
Machala vive bajo el miedo por ola de atentados con explosivos
Se presume que ataques tendrían relación con disputas entre bandas criminales. Reportan 47 bienes afectados
“Ahora uno no sabe cuándo va a caer un bombazo afuera de su casa o la del vecino. No se puede vivir así”, dijo un morador del barrio Encalada, en el casco central de Machala, tras la recienete explosión . El estruendo sacudió viviendas, rompió ventanas y dejó a varias familias durmiendo con las luces encendidas por temor a otro ataque.
En ese sector, la onda expansiva alcanzó incluso a una iglesia cercana. Vecinos relataron que la detonación se escuchó a varias cuadras a la redonda y que niños y adultos salieron corriendo a la calle creyendo que se trataba de un terremoto. “Las paredes vibraron, fue terrible. Uno no sabe si salir o quedarse adentro”, contó otra habitante, que por temor a represalias prefiere omitir su nombre.
Y es que, la capital bananera del mundo atraviesa uno de sus momentos más críticos en materia de seguridad. En apenas dos meses, la provincia de El Oro ha registrado 48 atentados con explosivos, de los cuales 29 ocurrieron en Machala, convirtiéndola en una de las ciudades más golpeadas por esta modalidad criminal en el país.

La policía se pronuncia sobre los ataques explosivos
Renato González, jefe policial de la Zona 7, confirmó que se investiga si los recientes atentados tienen conexión entre sí y con alias “Saoco”, miembros líder de la banda Sao Box, que opera en El Oro.
“El dato inicial es que una de las viviendas habría pertenecido o sido habitada por un familiar de alias Saoco. Estamos verificando si existe algún tipo de relación con la otra casa atacada”, explicó el oficial.
Recordó que días atrás también fueron atacados los domicilios de abogados vinculados a la defensa legal de este cabecilla. En uno de esos casos, familiares reconocieron que existía riesgo por representar a personas ligadas al crimen organizado.
Para la Policía, estos atentados de gran impacto responden a represalias internas o disputas entre bandas, principalmente entre grupos como Los Lobos y Sao Box, por control territorial y actividades ilícitas.
La distribución de los atentados con explosivos entre enero y febrero muestra que ningún sector está a salvo.
En Machala, la zona norte registra 8 ataques, el este 5, el centro 6, el sur 5 y el oeste otros 5. Puerto Bolívar concentra 12 atentados. El Guabo suma 5 y Huaquillas 2.
El balance humano es grave: cuatro personas fallecidas en un solo hecho, siete heridos y decenas de familias afectadas por daños en sus viviendas.
En cuanto a infraestructura, cinco casas fueron destruidas totalmente, seis quedaron parcialmente destruidas, cuatro locales comerciales resultaron semidestruidos y una embarcación fue destruida. Además, 31 viviendas y locales presentan puertas y fachadas dañadas, la mayoría de estas son producto de extorsiones.

Extorsión y guerras entre bandas
Según datos de la Fiscalía, en la provincia de El Oro se han presentado 197 denuncias por extorsión, de las cuales 112 corresponden a Machala.
De los 48 atentados explosivos registrados, el 70 % está vinculado a extorsiones de menor magnitud, mientras que el 30 % corresponde a ataques de alto impacto relacionados con disputas entre bandas criminales.
Un agente de inteligencia policial explicó que ahora los delincuentes usan mayor cantidad de carga explosiva, material que obtienen con facilidad debido a la presencia de zonas mineras en la provincia.
“Muchas de estas casas están desocupadas o son usadas como mensajes de advertencia. No buscan solo matar, buscan infundir miedo”, señaló el uniformado.
Ciudadanos con miedo por las explosiones
En los barrios afectados, la consigna es no hablar. La mayoría de moradores se niega a dar declaraciones o pide que no se revele su identidad.
“Esto es invivible. No nos pueden tener así, con miedo constante”, dijo un residente del barrio San Martín. “Aquí ya nadie duerme tranquilo. Cada ruido fuerte nos asusta. Ahora con este invierno hasta los truenos pensamos que son bombazos”.
Otro ciudadano, que vive a varias cuadras del último atentado, relató que sintió cómo las ventanas de su casa se estremecieron. “Pensé que se me caía la pared. Ahora vivimos esperando la próxima bomba”.
Mientras las investigaciones avanzan, la ciudadanía reclama resultados concretos y mayor presencia policial.
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