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En la actualidad, Andrea Vera juega para el Deportivo Cali Femenino, con el que dio un nuevo paso internacional.Cortesía

Andrea Vera, del arco ecuatoriano a la elite sudamericana

La futbolista reconstruye su trayectoria marcada por la disciplina y la búsqueda de espacios para las mujeres en el deporte

El hotel estaba frente al estadio. Desde la sala en la que la Selección femenina de Ecuador escuchaba la charla técnica, se filtraban los tambores y el murmullo de unas 20.000 personas que ya alentaban a la Selección femenina de Trinidad y Tobago. Andrea Vera recuerda ese instante como uno de los más intensos de su carrera: la presión no provenía únicamente del rival, sino del contexto que rodeaba ese partido. Antes de salir a la cancha les habían comunicado que el presupuesto destinado al fútbol femenino podía desaparecer si no lograban la clasificación al Mundial. Era, literalmente, todo o nada.

El estadio estaba teñido de rojo. “Creo que había diez ecuatorianos entre el público”, cuenta. El encuentro avanzó con la tensión propia de un repechaje y el desenlace llegó casi sobre la hora: Ecuador marcó el gol que selló su paso a la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2015. “Fue una locura”, dice. El regreso dejó una imagen que aún le cuesta dimensionar: pasar de ser desconocidas, con uniformes que nadie identificaba, a descender del avión entre cámaras, periodistas y autoridades. Para Vera, ese momento marcó un quiebre en la visibilidad del fútbol femenino ecuatoriano.

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Andrea Carolina Vera Coral nació en Quito el 10 de abril de 1993. Su vínculo con el fútbol empezó en la infancia, sin un plan trazado ni referentes femeninos cercanos en el deporte. “Éramos literalmente una hoja en blanco”, recuerda. En ese entonces, explica, la representación de la mujer en los medios estaba asociada sobre todo a roles domésticos. El fútbol era un juego que practicaba por diversión, probando distintas posiciones en la cancha, sin imaginar que terminaría bajo los tres palos.

El giro llegó cuando jugaba en la Universidad San Francisco de Quito. Hasta entonces era futbolista de campo, alternando entre la delantera y la carrilera. Un día le pidieron probar como arquera. “Me fue súper bien. El entrenador me dijo que si quería entrenar para ver cómo me iba y le dije que sí”, relata. La adaptación fue rápida y, en pocos meses, su nombre empezó a sonar en los procesos de selección.

Mientras su carrera deportiva tomaba forma, también intentaba sostener la vida académica. Inició estudios universitarios en arquitectura, pero la falta de un sistema que conciliara el alto rendimiento con la educación la obligó a pausar esa etapa. La clasificación al Mundial abrió otra puerta: universidades en Estados Unidos la contactaron para ofrecerle becas deportivas. “Todo encajó”, resume.

En Estados Unidos estudió Sport Science -fisiología deportiva- y más adelante completó una maestría en gestión deportiva. A esa formación sumó preparación en coaching y acondicionamiento físico, además de estudios vinculados a la gestión deportiva internacional. La experiencia le permitió combinar competencia y formación académica en un entorno estructurado, algo que más adelante influiría en su mirada sobre el desarrollo del fútbol femenino.

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El año pasado se convirtió en una de las futbolistas ecuatorianas que ha subido al podio de la Copa Libertadores FemeninaInstagram

Volver a Ecuador

Tras concluir sus estudios en Estados Unidos, dio el salto a Europa y se instaló en España. Sin embargo, la pandemia alteró los planes y la obligó a replantear su ruta. En 2022 regresó a Ecuador, en una etapa que define como un “choque de realidad”. Después de casi siete años fuera, el contraste fue evidente. “Había avances, pero la escasez seguía ahí, la falta de equidad”, reflexiona sobre las diferencias culturales y estructurales que encontró respecto al fútbol femenino en Europa y Estados Unidos.

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Ese retorno también marcó un giro en sus intereses. A su formación en fisiología y rendimiento deportivo sumó una mirada más amplia hacia la gestión, el marketing y la elaboración de proyectos. “Me hizo ver que faltaban mujeres en la toma de decisiones”, explica. Desde entonces, su carrera se mueve en dos planos: el del alto rendimiento bajo el arco y el del desarrollo estructural del fútbol femenino.

En el ámbito de clubes, su trayectoria continuó en ascenso. Fue campeona en Ecuador y defendió el arco de Dragonas IDV en torneos nacionales e internacionales. Su desempeño en la Copa Libertadores llamó la atención fuera del país y, posteriormente, fue fichada por el Deportivo Cali Femenino, con el que dio un nuevo paso internacional. El año pasado alcanzó el subcampeonato de la Copa Libertadores Femenina y se convirtió en una de las futbolistas ecuatorianas que ha subido al podio del certamen continental.

Cuando habla del futuro, evita precisar objetivos. Prefiere mantenerlos en reserva. Pero sí tiene claro el sentido de su recorrido. “Yo lo viví todo: los años en que las futbolistas recibíamos uniformes reutilizados de los equipos masculinos y entrenábamos en condiciones precarias, hasta la llegada de entrenadoras y estructuras que impulsaron cambios. Todos nuestros logros se consiguieron de a poco, peleando mucho, y yo quiero ser parte de nuevos cambios”, señala.

Cara a cara con Andrea Vera

¿A qué dedica su tiempo libre?

A estudiar. No lo hago porque tengo que hacerlo, sino porque me gusta siempre estar aprendiendo algo nuevo.

¿Quiénes son sus referentes en el deporte femenino?

Tengo varias, pero en este momento es Ann-Katrin Berger, la arquera alemana. Ella pasó por un cáncer, pasó por quimioteraias y sigue siendo una jugadora de primer nivel. Es admirable.

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Usted también es un referente para niñas y jóvenes. ¿Lo siente como una responsabilidad?

Por el contrario, me apasiona muchísimo. El fútbol femenino puede cambiar vidas, puede generar oportunidades reales, y yo soy la muestra de ello.

¿Qué extraña de Ecuador?

Mil cosas, pero sobre todo extraño mi Quito. Extraño el frío, las montañas, el encebollado, el verde...

¿Qué consejo daría a las chicas que quieren empezar en el fútbol profesional?

Que sus principios y valores son muy importantes, que no accedan a hacer nada con lo que no estén de acuerdo solo por avanzar, y que tengan disciplina, porque solo con disciplina uno logra sus metas.

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