que existe detrás de cada vínculo.
Después de trabajar en esta obra, creo que el amor es menos una certeza y más una construcción constante. Ya no lo veo como una idea romántica fija, sino como un espacio de negociación, aprendizaje y también de confrontación personal.
Tal vez el amor tiene más que ver con la capacidad de mirar al otro sin intentar poseerlo y con la honestidad de reconocernos vulnerables dentro de una relación. La obra, de alguna manera, nace de esa pregunta abierta: no intenta definir el amor, sino explorar todo lo que creemos que es… y todo lo que a veces confundimos con él.
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