SUSCRÍBETE
Diario Expreso Ecuador

Último trago en Salango: la novela de Jaime Marchán que rescata a Tobar García

Un profesor, un crimen familiar y la figura de un afamado escritor ecuatoriano marcan esta historia, que se desarrolla entre el pasado y el presente

Jaime Marchán presentó la novela en el paraninfo de la Universidad Andina Simón Bolívar de la capital.

Jaime Marchán presentó la novela en el paraninfo de la Universidad Andina Simón Bolívar de la capital.JUAN RUIZ

Mariella Toranzos
Publicado por

Creado:

Actualizado:

  • La novela más reciente del autor quiteño Jaime Marchán cruza memoria, crimen y escritura en un relato en constante tensión.
  • La novela revive a Tobar García como figura clave dentro de una ficción.

En la década de los noventa, Ignacio Quiñones decide apartarse del ruido académico y de su propia vida para instalarse en la paradisíaca isla de Salango. Llega con la idea de aprovechar un año sabático para escribir un ensayo sobre el dramaturgo Francisco Tobar García, pero pronto el plan inicial comienza a desdibujarse. A su alrededor, el paisaje costero no solo funciona como escenario, sino como un espacio donde el pasado irrumpe sin aviso y los recuerdos adquieren una presencia difícil de esquivar.

En ese aislamiento, lo que parecía un proyecto intelectual se convierte en un proceso más amplio. Quiñones intenta reanimar una novela inconclusa, se enfrenta a los vacíos que dejó el asesinato de su padre —excontralor general del Estado— y se encuentra con una relación amorosa que reabre una intimidad emocional que creía cerrada. 

A medida que avanza, la historia se despliega como una trama en la que la introspección y la intriga se entrelazan sin jerarquías.

Todos estos elementos convergen en Último trago en Salango, obra más reciente del escritor quiteño Jaime Marchán.

Un personaje icónico

Conforme avanza la novela, la figura del afamado autor ecuatoriano Francisco Tobar García deja de ser un objeto de estudio para convertirse en un personaje central. No aparece como una reconstrucción histórica, sino como una presencia literaria que dialoga con el narrador y tensiona su mirada sobre la ética, la creación y la vida. 

La novela construye así un flujo narrativo en el que pasado y presente conviven como un continuo, donde el tiempo se vuelve una referencia secundaria frente al proceso interior de los personajes.

Durante la presentación de la obra en Quito, el autor insistió en esa distancia entre la ficción y cualquier intento de reproducción fiel de la realidad. “Toda auténtica novela es una gran mentira. El autor inventa casi todo. Hay demasiada realidad en el mundo para que el lector quiera vivir una reproducción de ella en una novela”, señaló. En ese mismo registro, añadió: “Imaginar, inventar y transgredir la realidad es una facultad propia de la literatura de ficción”.

La decisión de convertir a Tobar García en personaje implicó, según Marchán, un proceso complejo. “Convertir a Francisco Tobar García, fallecido hace cerca de 30 años, en uno de los personajes de mi novela fue una dificultad tan grande… Su obra es tan enorme, bella y desgarradora como la de la tragedia griega clásica… ¿Cómo iba a lidiar con semejante monstruo literario?”, explicó. 

La solución, dijo, fue asumir el carácter ficticio del ejercicio: “Tomé conciencia de que cuando un novelista recrea la vida de un personaje está realmente imaginando la ficción del otro”.

Esa tensión entre realidad y ficción atraviesa también la estructura del relato. “Cuando se me ocurrió darle la palabra a Paco Tobar, se creó un personaje fuerte, un personaje que me arrastró a mí mismo, que cambió mi primer boceto para la trama y que terminó conduciendo la narración”, afirmó el autor.

En ese proceso, la escritura aparece como una práctica atravesada por la insistencia más que por la inspiración. “No creo en la inspiración. No sé lo que es. Creo en la obsesión… una fiebre abrazadora, un torbellino”, dijo. Y añadió: “Aparte de las palabras, el mejor instrumento del novelista es la imaginación… el problema de un novelista no es la falta de imaginación, sino el exceso de ella”.

En ese cruce, la voz del protagonista funciona como un punto de apoyo para explorar una misma pregunta: cómo narrar aquello que, incluso al ser contado, permanece abierto.

tracking