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José Molina Gallegos | Inventando el paraguas bajo techo

El Derecho penal no se improvisa, se estudia. Lo lastimoso es que estos sucesos, lejos de ser la excepción, son la regla

Imagínense que el día de mañana llega una brillante persona con la idea de crear un dispositivo inalámbrico, portátil y dotado de características operativas y ergonómicas que permitan a todas las personas comunicarse rápida, cómoda y eficazmente. Ustedes pensarán: “pero si ya existen los teléfonos celulares y smartphones”. Exacto, entonces de innovador no tiene nada; básicamente esa persona estaría sembrando donde ya hay cosecha.

Idéntico es lo que hoy en día pasa en la Asamblea Nacional, desde donde, bajo la desgastada y demagógica idea de que su principal propósito es “luchar contra el crimen organizado”, escuché a una asambleísta decir que han decidido presentar un proyecto de reforma al art. 534 del COIP (más adelante indico qué contiene esta norma). Esta propuesta consistiría en “dotarle a los fiscales y jueces de elementos necesarios que consten de manera expresa y objetiva para sustentar por qué debe darse la prisión preventiva a un procesado”, según sus propias declaraciones. Agregó que existe una “interpretación vacía” y que “no hay claridad sobre cómo sustentar la prisión preventiva ante los jueces”, por lo que han decidido “incluir” en ese artículo requisitos para que la prisión preventiva proceda, lo cual se resumen en: i) Riesgo de fuga. ii) Posible presión o interferencia sobre víctimas, testigos u operadores de justicia. iii) Uso del cargo o poder para obstaculizar el proceso. iv) Alta peligrosidad vinculada a estructuras criminales operativas. v) Antecedentes penales o reiteración delictiva que, en conjunto, la justifiquen.

¡Descubrieron el fuego con la hoguera encendida! El art. 534, precisamente, establece los requisitos que deben concurrir para que se dicte esta medida, que deben ser fundamentados por el fiscal y, sinceramente, en la propuesta no hay nada sustancialmente nuevo; nada de fondo que se relacione con esa grandilocuente -pero populista- idea.

Por dignidad, dejen de dar patadas de ahogado, que el Derecho penal no se improvisa, se estudia. Lo lastimoso es que estos sucesos, lejos de ser la excepción, son la regla.

El problema no es de normas, entendámoslo de una vez.