
Joel Ordóñez, de Socio Vivienda 2 a Inglaterra: una historia que inspira al fútbol
Luis Medina el primer entrenador de Ordóñez cuanta toda la historia de vida del jugador que tiene est´á cerca del Liverpool
Era 2013. Joel Ordóñez tenía apenas 9 años y el fútbol todavía era un juego que se soñaba entre calles calientes, esteros cercanos y viajes largos. Vivía por la orilla del Estero Salado, en el suburbio de Guayaquil, antes de mudarse con su familia a Socio Vivienda 2, al norte de la ciudad.
Hoy, ese mismo niño está a una firma de convertirse en el primer ecuatoriano en vestir la camiseta del Liverpool de Inglaterra, en una operación que ronda los 57 millones de dólares. Si con 21 años concreta el traspaso, no habrá discusión: será el pase del año para un futbolista ecuatoriano.

En el origen de la historia está Luis “Chocolate” Medina, su primer entrenador, hoy formador en Aucas, en las categorías sub 13 y sub 15. Cuando habla de Joel, la voz se le quiebra. No es para menos: fue él quien durante tres años lo llevó desde Guayaquil hasta Durán para entrenar, sin imaginar que ese chico callado y flaquito terminaría vistiéndose de rojo en Anfield.
El chico que pasó de delantero a ser defensa
“Dios es grande. Joel era un chico tranquilo, muy delgado, callado. En realidad era delantero, y ahora llega al Liverpool como defensa. Hay cosas que hace Dios que uno no entiende”, le dice Medina a EXPRESO.
El ritual se repetía de lunes a viernes. A las 15:00, el viejo Renault plomo, lleno de pelotas, camisetas y conos se estacionaba en las calles 38 y Portete. Joel llegaba en la Línea 16 desde Socio Vivienda 2. A veces lo traía su mamá, otras su hermana.
“Mi idea era que sirva de jugador a Norte América. Eso pasó durante tres años”, recuerda Medina, con la memoria intacta.

El niño que soñaba hacer goles, ahora los evita
Joel, con voz de niño pero carácter firme, pedía que le dijeran a los volantes que le pusieran la pelota. Soñaba con hacer goles, con ser delantero, con parecerse a Enner Valencia en la selección. “Recuerdo que Enner hizo tres goles en el Mundial del 2014 y Joel quería ser un delantero que salga en la televisión”, se emociona Medina a recordarlo.
El viaje hasta Durán duraba unos 40 minutos de ida, pero el regreso cuando la noche estaba por llegar hasta duraba hora y media por el tráfico.
Entrenaban en el estadio Sandiford o en las canchas de la Liga Cantonal de Durán. Allí nació un apodo que hoy suena casi profético. “Era nuestro Balotelli”, dice Medina, en honor al delantero italiano. “Siempre fue atacante. Tenía buen pique, piernas largas, era liviano, muy flaquito”.
Ahora de ese jugador el entrenador guarda como tesoros camisetas de la Selección y del Brujas de Bélgica que Joel le regaló con el tiempo.
Había señales. Con apenas 9 años reforzaba la sub 12 de Norte América. “Algo me decía que no iba a durar mucho con nosotros, era una corazonada, sabía que iba a ser grande”, confiesa.

Desde las pruebas iniciales impresionó. Rápido, con regate, inteligente para posicionarse y fuerte en el choque. No parecía un niño en formación, sino alguien adelantado a su tiempo.
En Brasil todo cambio para Ordóñez
El punto de quiebre llegó en un torneo en Brasil. En la final ante Benfica, Medina tomó una decisión que cambiaría la historia: lo puso de defensa. “Fue la mejor sorpresa de mi vida”, recuerda. “Algo me decía que podía ser un gran zaguero. Era fuerte en el uno contra uno, se ubicaba bien, ganaba duelos. Marcaba bien sin tener aún las bases de defensor. Era buen delantero, pero era mejor defendiendo”.

Joel no estaba convencido. “Él me decía que quería hacer goles. Yo le respondía que en defensa podía evitarlos, y que hacer goles era mucha responsabilidad”, recuerda Medina, 12 años después.
Cuando Ordóñez tuvo 12 años, Independiente del Valle lo vio y se lo llevó, fue la puerta que necesitaba para seis años después a los 18 llega al NXT filial del club Brujas de Bélgica, cuatro meses después lo llevan al equipo principal.
Hoy, a las puertas del Liverpool, la felicidad es completa. “Joel es demasiado tranquilo, humilde, sencillo. En 2024 volvió al suburbio, habló con los chicos, les dio palabras de aliento.
Tiene 21 años y todo para ser uno de los mejores defensas del mundo”, dice su primer entrenador, mientras sonríe al recordar aquel detalle imborrable: el olor a gasolina del viejo Renault, el mismo que lo llevaba todos los días desde el suburbio de Guayaquil hasta las canchas de Durán, donde empezó a escribirse una historia que ahora está a punto de llegar a Anfield, el estadio del Liverpool.
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