
Ecuador también esquía: Klaus Jungbluth en los Juegos Olímpicos de Invierno
Desde el asfalto de Guayaquil hasta la nieve europea, Jungbluth construyó una carrera marcada por la disciplina
Klaus Jungbluth, ojo con este nombre, el ecuatoriano de 46 años y tiene todo planeado para cerrar lo que ha sido, ser el primer compatriota en competir en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Y va a estar en los presentes, que inician del 6 al 22 de febrero en Cortina, Milán, Italia y en un deporte poco conocido en Ecuador, el esquí.
Tiene tres años viviendo en Brig, Suiza y se prepara para cerrar un ciclo que comenzó en 2018.
Jungbluth comenzó su aventura en el esquí en un lugar ajeno a la nieve: “En Guayaquil empecé en el asfalto”, recuerda Klaus. Para él, el asfalto y la nieve no son tan distintos. “Son casi dos deportes diferentes, pero lo técnico que se gana en asfalto se puede llevar a la nieve”, explicó.

Una vida junto al esquí que lo hizo ir a Europa
Su primer ciclo olímpico fue un proceso de construcción, dividido entre su vida en Guayaquil y Australia, donde vivió durante una temporada.
“Me clasifiqué mientras vivía en Australia. Participé en los Juegos Olímpicos y luego quise seguir con el deporte, no dejarlo ahí, sino continuar promoviendo el esquí y motivando a otros” declaró.
Tras su participación en los Juegos Olímpicos de Pyeongchang 2018, Klaus siguió luchando por la clasificación para Beijing 2022.

Su vida en Suiza de trabajo y entrenamiento
Su mudanza a Suiza por motivos laborales en un país donde el esquí es parte de la cultura, Klaus encontró el ambiente ideal para su sueño olímpico. “El invierno ofrece muchas más posibilidades para entrenar. Puedo prepararme en nieve desde noviembre hasta marzo, lo que me permite prepararme de manera más efectiva”, explica.
Klaus enfrentó una nueva regla de clasificación para los Juegos Olímpicos de 2026, que ofrecía una segunda oportunidad en las Copas del Mundo entre noviembre y diciembre de 2025. “Tuve que reinventarme. Busqué un nuevo método de entrenamiento, me asesoré con profesores en Eslovaquia y armé un plan que me permitió mejorar físicamente”, cuenta.
Jungbluth reconoce que la exigencia física, las responsabilidades familiares y laborales, y el paso del tiempo han hecho que se acerque al final. “Estos serán mis últimos Juegos Olímpicos. La edad sigue avanzando, y no es fácil mantener un ritmo de 20 horas de entrenamiento semanales con compromisos laborales y familiares. No puedo hacer eso por cuatro años más”, explica con serenidad.
Klaus tiene un deseo claro: “Me gustaría que la gente vea en mí un reflejo de trabajo arduo, de perseverancia, de no rendirse. No necesariamente tienen que ser metas deportivas, sino personales, profesionales, familiares”.
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