
Los senderos en Quito, sin un impacto en la seguridad
Lo que nació como una apuesta para recuperar el espacio público, hoy enfrenta reclamos por falta de planificación y ejecución
Basura acumulada, macetas convertidas en puestos improvisados de venta ambulante y jardineras ubicadas a un costado de la vía que terminan siendo pisadas por los transeúntes.
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Ese es el escenario que hoy se observa en el denominado Sendero Seguro de la calle Lizardo Ruiz, en el sector de Cotocollao, en el norte de Quito. La obra, impulsada por la administración municipal del alcalde Pabel Muñoz, fue concebida como una estrategia para mejorar la movilidad peatonal y fortalecer la seguridad urbana. Sin embargo, en la práctica ha despertado críticas de vecinos, comerciantes y concejales.
Un recorrido realizado por diario EXPRESO evidenció que el corredor presenta varios problemas operativos y de diseño. Según moradores del sector, la intervención comenzó a finales de 2025 y aún existen tramos inconclusos. En ciertos puntos, las jardineras instaladas para delimitar el espacio peatonal han terminado en medio de la vía o ubicadas de tal manera que dificultan el paso.
El concejal Fidel Chamba cuestiona que estas intervenciones cumplan realmente con su objetivo. “Así luce el supuesto ‘Sendero Seguro’ en la calle Lizardo Ruiz. Las jardineras se colocaron en media vía, con bloques de concreto y sin ninguna lógica de seguridad vial. Esto no es diseño urbano, es improvisación con dinero de los quiteños”, afirmó.
Durante el recorrido también se constató que algunas de las macetas instaladas en los bordes de las aceras han sido ocupadas por comerciantes informales para exhibir mercadería. Entre ellas incluso se estacionan motocicletas. Además, al no existir un flujo peatonal claramente delimitado, muchas personas caminan directamente sobre las plantas o invaden la calzada.
Para Rosa Chiluisa, comerciante del sector, el proyecto terminó generando más problemas que soluciones. Explica que las macetas gigantes redujeron el espacio para circular y afectan el acceso a los locales. “Las aceras quedaron mal ubicadas y ahora se vuelve más difícil caminar o ingresar a los negocios”, comenta.
Los robos se mantienen en la zona
A la preocupación por el diseño se suma la inseguridad. Beatriz Taipe, también comerciante, señala que la presencia policial es prácticamente inexistente. Según su testimonio, en la zona continúan registrándose robos y arranchamientos pese a la intervención urbana.
El concejal Fidel Chamba sostiene que la percepción ciudadana coincide con esas críticas. “Lo que nos dicen los vecinos es que no hay ningún cambio real en seguridad”, afirma. El concejal menciona otros corredores intervenidos donde, asegura, el deterioro es visible. Cita como ejemplo un sendero cercano a la Basílica, donde la pintura prácticamente ha desaparecido con el paso del tiempo.
Las dudas también apuntan al costo de las obras. En la avenida Patria, otro de los proyectos del programa, la inversión alcanzó aproximadamente 555.000 dólares e incluyó luminarias, cambios en el pavimento y mejoras para peatones. Sin embargo, el edil cuestiona si estas intervenciones han reducido efectivamente los delitos o si únicamente generan una sensación temporal de mejora.

El caso del sendero de Cotocollao también presenta observaciones administrativas. De acuerdo con documentación revisada por el edil, el contrato se firmó con un plazo de 42 días y la obra debía entregarse el 17 de diciembre de 2025. No obstante, los trabajos se retrasaron y durante su ejecución se detectaron errores en planos y especificaciones técnicas. Incluso fue necesario solicitar la creación de nuevos rubros para continuar con la construcción.
Moradores del sector expresan dudas sobre la implementación del sendero. Señalan que, mientras se invierte en macetas y señalización, varias calles del barrio continúan en mal estado. Luis Andrade, vecino de Cotocollao, comenta que los residentes se preguntan si dentro de la intervención también se contempla una mejora vial que beneficie realmente a la comunidad. Estas situaciones, según Chamba, podrían evidenciar fallas en la planificación y en el cumplimiento de los procedimientos del sistema nacional de contratación pública.
Los senderos deben fortalecerse
La concejal Analía Ledesma sostiene que los Senderos Seguros responden a criterios técnicos de prevención situacional del delito. Explica que los corredores fueron definidos a partir de 18 indicadores, entre ellos flujo peatonal, cercanía a equipamientos estratégicos y reportes del ECU 911.
Hasta inicios de 2025, el cabildo reportaba 13 corredores implementados en distintos puntos de la ciudad, con una inversión superior a 12 millones de dólares. Las intervenciones incluyen iluminación LED, cámaras de videovigilancia, ampliación de aceras, señalización y adecuaciones para accesibilidad universal.

Según Ledesma, algunos análisis comparativos muestran mejoras en la percepción de seguridad y un mayor flujo de peatones en horario nocturno. Sin embargo, reconoce que estos resultados corresponden a áreas específicas y no implican necesariamente una reducción global de la criminalidad en la ciudad.
La edil considera que el programa debe fortalecerse con evaluaciones técnicas de largo plazo, patrullaje preventivo y publicación periódica de indicadores que permitan medir su impacto real.
Mientras tanto, la percepción ciudadana sigue dividida. En varios senderos intervenidos los usuarios denuncian grafitis, basura, deterioro de mobiliario urbano y falta de vigilancia policial. Este Diario intentó obtener una versión de la Secretaría de Coordinación Territorial del Municipio sobre las críticas y el balance de los senderos, pero hasta el cierre de esta edición no se recibió respuesta.
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