Diario de una madre en cuarentena, día 39: Mamíferas

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Diario de una madre en cuarentena, día 39: Mamíferas

"Dicen que hay un tiempo, un momento, para todo. A mí, las mamíferas, me salvaron la vida". Lee 'Diario de una madre en cuarentena', desde Guayaquil

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'Diario de una madre en cuarentena', día 39. Por: Cecilia Tecchi.Foto-Rabe/Pixabay

Fue hace poco, cuando el coronavirus ni asomaba. Por esas vueltas del destino, una de las primeras personas con las que hablé desde que llegué a vivir a Guayaquil fue Vero. Ella es esposa de un compatriota mío, me escuchó hablarle a mi hijo en el parque y me preguntó si era argentina.

Luego se acercó el esposo, el suegro que estaba de visita y seguimos conversando un buen rato. Así las cosas, nos seguimos encontrando en el parque esa semana y un día me invitó a una reunión de fin de año de un grupo del que ella forma parte. Se trataba de un grupo de mujeres que tienen en común ser madres. Uno de esos grupos de apoyo de los que había huido anteriormente.

Hacía un mes que había llegado a Ecuador y me sentía muy sola. Era diciembre y todo el mundo se repartía entre encuentros de fin de año con amigos, del trabajo y familiares. Con mi esposo conversábamos sobre Navidad y nos daba un poco de tristeza estar lejos de nuestra gente. Entonces, tomé coraje, cargué a mis dos chicharrones en un taxi y fui.

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Llegué al sitio y había un montón de mamás mirándose las unas a las otras. Algunas se conocían y saludaban, otras buscaban caras conocidas y todas, prácticamente todas, corríamos detrás de nuestros hijos aun pequeños. Ese día Vero no pudo ir y mi hijo jugó durante una hora en los juegos del parque que había en el sitio, así que sólo conversé con una de ellas. Ahí conocí a Ginger.

Me acuerdo que la vi y pensé que era una niña, porque sí, ella parece súper jovencita. Luego me escribió para quedar en alguna casa, así nuestros hijos se conocían y jugaban, pero no sé muy bien por qué nunca sucedió. Sin embargo, seguimos conversando como si fuéramos conocidas en el grupo.

Y así es con todas. Al menos con las más activas. Una siente que las conoce, que somos amigas.

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Paola, Verónica, Melina, Nana, Flor, María José, Carmen, Erika, Manuela, Sary, María del Mar, Caro, Mariela, Ariana, Melina, Ana Belén, Gabriela y tantas otras… además, encontré más argentinas y me emocioné por eso. Alguien con quien tomar unos mates cuando esta cuarentena termine, ¿qué más puedo pedir?

Gracias a ellas conocí un montón de lugares donde conseguir aquello que iba necesitando, supe dónde comprar el mejor encebollado y presté mi extractor de leche a una mamá a la que nunca había visto en mi vida. También me están enseñando a preparar recetas ecuatorianas y nos reímos juntas de nuestros maridos y sus idas al supermercado (sí, no soy la única).

Cuando algo les ocurre a nuestros hijos, nos consultamos y nos ayudamos. Todos los días reportamos cómo están las colas de los supermercados y cuán abastecidos están. Deberíamos hacer un concurso del mejor plato de la cuarentena y sí, hay un electrodoméstico que todas nos compraremos para freír papas y bolones.

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Desde que me enteré que estaba embarazada formé parte de algunos grupos de madres. A todos los abandoné porque no me sentía contenida en ellos. O eran muy extremistas o defendían posiciones frente algunos temas con las que, personalmente, no acordaba.

Creo que cada mamá transita su maternidad a su manera y celebro toda aquella iniciativa que respeta eso. Yo, en Guayaquil, al fin encontré una.

Dicen que hay un tiempo, un momento, para todo. A mí, las mamíferas me salvaron la vida.

¿Cómo vive la cuarentena por coronavirus una madre de dos niños pequeños en Guayaquil, una ciudad que recién conoce y golpeada por la pandemia? Conócelo en 'Diario de una madre en cuarentena'.