
De la confrontación al consenso: el diálogo que Ecuador necesita en 2026
Recuperar la capacidad de escucha y diálogo entre ecuatorianos es esencial para avanzar como sociedad
El diálogo entre ecuatorianos es una aspiración largamente anunciada por los políticos, pero casi nunca cumplida. De hecho, el llamado “diálogo nacional” ha sido una meta planteada por varios gobiernos en el nuevo siglo -especialmente tras crisis como paros nacionales o periodos de ingobernabilidad-, pero suele disiparse con el paso del tiempo y de los gobernantes.
Figuras políticas y de la sociedad civil consultadas por este Diario coinciden en que la falta de diálogo no es solo un problema del Ecuador, sino parte de una crisis global de representación y división en distintos ámbitos, incluida la política. Sin embargo, sostienen que los mismos actores que hoy alimentan la confrontación también deben ser parte de la salida que el país necesita para prosperar.
#ANÁLISIS | Nataly Morillo, ministra de Gobierno, dio sus primeras declaraciones y no fue capaz de transmitir un solo mensaje político.
— Diario Expreso (@Expresoec) November 26, 2025
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Ecuador ha normalizado la confrontación como forma de conversación
El exvicepresidente Otto Sonnenholzner asegura que el caso ecuatoriano tiene momentos muy marcados en los que se resquebrajó la capacidad de diálogo, al punto de normalizar la confrontación como forma de conversación. “En los últimos años, el país -y en general el mundo- se acostumbró a dialogar desde la confrontación, no desde la solución, y eso sin duda rompe el tejido social”, comenta.
Según Sonnenholzner, la falta de diálogo no solo genera discordia, sino que paraliza las ideas y deja sin futuro al país. No obstante, aclara que el diálogo no puede darse “a cualquier costo”, sino enmarcado en objetivos nacionales que generen bienestar. “Conversar no significa ceder principios, significa entender que solo coordinando esfuerzos podemos salir adelante”.
En la misma línea, la expresidenta de la Asamblea Nacional, Elizabeth Cabezas, sostiene que “lamentablemente vivimos tiempos de beligerancia, y el ámbito político es donde más se evidencia. El diálogo implica voluntad de ambas partes para exponer ideas y ser escuchadas, y eso actualmente no se da. Hoy se siente más que nunca el afán de imponer criterios e impedir la expresión de los opositores”.
Cabezas coincide en que un diálogo exitoso requiere transparencia en los objetivos y seguimiento de los acuerdos. “La capacidad de conversar sin agendas ocultas es el único camino para resolver los grandes problemas que enfrentamos como país”, afirma, aunque recalca que esto no implica ceder ante intereses particulares.
Aunque la confrontación se ha extendido a la sociedad, Sonnenholzner sostiene que el ejemplo debe venir desde la clase política. “Esa actitud debe empezar en la política, pero necesita reflejarse también entre ciudadanos. Sin diálogo no hay acuerdos, y sin acuerdos no hay país que avance”, dice, recordando que todo proceso comienza por identificar los puntos en común.

Consensos mínimos, primer paso para caminar hacia la prosperidad
Para ello, agrega Cabezas, es necesario ceder posiciones, sin que eso implique cometer ilegalidades o validar agendas personales. “Muchas veces ceder permite construir agendas de consenso que generen soluciones. Esto es vital para retomar el diálogo en una sociedad que ha perdido empatía, entusiasmo y confianza en sí misma y en la clase política”.
Respecto al rol de la dirigencia política, Sonnenholzner enfatiza que el primer paso es acordar mínimos comunes en los temas que definen la vida del país: seguridad, economía, salud y energía. No se trata de pensar igual, sino de asumir que sin cooperación no habrá resultados. “O tardaremos más, y no hay tiempo que perder”, concluye.
No obstante, el jurista y director ejecutivo de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo, Mauricio Alarcón, acota que tampoco se puede construir un mejor país desde la burbuja de la política, y que la sociedad civil también debe ser partícipe. “Solo los esfuerzos colaborativos multisectoriales que involucren a todas las personas -independientemente de su ideología o posición política- pueden dar resultados”, comenta. Señala además que los problemas que afectan a todos no se solucionan desde un grupo poblacional o sector social específico.
En ese sentido, Alarcón es claro: el diálogo debe ser la bandera principal de lucha en 2026 para los ecuatorianos. El jurista sostiene que retomar los puentes entre sectores debe convertirse en un consenso nacional. “Tenemos que aprender a sentarnos, a hablar y escuchar, a criticar pero también a proponer y a trabajar juntos en la búsqueda de soluciones a los problemas que no distinguen ni grupos polarizados ni burbujas”.
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