FABRICA IMBABURA
En sus décadas de apogeo, en la fábrica llegaron a trabajar hasta 1.900 obreros en turnos que cubrían las 24 horas.GUSTAVO GUAMAN

Así es la Fábrica Imbabura, museo que guarda un siglo de historia

Fundada en 1924 y convertida en un museo industrial, la fábrica suma un nuevo impulso con el regreso del tren Taita Imbabura

Durante años, el edificio permaneció en silencio. Las ventanas polvorientas dejaban filtrar una luz opaca que caía sobre cientos de máquinas oxidadas e inmóviles. Telarañas y capas de tierra cubrían el suelo; la antigua fábrica, que durante décadas fue el motor económico del norte del país, parecía un gigante dormido, suspendido entre la memoria y la incertidumbre.

Y aunque generaciones de imbabureños tejieron ahí sus fortunas, para su descendientes, la estructura había dejado de ser un símbolo de orgullo para convertirse en un problema: un “elefante blanco” con el que nadie sabía qué hacer, demasiado grande para sostenerse solo y demasiado significativo para desaparecer.

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Y así fue hasta que el Municipio de Antonio Ante asumió el reto de devolverle la vida a esas paredes centenarias. Con el respaldo del Estado y un convenio con el Ministerio de Cultura, comenzó un proceso de restauración que no solo buscaba rescatar la arquitectura industrial, sino también recomponer la memoria colectiva. El lugar reabrió sus puertas convertido en museo industrial patrimonial: el Complejo Cultural Fábrica Imbabura.

Un legado histórico

Fundada el 6 de mayo de 1924 por los hermanos catalanes Francisco y Antonio Dalmau, Fábrica Imbabura se levantó en la parroquia Andrade Marín gracias a tres factores estratégicos: la disponibilidad de algodón que llegaba desde el Valle del Chota; la llegada del ferrocarril a finales de la década de 1920; y la energía hidroeléctrica generada por el río Ambi.

La construcción del edificio principal comenzó en 1926 y concluyó en 1929. Desde entonces y hasta 1997, la fábrica marcó el pulso económico de Imbabura.

En sus décadas de apogeo, entre 1930 y 1960, llegaron a trabajar hasta 1.900 obreros en turnos que cubrían las 24 horas. El proceso era minucioso y exigente. El algodón arribaba en grandes pacas; se abría, limpiaba y transformaba en napa; luego pasaba por el estirado, el hilado y la torsión hasta convertirse en un hilo resistente, listo para el telar.

De esas máquinas nacían 84 tipos de telas, cuidadosamente registradas en libros contables escritos con tinta china y letra inglesa. Entre las más reconocidas estaban la naval y la gabardina, tejidos que circularon por todo el país.

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El declive comenzó lentamente en la década de 1960 y se profundizó hasta su cierre definitivo. Para entonces, las importaciones extranjeras y el abaratamiento de costos habían hecho mella en la industria local.

La recuperación transformó ese silencio en encuentro. Sin embargo, Fernando Jara, encargado del museo, explica que la reapertura no fue solo una decisión administrativa, sino una apuesta por la identidad.

Cuando se decidió recuperar la fábrica hubo críticas. Las nuevas generaciones desconocían lo que significaba tener un patrimonio así en el territorio. Entonces primero empezamos un proceso de capacitación para educar e informar, para que la gente ame este espacio y lo cuide”, recuerda.

FABRICA IMBABURA
La Sala Histórico-Cultural transporta al visitante al pasado de esta tierra.GUSTAVO GUAMAN

Un espacio contemporáneo

Hoy, el Complejo Cultural Fábrica Imbabura recibe en promedio 8.500 visitantes al mes y se ha consolidado como un punto de encuentro cultural. Ferias, exposiciones y festivales llenan el patio central; en eventos masivos pueden congregarse hasta 30.000 personas en pocos días. La programación incluye teatro, danza, música, exposiciones plásticas y actividades académicas que mantienen vivo el espíritu multidisciplinario del espacio.

Uno de sus mayores orgullos es el Teatro LIA -La Industria Algodonera-, con capacidad para 437 personas.

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Con satisfacción, Jara indica que el complejo cultural ha entrado en una nueva etapa, marcada por la internacionalización y la llegada de agrupaciones extranjeras, lo que reafirma su vocación de convertirse en un referente artístico del norte del país.

El recorrido museográfico se organiza en varios espacios. La Sala Histórico-Cultural transporta al visitante al pasado de esta tierra y contextualiza el surgimiento de la industria textil en la región. La Sala de Industria Textil conserva la maquinaria original de inicios del siglo XX, la Sala Interactiva de Nuevas Tecnologías propone juegos y actividades multimedia que conectan la memoria con el presente. Y la Sala de Sindicalismo recoge la historia de la lucha de los trabajadores en el país, un capítulo fundamental para comprender el impacto social de la fábrica.

FABRICA IMBABURA
La reactivación del tren ha generado un auge turístico en la localidad.GUSTAVO GUAMAN

El regreso del tren

El Tren Taita Imbabura —la ruta ferroviaria que recorre el eje entre Ibarra y Andrade Marín, en la provincia de Imbabura— fue reactivado oficialmente el 28 de abril de 2025, luego de varios años de inactividad. La operación se concretó con el apoyo del Estado y la gestión de los municipios de Ibarra y Antonio Ante. El recorrido, de aproximadamente 13 a 14 kilómetros, parte desde la estación ubicada junto al Obelisco de Ibarra y atraviesa las parroquias de San Antonio de Ibarra,  y Andrade Marín. Desde su apertura, suma más de 11,000 usuarios.

El servicio opera con tres salidas diarias, generalmente a las 08:00, 11:00 y 14:00, de miércoles a domingo. El recorrido completo dura dos horas y media y tres horas. En Andrade Marín, el tren realiza una parada de aproximadamente media hora que permite conocer la Fábrica Imbabura.

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