
Alucinaciones y delirios: cuando la mente altera la percepción de la realidad
Estos fenómenos psíquicos despiertan temor y curiosidad. Comprenderlos ayuda a entender cómo la mente construye sentido
De todos los síntomas psíquicos, las alucinaciones y los delirios son probablemente los más espectaculares y los que mayor fascinación despiertan. La conocida película, Una mente brillante, sobre la vida de John Nash presenta a un científico genial que ve personas inexistentes mientras sostiene la convicción de ser perseguido por el gobierno de su país. Alucinación y delirio quedan asociados tanto a la figura del genio como a la del loco, sugiriendo que pertenecen a una mente situada fuera de los límites considerados normales.
No es extraño, entonces, que produzcan inquietud, puesto que la posibilidad de perder el control sobre nuestros pensamientos toca un temor profundamente humano: perder el sentimiento de la realidad. Comprender qué es una alucinación y un delirio permite reducir ese temor y situar estos fenómenos dentro del funcionamiento psíquico normal.
Dos fenómenos distintos
La alucinación consiste en una percepción sin objeto: vemos algo que no está, escuchamos una voz cuando nadie habla u olemos algo ausente. El delirio, en cambio, pertenece al orden de las ideas: se trata de una certeza que persiste aun cuando contradice la evidencia. Sentirse perseguido, creerse poseído o estar convencido de un inminente fin del mundo son ejemplos de ello.
Aunque ambos fenómenos implican una alteración del vínculo con la realidad, no son lo mismo y pueden aparecer por separado. Una persona puede alucinar la presencia de una figura en la ventana sin otorgarle un significado particular; el delirio emerge cuando esa percepción adquiere un sentido indiscutible para el sujeto: la figura quiere algo de él. Lo decisivo del delirio no es la idea en sí misma, sino la certeza absoluta que la sostiene.
Estos fenómenos no son completamente ajenos a la experiencia cotidiana. Todos imaginamos vívidamente la comida cuando tenemos hambre y organizamos nuestras vidas a partir de convicciones morales o ideológicas escritas en piedra. La mente humana necesita apoyarse tanto en imágenes como en certezas para construir la realidad.
La patología aparece en el momento en que dejan de ser herramientas bajo el control del sujeto y comienzan a imponérsele a él. Incluso entonces, conviene reconocer una función que a menudo pasa desapercibida: ambos pueden constituir intentos de curación vinculados a un anhelo o a un deseo del sujeto. La alucinación y el delirio no son únicamente una ruptura con la realidad, sino también el esfuerzo por reconstruir un mundo en el que sea posible vivir.
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