
Análisis: Importante pero no suficiente
La baja del riesgo país abarata el crédito y mejora el “clima”, pero la inversión de largo plazo busca estabilidad
Escribíamos días atrás sobre la importancia de la reducción del riesgo país en las finanzas públicas, y también mencionamos que tiene un efecto en la economía, en el sector real. ¿Ayuda la reducción del riesgo país para incrementar la inversión extranjera directa?
Para contestar esa pregunta, haciendo una analogía imaginemos la economía como si extrajésemos un trozo de tierra, y viéndola de perfil tiene distintas capas. En la primera capa está el sector financiero. Cuando el riesgo país cae, la banca internacional y otras entidades de crédito buscarán a la banca local para darle crédito, y naturalmente a tasas mejores que antes.
La banca local está siempre preparada para recibir fondos y canalizarlos al sector productivo, pero generalmente -no siempre- son fondos de corto plazo, por tanto, financiarán actividades de corto plazo.
La capa siguiente es la del sector productivo de mayor tamaño y mejor estructurado; la banca internacional los buscará para darles crédito, pero también de corto plazo, generalmente operaciones de no más de 2 años.
¿Y luego qué pasa? Las capas siguientes las conforman el sector productivo que busca recursos de largo plazo que trata de localizar alianzas con participación patrimonial, o son sectores que en general requieren infraestructura, maquinaria, etc. La producción de estos sectores no se verá en un año, por ejemplo: cacao, café, plantaciones forestales, maquinaria para la industria, minería, transporte, etc.
A los inversionistas les interesa analizar el riesgo político
Ese tipo de inversiones ya no mira la coyuntura del riesgo país, que seis meses antes puede haber estado en 1.000 puntos, y hoy está en 400 puntos o menos. Quienes evalúan inversión extranjera directa de largo plazo le prestan atención al riesgo de sus inversiones con mayor rigor, y con varias aristas.
A estos inversionistas les interesa analizar el riesgo político, entendiendo la fragilidad o fortaleza institucional y la separación e independencia de poderes; el riesgo social, observando las condiciones y normativas del mercado laboral, los rasgos culturales y características de la población, el nivel de distribución de riqueza y desigualdad.
No es extraño que los inversionistas estén ávidos de entender el funcionamiento del sistema judicial, el grado de transparencia o corrupción en el proceso de solución de litigios, y la posibilidad de establecer otras jurisdicciones para la disputa de controversias con el Estado.
La situación fiscal es también interesante
Los inversionistas también buscan analizar la estructura económica del país, la situación fiscal, la estructura de balanza de pagos, la existencia de un mercado de capitales, el tamaño de deuda y la relación del servicio de la deuda respecto del PIB.
Sin ampliar demasiado, se fijarán en el manejo de relaciones internacionales, calidad de la educación del capital humano, fortaleza del sistema previsional, etc. Mucha de esa información está en los desgloses de calificación que ofrecen entidades como Standard & Poor’s, Moody’s Investors Service, etc.
Ayuda una reducción del riesgo país, sin duda ayuda, es como un semáforo que se pone en verde, pero para que los vehículos (inversionistas) transiten, debe haber una autopista bien pavimentada y señales de tránsito adecuadas, y esto se traduce en ordenar el país, hacer creíbles a sus instituciones, lograr seguridad interna y predictibilidad, tanto como modificar las estructuras de concentración de poder, porque lo otro es solo coyuntura.