Paquetá
Lucas Paquetá se sumó este año a Flamengo, campeón en tres oportunidades.Cortesía

Libertadores y dinero: ¿por qué los clubes ecuatorianos ya no compiten con Brasil?

La contratación de Paquetá por Flamengo refleja la gran distancia económica entre los clubes brasileños y el resto de equipos

Flamengo, el campeón vigente de la Copa Libertadores, contrató a Paquetá desde la Premier League inglesa a cambio de 50 millones de dólares. Si sumamos el presupuesto 2026 de los dos equipos ecuatorianos inscritos en la fase de grupos del torneo (Independiente del Valle y Liga Deportiva Universitaria de Quito), no llega ni a la mitad de lo que costó exclusivamente este jugador.

Esta comparación ayuda a entender que la Copa, conforme pasan los torneos, va ampliando un abismo insalvable entre los clubes brasileños y sus rivales de los nueve países restantes de la Conmebol, incluyendo a los argentinos. Es, fundamentalmente, un abismo profundizado por diferencias económicas, comerciales y de gestión, aspectos que inciden decisivamente en el resultado deportivo.

La Libertadores actual, como torneo extendido a lo largo del año calendario, se juega desde 2017. Salvo la edición de 2018, obtenida por River Plate, todos los campeones desde entonces son brasileños. Y fuera de ellos y los argentinos, solo tres equipos han podido llegar a las semifinales: Peñarol (de Uruguay), Barcelona (dos veces) y Liga Deportiva Universitaria.

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La hegemonía brasileña en la Copa Libertadores

Dadas estas actuaciones destacadas de los equipos del país, ¿cuál puede ser su papel a la hora de intentar una respuesta a la hegemonía brasileña? Primero, entender el contexto de sus campañas. Barcelona, tanto en 2017 como en 2021, quedó corto en ambas semifinales, ante Gremio y Flamengo, respectivamente. Apenas tuvo capacidad para responder en los primeros minutos de ambas series, siendo aquel casi gol de Ariel Nahuelpán en el Monumental ante Gremio una imagen emblemática. Nunca tuvo reales oportunidades de ser finalista, pero fue un contendiente correcto.

El caso de Liga en 2025 es diferente. La semifinal de ida con Palmeiras acabó con un 3-0 esperanzador, producto del juego eficiente ejercido en la altitud, recurso que los brasileños no pueden contrarrestar ni con todo el dinero del mundo. Pero ante ellos no hay lugar para errores como los que cometió la U, como la expulsión de Bryan Ramírez, el errático rendimiento defensivo de la revancha y el once planteado por Thiago Nunes ese día. Palmeiras le dio vuelta a la serie sin piedad porque, como equipo de élite que es, se encuentra en condiciones de aprovechar hasta el más mínimo descuido de su rival.

Objetivos reales del fútbol ecuatoriano

Esta nueva edición, en la que Universidad Católica arrancó hace poco con un triunfo de visitante, plantea que los objetivos del fútbol ecuatoriano pueden circunscribirse a concretar aspiraciones muy propias, sobre todo económicas, pero que nada tienen que ver con quitarle espacio a la aplastante superioridad de los brasileños. La misma Católica y Barcelona pueden considerarse en paz si arriban a la fase de grupos.

Para Liga hay una meta a mediano plazo: el Mundial de Clubes 2029. El cuadro universitario es el único equipo del país con opciones reales de llegar a este torneo, pero debe mantener presencia en la Libertadores las próximas tres ediciones y alcanzar al menos los octavos de final. La futura clasificación al evento FIFA aseguraría ingresos de al menos 15 millones de dólares, cantidad recibida por cada equipo de Conmebol el año anterior.

Independiente del Valle y su verdadero nicho

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IDV viene haciendo campañas poco memorables en el máximo torneo continental, donde incluso su condición de local se ha deteriorado en los últimos años. Pero para el cuadro rayado se abre la opción de la Copa Sudamericana, donde no solo tiene dos títulos a cuestas, sino también un nicho. Independiente es un equipo copero en la Sudamericana, competición con menos complejidades que la Libertadores y que aparece como un norte visible y razonable para los equipos del medio si quieren plantearse metas deportivas algo más reales.

Ganar la Libertadores, al amanecer de 2026, no es cuestión de proponérselo, de creer que se tiene derecho por haberla jugado muchas veces o por designio divino. El título está reservado para los clubes brasileños y entre ellos compiten casi a escala interna. Para los participantes de Ecuador (en el caso de los que vienen desde las fases preliminares), la meta es llegar a la fase de grupos. Y para los que ya están ahí, alcanzar los octavos de final o ser derivados a la Sudamericana marca un nivel de cumplimiento satisfactorio.

La Libertadores ya no es un torneo continental de clubes; se ha convertido en la ampliación internacional del Brasileirao. Para los equipos ecuatorianos ya no cabe el delirio de la competencia deportiva, sino la esperanza de recuperación económica a partir de los premios de la Conmebol. Avanzar y cobrar hasta donde se pueda es una aspiración real y válida. ¿Esto cambiará alguna vez? No. Por el contrario, el deseo de incluir a equipos de la Liga MX y la MLS (campeonatos cuyo nivel de inversión está más cerca de Brasil que de Ecuador) solo ampliará más las distancias.

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