Ocio

Licho Burgos: "Ni tan yogui ni tan Zen"

Conocida por sus clases online de yoga, se alista a enseñar en modo presencial para ayudar a los demás a estar más equilibrados.

Licho Burgos
Licho Burgos encontró en el deporte no solo una pasión, sino su fuente de vida.Max Montecinos

“No soy ni tan yogui ni tan Zen”, dice Licho Burgos, conocida y querida por quienes practican yoga. Prefiere decir que es real. Tal cual como se muestra en sus clases online o en Instagram, donde resulta imposible pasar desapercibido sus reels. Desde que inicia cada vídeo se aprecia su alegría, y espontaneidad para mostrar sus cotidianidades, rutinas y tips en torno al yoga.

En diálogo con Expresiones, cuenta cómo empezó su camino en este “estilo de vida”, como ella lo llama. Pasó de estar sin trabajo debido a la pandemia a dar clases online y ser conocida en otros países. Hoy es jefa de sí misma y va en camino a abrir un estudio para recibir a todos quienes quieran adentrarse a esta práctica holística.

ME MUESTRO MÁS REAL

La primera vez que escuchó la palabra yoga fue hace seis años. Vio una clase en el estudio de pilates donde ella se ejercitaba, y se dio cuenta que era un método para controlar la mente. “Es lo que yo necesito” pensó Licho ya que su vida era muy agitada a nivel laboral.

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A modo de resumen, cuenta que trabaja desde los 18 años. Empezó como relacionista pública de un periódico estudiantil, luego pasó a una agencia publicitaria donde estuvo en el departamento de marketing que iban en consonancia con sus estudios universitarios, y luego logró la jefatura comercial de una empresa de courrier.

Entonces más allá de las posturas que podía aprender con el yoga, Licho quería pausar un poco sus pensamientos. “Me enamoré de la práctica pero seguía con mi mente a mil por hora, así que decidí inscribirme al profesorado para aprender más técnicas”, cuenta. Y fue así que logró comulgar mejor con el silencio y la meditación.

“Ni bien me gradué del profesorado, se me dio la oportunidad de dar clases. Y en ese primer contacto con los estudiantes encontré mi propósito de vida. Desde entonces no ha habido un solo día que no haya dejado de enseñar”, precisa.

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Antes de pandemia, enseñaba en dos estudios, pero en el confinamiento, estos cerraron al igual que la empresa de courrier donde trabajaba bajo dependencia.

Incentivada por su novio, se lanzó a dar clases online y así surgió Lichoyoga en Instagram. “Literal hasta las 18:00 en mi casa habían muebles. Pero luego de eso empezaba una “mudanza”, enrollaba las alfombras, ponía los sillones a un lado, y colocaba mi mat. Para transmitir, era súper chistoso, ponía mi el celular sobre dos libros... En la nueva normalidad, ya me equipé, ahora tengo el aro de luz, trípode”, dice aliviada.

Fue así que con el emprendimiento ha podido tener alumnos (hombres y mujeres ) no solo de Ecuador sino de Perú, Chile, Venezuela, Estados Unidos e incluso, Alemania.

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Pero no todo es clases. Su esencia divertida, la llevó a hacer más contenidos. “Saco mis caídas, miedos e inseguridades que pasan no solo como profesora sino como practicante de yoga.... Tal vez no sea la más espiritual, holística o flexible. Pero me muestro lo más real posible, y todo lo que digo lo hago desde el amor”, precisa. De ahí que sus reels han llegado a más de 40 mil vistas.

Pero ella no le da importancia a los números. “Lo más importante es que al final de las clases o después de un post que haya publicado, alguien me diga, Licho lo que hablaste en ese momento, me llegó”.

LA MARATONISTA

La libertad de movimientos y comodidad que se aprecia en cada una de sus poses va en dualidad con su otra faceta: maratonista.

“Siempre me ha gustado mantener el cuerpo en movimiento... Y amo correr... Para mí es como una meditación activa”.

Ese ímpetu la ha llevado a maratones en Estados Unidos y Perú. “El próximo domingo voy a correr la media maratón de Lima y en septiembre, la de Berlín”, cuenta sobre los siguientes retos.

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“Al llegar a la meta siempre rompo en llanto como no tienen idea. Cada llegada es demostrarme que puedo hacer otras cosas grandiosas... Hoy puedo decir que hay muchas cosas que convergen en mi. No podría identificarme solo como maratonista, yogui, emprendedora, mamá, o feminista. Soy todas a la vez. Y me gusta esa mujer que me he convertido”.

DEL MAT A LA VIDA REAL

Al ver el yoga como un servicio a los demás, en julio emprenderá una nueva etapa. “Iniciaré de forma presencial, junto a un socio, Pedro Barrios. Notamos que hay más gente buscando esta práctica, ya sea porque se los recomienda el doctor (para ayudar en una recuperación física), o porque buscan estar más equilibrados con sus emociones”.

Por los tiempos de inseguridad y violencia, que se vive en la actualidad, Licho menciona la importancia de enseñar a sus estudiantes que lo aprendido no se quede solo en la colchoneta (mat) o en las clases.

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“Es importante saber controlar las reacciones a los estímulos del exterior y eso lo aprendes con el yoga. Por ejemplo, hoy en día, sales de casa y de repente hay tráfico, hay un choque ...Y en el peor de los casos, presencias un sicariato”

Por eso recalca aprender esta herramienta desde temprana edad para ayudar a los individuos a tener más consciencia de sus emociones.

“Siempre digo a mis alumnos, que miren a los demás con amor. Así como se miran a ellos mismos, miren al resto. Porque no sabemos la realidad en que están inmersas las otras personas y qué las ha llevado a actuar con violencia” comenta y agrega de suma importancia que a nivel de sociedad haya una preocupación por ayudar a nivel psicológico o psiquiátrico a quienes tengan patrones de conductas o enfermedades mentales que no los dejan avanzar en armonía con el resto de personas.