Joaquín Hernández | Irán: ¿una guerra justa?
Se trata de una interrogación central que se están haciendo los occidentales desde el inicio de la ofensiva militar
¿Se trata de una guerra justa la emprendida por EE.UU. e Israel contra el gobierno teocrático de Irán? “Es la injusticia del enemigo la que obliga al hombre formado en la sabiduría a declarar las guerras justas”, dice Agustín en La ciudad de Dios. Se trata de una interrogación central que, de diversas formas, se están haciendo los occidentales desde el inicio de la ofensiva militar el pasado 28 de febrero. Para la mayor parte, la respuesta es afirmativa. El gobierno de los ayatolá no es pacifista y tiene una tradición de terrorismo y destrucción. Basta recordar en la región los atentados perpetrados contra la AMIA y la embajada israelita en Buenos Aires a principios de la década de los 90, para tener una muestra de cómo operan los comandos, en este caso los de Hezbolá, dirigidos y financiados por la teocracia iraní. O, si se quiere ir al presente, las masacres de ciudadanos iraníes registradas en las principales ciudades del país, culpables de protestar contra las medidas del régimen. Se habla por lo menos de 20.000 fallecidos cuando las fuerzas de represión dispararon contra ellos a mansalva. Que en los primeros días de la contienda, los iraníes hayan atacado con misiles y drones a países árabes vecinos, con quienes se supone mantenía relaciones de confianza, al punto de que algunos de ellos eran mediadores en las negociaciones de paz, deja en claro su condición.
Naturalmente, la definición de guerra justa está mediada por el ámbito del realismo. ¿Qué es lo que persigue en concreto la ofensiva de EE.UU. e Israel? Los objetivos señalados son varios y no necesariamente alcanzables en simultáneo. El primero, acabar con el régimen teocrático y reemplazarlo por otro, de confianza para una larga convivencia con las políticas de Washington y Tel Aviv. Una especie de solución ‘a la venezolana’, aceptando que, en este caso, la distancia entre Caracas y Teherán es insalvable y no por distancia geográfica precisamente. Otros, aunque necesarios, son específicos y relativamente más fáciles de conseguir en el tiempo tomando en cuenta el poderío militar de EE.UU.: destrucción de la estructura misilística; anulación de las fuerzas navales; eliminación de la capacidad de producir bombas atómicas, y exterminio de los grupos terroristas que actúan en el exterior, financiados y entrenados por Irán. El que Washington consiga estos objetivos y declare terminada la guerra será determinante para la apreciación de la justicia de la misma, en la que ésta y el realismo estén alineados.