
FEF y el ajedrez electoral: La pugna entre Egas, Paz y el riesgo ante la FIFA
Los dos periodos de Francisco Egas y la Ley del Deporte de Ecuador entran en disputa para un nuevo proceso de elecciones
El 17 de marzo se realizará la elección del nuevo ben la Federación Ecuatoriana de Fútbol. La convocatoria, lanzada sorpresivamente el último miércoles (11 de febrero), fue el punto de partida de una guerra que estará marcada por todo tipo de recursos -cuestionables o no- para alcanzar lo que parece ser la única meta dentro de la clase dirigente deportiva: el poder.
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El pasado 3 de febrero, cuando aún no había tomado estado público la convocatoria, el presidente Francisco Egas invitó al viceministro de Deportes, Roberto Ibáñez, a que “no se ponga nervioso”. La alusión fue directa a quien viene militando abiertamente, desde su cargo público, en contra de la reelección del actual comando federativo.
La postura de Ibáñez, efectivamente, resulta impropia en una autoridad cuya obligación es tomar, en su momento, decisiones fundamentadas en la legalidad de los procedimientos y dentro de los límites de su función. ¿Desde cuándo un secretario de Estado debe aprovechar micrófonos y redes sociales para pronunciarse sobre actos que ni siquiera han sucedido? La nula conciencia ciudadana sobre los deberes de quienes representan al Estado ha normalizado estos comportamientos.

El 11 de febrero, con admirable sincronización, el Registro Oficial publicó la nueva Ley Orgánica del Deporte y la FEF oficializó el llamado a su proceso electoral interno. El debate está planteado: ¿puede o no reelegirse Francisco Egas? Para quienes quieran creer que sí, el argumento es que su primer mandato, del 2019 al 2023, estaba contemplado bajo la norma anterior, que no impedía reelecciones, y que, de ser reelecto este año, recién arrancaría su segundo período, algo permitido por la nueva Ley del Deporte. En cambio, quienes quieran creer que no, pueden interpretar la vigencia de la actual normativa, que prohíbe expresamente tres mandatos consecutivos y que uno nuevo, precisamente, contravendría esta disposición.
De por medio está también el estatus especial del fútbol profesional ante la anterior y la nueva Ley del Deporte: la FEF está facultada para gobernarse de acuerdo con las normas de la FIFA y la Conmebol, y estos organismos permiten tres períodos consecutivos. De hecho, Alejandro Domínguez, el actual presidente de la Confederación Sudamericana, se encuentra en esa situación. Gianni Infantino, en la FIFA, ya cumple su segundo mandato completo y puede optar por renovarlo una vez más.
El "examen jurídico" que toma Conmebol, donde pertenece Egas
Pero, más allá de todo el tema jurídico -expuesto e interpretado según el interés de las partes-, el proceso electoral resulta llamativo por varios aspectos. El más importante es el relacionado con el examen de integridad que, una vez calificadas las listas, deben presentar los candidatos. ¿Quién toma ese examen? La Conmebol, donde Francisco Egas es vicepresidente. Solo una vez superada esa instancia se pueden oficializar las listas. El Viceministerio del Deporte no puede hacer nada ahí.
Si bien es cierto que la campaña electoral, oficialmente, arranca el 9 de marzo, ya se vive el clima de confrontación y disputa. Esteban Paz sintió el aguijonazo de la inesperada convocatoria y lanzó su postulación embanderándose contra la legalidad de un nuevo período de Egas, amplificando toda la proclama de Ibáñez y fortaleciendo el principio de alternabilidad, criterio que nunca existió en su etapa en Liga Deportiva Universitaria, donde los directorios del club, desde 1997 hasta 2023, debieron acomodarse a la Comisión de Fútbol que él manejaba, so pena de irse y privar a LDU de triunfos y hegemonía.
Sobre su paso por Liga también habrá que reparar, más allá de justas aspiraciones personales, en cuál es el aporte que la FEF puede recibir de un directivo que nunca respondió convincentemente sobre el manejo financiero de un equipo de fútbol que entregó con un déficit superior a los 20 millones de dólares, quebrantando el mandato contractual de que debía dejarlo saneado.
No hace falta mucha información para saber que junto a Paz está Miguel Ángel Loor. Es su candidato y ha convertido a Liga Pro en su propio movimiento. Su sector periodístico afín no ha cesado de promocionarlos juntos. Quizá la exhibición más memorable fue la del llamado “Partido de la Historia”, donde Paz y Loor se alzaron como gestores y facilitadores del mismo. Sin rubor, sin siquiera cuestionarse si hay conflicto de intereses cuando el presidente de un ente rector y el propietario de un equipo de fútbol intervienen en negocios que involucran a otro club.

Eran, por entonces, los “presidentes que resuelven”. Claro, una vez que el “Partido de la Historia” dejó una ola de inconformidad por su organización, con hinchas reclamando por el trato inadecuado, ya no era buen momento para seguir involucrados. Y, de remate, todo esto sucedió en pleno arranque de la campaña rumbo a la FEF.
¿Ha habido evolución en el fútbol ecuatoriano con Francisco Egas en la FEF?
El poder, queda claro, es la meta. Un poder que Egas ha manejado sin la espectacularidad de sus contendores, pero en el que vale cuestionar qué tanto ha evolucionado la FEF desde 2019. Por ejemplo, las selecciones menores se están quedando fuera de los Mundiales y no tienen el protagonismo de antes. Los cuerpos técnicos de estas categorías no tienen estabilidad y suena mal que, justo cuando más futbolistas ecuatorianos aparecen, esto no lo puedan capitalizar los combinados Sub-17 y Sub-20.
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Si Egas quiere quedarse, debería saber que lo puede hacer mejor, sobre todo con la organización y coordinación de los torneos. No es viable que la Copa Ecuador se juegue como y cuando se pueda. Hoy mismo, la Supercopa -partido entre el campeón de Liga Pro y el de Copa Ecuador- ni siquiera tiene fecha. A la luz del fútbol hiperplanificado y lleno de detalles como es el de hoy, aquello resulta impensable. La posibilidad de reformar los torneos en el congreso ordinario del 26 de este mes quedó postergada, todo porque no aporta a la campaña implementar la reducción a 12 equipos en Serie A. Claro, no vaya a ser que los posibles electores de los clubes medianos se espanten.
Las cartas están dadas. La FEF hace sus elecciones sin jugar con el factor del resultado en la Copa del Mundo y, de hecho, tiene un as guardado. ¿Qué pasaría si, a tres meses del Mundial, Ibáñez se niega a inscribir un directorio triunfante presidido por Egas, argumentando la Ley del Deporte? ¿Es imaginable una reacción de la FIFA al respecto de la intervención gubernamental? Sí. ¿Cuál sería la posible consecuencia? La suspensión del fútbol ecuatoriano, que haría imposible su participación en México, Canadá y EE.UU. 2026. En un país convulso, lleno de problemas y violencia, ¿en qué cabeza cabe correr el riesgo de dejar a la gente sin Mundial? Desde arriba, más arriba del fútbol, saben perfectamente la respuesta.
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