La Amazonía ecuatoriana comienza a perfilarse como un nuevo corredor para el narcotráfico.
La Amazonía ecuatoriana comienza a perfilarse como un nuevo corredor para el narcotráfico.Cortesía

La nueva ruta fluvial del narcotráfico en la Amazonía que preocupa a las FF.AA.

El fenómeno se vincula con la presencia de grupos armados y estructuras criminales

La Amazonía ecuatoriana comienza a perfilarse como un nuevo corredor para el narcotráfico. Inteligencia militar ha detectado el uso creciente de ríos fronterizos para movilizar droga, armas y combustible, una dinámica que preocupa a las Fuerzas Armadas porque amplía las rutas tradicionales utilizadas por las organizaciones criminales en el país.

La Amazonía entra en el mapa del narcotráfico

Las Fuerzas Armadas han identificado movimientos vinculados al narcotráfico en ríos que conectan zonas de la frontera norte con el interior de la Amazonía ecuatoriana. Estas rutas fluviales permiten transportar cargamentos de droga desde áreas cercanas a Colombia hacia puntos de acopio en territorio ecuatoriano, desde donde posteriormente se trasladan a la costa para su salida internacional.

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El fenómeno se vincula con la presencia de grupos armados y estructuras criminales en la región amazónica, especialmente en provincias como Sucumbíos y Orellana, donde operan organizaciones transnacionales dedicadas al narcotráfico, la minería ilegal y otras economías ilícitas.

El internacionalista Pedro Guerrero sostiene que los grupos armados y criminales en la frontera se han fortalecido tras los acuerdos de paz, debido a que el proceso dejó vacíos de control estatal que favorecieron la expansión del narcotráfico y otras economías ilícitas. “Esto ha convertido a Esmeraldas y Sucumbíos en zonas altamente vulnerables a la violencia y al crimen organizado”, señala.

Las Fuerzas Armadas han identificado movimientos vinculados al narcotráfico en ríos que conectan zonas de la frontera norte.
Las Fuerzas Armadas han identificado movimientos vinculados al narcotráfico en ríos que conectan zonas de la frontera norte.Cortesía

Grupos armados y control territorial

Uno de los actores que ha llamado la atención de las autoridades es el grupo Comandos de la Frontera, una disidencia de las antiguas FARC que mantiene presencia en zonas fronterizas entre Ecuador y Colombia. 

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La franja fronteriza de Ecuador con Colombia ha experimentado una transformación acelerada del fenómeno criminal.

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El 6 de marzo, las Fuerzas Armadas desmantelaron un campamento perteneciente a los Comandos de la Frontera. Según datos militares, el lugar operaba como zona de descanso y entrenamiento para cerca de 50 miembros de esa organización, y formaba parte de los anillos de seguridad utilizados por alias Mono Tole, señalado como uno de sus cabecillas.

La presencia de estos grupos se combina con el control de corredores fluviales en la región amazónica. En zonas del río Putumayo, por ejemplo, se han registrado retenes armados y controles informales que evidencian el dominio que ciertas organizaciones ejercen sobre el tránsito en estas vías naturales.

“Cuando una organización percibe que la otra quiere imponer condiciones, el pacto se rompe y la violencia se vuelve el lenguaje principal”, sostiene Guerrero. 

Ríos como corredores logísticos

Para los investigadores de seguridad, los ríos amazónicos ofrecen ventajas estratégicas para el narcotráfico. Las embarcaciones pequeñas pueden movilizar cargamentos en zonas de difícil acceso, con escasa presencia estatal y amplias extensiones de selva.

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Actualmente, en Sucumbíos y Esmeraldas confluyen disidencias como los Comandos de la Frontera y el Frente Carolina Ramírez, el ELN y bandas ecuatorianas como Los Choneros, Los Lobos y Los Tiguerones, con alianzas y rupturas constantes.

En Ecuador, la mayor parte de los decomisos de droga se registra en el ámbito marítimo, donde las mafias utilizan lanchas rápidas para transportar cargamentos hacia rutas internacionales. Ante este escenario, los grupos criminales buscan diversificar sus corredores logísticos, incorporando rutas fluviales que conectan con carreteras clandestinas o pistas ilegales.

Un desafío para el control estatal

El avance de estas rutas en la Amazonía plantea nuevos desafíos para las Fuerzas Armadas y la Policía. La geografía selvática, la frontera permeable y la presencia de economías ilegales —como la minería ilícita— crean condiciones que facilitan la operación de redes criminales.

En cantones fronterizos se registraron: incrementos temporales en los homicidios, asociados a disputas por pasos estratégicos, desplazamientos internos, con familias que optaron por migrar hacia ciudades más seguras ante amenazas directas, expansión de la extorsión, especialmente a transportistas, comerciantes y pequeños productores.

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