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Martín Pallares | Para la próxima háganles un IQ

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Con un clima como el que existe, ya ni siquiera es posible que alguien diga: “Bueno, al menos estos no son autoritarios”

Más allá de lo siniestra y perversa, la política de acoso a los medios y de pedir cabezas de periodistas a EXPRESO a cambio de no seguir persiguiéndolo ilegalmente es tonta. Tan tonta, tan inmensamente tonta, que lo único que cabe es sacar oscuras conclusiones sobre las capacidades intelectuales, si no cerebrales, de sus ejecutores.

Si algo pudo haber distinguido positivamente al gobierno de Daniel Noboa del horrendo y traumático recuerdo del correísmo era que fuese un gobierno que respetara el disenso. Podía haber fracasado la política de seguridad, podía haber incumplido sus promesas de crear empleo, pero volver a las prácticas antidemocráticas de los maestros del atropello a las libertades no pudo haber sido una forma de suicidio más eficiente.

Salir del desprestigio que implica un gobierno ineficiente -y hasta corrupto- siempre será mucho más difícil cuando los funcionarios tienen conductas despóticas. Si hay responsables de que la imagen del presidente haya caído tanto, comparada con la de hace un año, son los operadores que, desde una oscura y tenebrosa oficina, trazan estrategias para el acoso y el acomodo de la opinión pública.

Y es que hay que ser tontos para copiar las prácticas que, supuestamente, iban a distinguir a este gobierno de aquel que ahora más bien aparece como un bebé de pecho en sus afanes controladores. Durante el correísmo también se pidieron cabezas, pero quienes hacían los pedidos al menos se esforzaban para que no se les notara.

Con un clima como el que existe, ya ni siquiera es posible que alguien diga: “Bueno, al menos estos no son autoritarios como esos otros mafiosos”. Si hay una política consistente de acoso a la libertad de opinión, ¿cómo pretenden que la sociedad crea en los argumentos que, quizá con justicia, justifican la operación para tener a Aquiles Álvarez en la cárcel? Con autoritarismo de por medio, ¿cómo esperaban que la gente no vea con inmensa suspicacia el anuncio sobre las donaciones privadas para el financiamiento del retrete de José Julio Neira?

Quizá una de las lecciones que este episodio deja para los futuros gobiernos es que, antes de escoger a los funcionarios, se les practique un examen para conocer sus habilidades cognitivas. Un IQ, básicamente.