
Alcaldía de Pabel Muñoz vende como logro el cumplimiento de obligaciones
Dirigentes hablan de intervenciones mínimas y ofrecimientos desatendidos en Quito. Los expertos observan falta de medición
En Quito, acciones que forman parte de la obligación cotidiana del Cabildo, como bacheo, refacciones o mantenimiento de parques, se han vuelto el centro del discurso oficial como “logros de una gestión municipal”. La administración del alcalde Pabel Muñoz insiste en cifras y en el eslogan de las “3.001 obras”, pero la discusión de fondo no es si el Municipio actúa, sino qué tan sustantivo es lo que hace, cómo lo mide y qué impacto real deja en la ciudad.
La cifra de las obras funciona como eje comunicacional, se reitera, se instala y busca sintetizar una gestión. El experto en comunicación y marketing Horacio Chavarría dice que “esta repetición permanente de un número debería ser sustentada. Creo que eso es lo que no hemos visto”.
Por ello, considera que se requiere “separar la comunicación política de la propaganda, que son dos cosas totalmente diferentes”. Para el especialista, la comunicación pública debe sostenerse en evidencia.
La idea no es negar que el Cabildo haga obra y deba comunicarlo, sino más bien “informar sobre gestión, pero luego debe existir una rendición de cuentas verificable, con apertura y soporte: qué se hizo, qué se prometió, qué quedó pendiente y por qué”, precisa.
Oficialismo y oposición hablan de las "obras"
En el Concejo Metropolitano, el oficialismo y la oposición miran las cifras desde percepciones distintas. El concejal oficialista Adrián Ibarra sostiene que las 3.001 obras se explican por una “parametrización” que incluye tanto pequeñas intervenciones barriales, muchas provenientes del presupuesto participativo, como proyectos de ciudad.
En su explicación incorpora trabajos desde escalinatas, adoquinados, alcantarillado o agua potable, hasta iniciativas mayores como la renovación de trolebuses e intercambiadores. Para Ibarra, el objetivo responde a una ciudad que venía con rezagos y esta administración “se está poniendo al día”.
Horacio Chavarría
En contraste, el concejal Wilson Merino, de Imparables, cuestiona la lógica del conteo y la puesta en escena de la gestión. “El alcalde va, inaugura una vereda; luego cruza la calle, inaugura la otra vereda; después tapa un bache, lo inaugura; luego pinta la calle de amarillo y la inaugura. Entonces, claro, ahí tienes como cuatro obras”.
A su juicio, se “espectaculariza” lo pequeño y critica que se piense más en una cifra. “Para él (Muñoz) es más importante el número, obras chiquitas, sin una visión clara de desarrollo”. Pide determinar el impacto y la priorización.
Según Daniela Chacón, de la organización Quito Cómo Vamos, “lo importante es evaluar la gestión del día a día, no como un logro”. La exedil añade que “la confianza en el Municipio como institución está por debajo del 45 %”. En ese escenario, mostrar gestión básica puede ser útil, pero el punto crítico es mirar si está conectada o no con los problemas estructurales”.
Ejemplifica la narrativa municipal con el caso de la avenida Simón Bolívar, donde el Cabildo ha aplicado medidas cuando ocurren muertes en esa vía, cuando lo que se requiere es una política sostenida de seguridad vial, no solo cifras aisladas.
También habla de evaluar por volumen o por impacto la gestión. “La cantidad de obras es una medida de resultado, no es una medida de impacto”. Y remata: “Se debe mirar si esas intervenciones están moviendo los indicadores claves de calidad de vida” en la ciudad.
Las miradas de los habitantes
Más allá de la discusión técnica y política, la experiencia territorial es evidente en algunos barrios. En el sector de San Diego, en el Centro Histórico, la dirigente barrial Mari Bueno cuestiona lo que se entiende por “obra” dentro del conteo municipal. En su zona, asegura, no ha llegado ninguna intervención, pese a pedidos reiterados y compromisos asumidos por el Municipio.
Uno de los reclamos se refiere al alumbrado público en la plaza del sector, que está sin luz desde octubre. El caso más sensible tiene que ver con el presupuesto participativo. Hace cuatro años, la comunidad cedió un espacio para la Policía Nacional a cambio de un área deportiva para el barrio, un ofrecimiento que no se ha cumplido. También buscaban recuperar un predio municipal abandonado, pero trámites burocráticos han impedido la intervención.
Sin embargo, la experiencia no es igual en todos los barrios. En La Kennedy, en el norte, la dirigente Juanita Pico describe una relación fluida con el Municipio, basada en la organización comunitaria y canales directos de gestión. Las obras recibidas provienen principalmente del presupuesto participativo, que se ejecuta con plazos definidos, generalmente al año siguiente de su solicitud.
Además, cuenta que atienden con rapidez otros pedidos de trabajo, como bacheo o servicios básicos.
Los dos testimonios contradictorios acentúan la necesidad de conocer cómo se priorizan las intervenciones y por qué. EXPRESO solicitó información a la Alcaldía acerca de los criterios para contabilizar las 3.001 obras, su desagregado, montos, priorización e indicadores de impacto. No hubo respuesta.
Chavarría menciona que la repetición instala percepciones, pero sin sustento puede volverse un bumerán que erosiona la credibilidad. “Es como que si un padre de familia pida que lo aplaudan porque les da de comer a sus hijos, cuando es su obligación”, concluye.
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— Diario Expreso (@Expresoec) February 12, 2026
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