INFO GENERAL PELILEO
Proyecto. Estudiantes del Instituto Tecnológico Pelileo cultivan sandía y melón en fincas prestadas de Patate.YADIRA ILLESCAS

Estudiantes recuperan el campo cultivando frutas

Los alumnos siembran sandía, melón y plátano en fincas prestadas 

En varias parcelas de Patate, entre montañas y clima templado, crecen sandías, melones y plátanos. No son cultivos tradicionales de la Sierra, pero han logrado adaptarse gracias al trabajo de estudiantes del campus Benjamín Araujo, anexo al Instituto Superior Tecnológico Pelileo.

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La iniciativa nació como una respuesta a una realidad que se repite en muchos cantones de Tungurahua: campos abandonados, familias fragmentadas por la migración y jóvenes que ya no ven en la agricultura una opción de vida. Frente a ese escenario, docentes y alumnos decidieron probar nuevos cultivos y nuevas formas de producir.

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El proyecto se desarrolla tanto en el campus de la institución y en fincas comunitarias y terrenos prestados por agricultores locales. Allí, los estudiantes realizan sus prácticas académicas y experimentan con frutas propias de la Costa, aprovechando el clima favorable de Patate, conocido como el valle de la Eterna Primavera.

Las jornadas de formación combinan teoría y práctica. Las clases se extienden desde las 14:00 hasta las 22:00, tiempo en el que los jóvenes trabajan en viveros, controlan plagas, aplican riego tecnificado y ponen en práctica conocimientos modernos como la fertirrigación, que permite alimentar mejor a las plantas a través del sistema de riego.

Elba Miranda, coordinadora de la carrera de Flori-fruticultura, explica que el objetivo no es solo producir frutas distintas, sino ofrecer alternativas reales frente a la falta de oportunidades en el campo. “Muchos terrenos están abandonados por la migración, la falta de recursos o de asistencia técnica. Aquí demostramos que sí se puede producir diferente y mejor”, señala.

Sandía, melones y plátanos

Las sandías que se cosechan son más pequeñas que las de la Costa, pero muy dulces. Los melones destacan por su aroma y brillo, y los plátanos han logrado adaptarse al suelo y al clima. También se experimenta con cultivos de yuca y té, ampliando las opciones para los agricultores de la zona.

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La mayoría de los estudiantes proviene de comunidades rurales. Varios ya están aplicando lo aprendido en sus propios terrenos familiares, cambiando prácticas tradicionales y mejorando la calidad de sus cultivos. Para los docentes, ese es uno de los mayores logros: que el conocimiento no se quede en el aula, sino que llegue a las comunidades.

Además de fruticultura, el instituto forma a jóvenes en Producción Animal, donde aprenden manejo técnico de ganado, aves y porcinos. La educación es gratuita, lo que permite el acceso de estudiantes de sectores rurales con escasos recursos.

Mientras Tungurahua enfrenta el reto de la migración y el abandono agrícola, este tipo de experiencias empieza a marcar un camino distinto: jóvenes que apuestan por quedarse, innovar y demostrar que el campo todavía puede ser sinónimo de trabajo digno y futuro, recalca Miranda.

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