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Kevin Johansen y Liniers
Kevin Johansen y Liniers en entrevista para Ecuador.SONY MUSIC ECUADOR

Kevin Johansen y Liniers en Ecuador: “El show lo hace el público”

a dupla vuelve a Ecuador con un espectáculo donde la música se dibuja y el dibujo canta

En el escenario, la fórmula parece simple: una guitarra, una voz, una mesa de dibujo, pinceles y papel. En la práctica, Kevin Johansen y Ricardo Liniers han convertido esa simpleza en un lenguaje propio: un show sin solemnidad, con humor, conversación, canciones, improvisación y arte en vivo. En esta entrevista con EXPRESIONES lo resumen de esta forma: “No ensayamos ni guionamos nada, y el público igual lo disfruta”.

La gira ya está en Ecuador y han pasado: Quito (4 de febrero, Teatro Bolívar), Cuenca (5 de febrero, Teatro Carlos Cueva Tamariz) y Latacunga (7 de febrero, Arena Music Times). En el centro de esta etapa está Desde que te Madrid, su nuevo álbum en vivo, grabado en España y construido con la misma materia prima del espectáculo: complicidad, riesgo y alegría creativa.

A continuación, una conversación extensa con ambos, en la que hablan de Ecuador, del público como tercer artista en el escenario, de la resistencia creativa y de ese tipo de emoción que no depende de un discurso, sino de lo minúsculo, de los detalles.

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Su amistad, el secreto de la improvisación

La palabra viaje está en el ADN del proyecto. ¿Sienten que el viaje es un material creativo en sí mismo?

Liniers: El viaje te baja cualquier ínfula. Te obliga a estar presente. Hay algo de la gira que es muy humano: llegas, miras, escuchas, te adaptas. Y te das cuenta de que lo que creías fijo, cambia. Incluso lo que vos mismo hacés en escena: si repetís “la misma idea”, no se repite igual. El contexto manda.

En Desde que te Madrid, la ciudad aparece casi como un personaje. Ahora que están en tour: ¿cómo logran que la ciudad donde tocan se meta dentro del show?

Liniers: Para mí eso es responsabilidad del público. Yo antes no entendía cómo una banda podía decir: ‘tal show estuvo buenísimo’ y otro no, si eran las mismas canciones, los mismos tipos tocando. Con el tiempo entendí que el show lo termina la gente: el entusiasmo, la atención… incluso la forma en que interpreta lo que pasa. No necesariamente es hacer ruido, es el cómo lo escuchan.

Kevin: Eso es clave. Y con Ecuador vamos sin miedo, porque ya fuimos varias veces y el público siempre fue muy agradecido, muy paciente.

¿Paciente en qué sentido?

Liniers: Una vez, en un show, hubo un problema técnico grande con la pantalla y estuvimos como una hora arreglando. Y la gente se quedó con buen humor, con alegría. Nos divertíamos igual, tirábamos barbaridades… eso habla de una complicidad colectiva.

¿Cómo describen al público ecuatoriano?

Kevin: Es muy efusivo, muy entusiasta, muy gritón. Quito y Guayaquil siempre fueron así. Ahora vamos por primera vez a Cuenca y a Latacunga, así que va a ser interesante ver qué pasa en esas ciudades. Y hay algo más: como no vamos todos los años, cuando volvés cada tanto… la gente lo vive como “¡qué bueno que vinieron!”. Es fiesta. Ese agradecimiento se siente.

El público se prende porque nadie sabe bien qué va a pasar en escena, ni ustedes mismos. ¿Ese no saber es parte del encanto?

Kevin: Sí. Hay un esquema, claro, pero el hilo conductor es la improvisación. No es pose. Es el modo natural del show.

Liniers: Es raro porque vivimos en un momento donde la gente está acostumbrada a que todo esté cerrado, planificado, editado. En nuestro caso, lo vivo es el punto.

Han pasado 15 años desde que mezclaron dibujo con música en vivo. ¿Ya se anticipan al otro? ¿Ya fluye sin conversarlo tanto?

Kevin: Sí. Nos conocemos mucho. Si uno improvisa algo, el otro sabe que está ahí para agarrar esa improvisada.

Liniers: El otro día en Chile, Kevin tocó dos canciones que creo que todavía no terminaba de escribir. Y yo tuve que dibujar sobre algo que no sabía qué era. Pero él sabe que yo le voy a encontrar la vuelta, y parte del juego es justamente ese: yo no sé qué está pasando… y la gente lo agradece.

Entonces, en esa dinámica, ¿quién pone más en aprietos a quién?

Liniers: Somos tan amigos que sabemos exactamente dónde meter el cuchillo. Puede ser que uno se haga el fenómeno… pero la venganza va a ser terrible.

Enemigos de la solemnidad

Una gran parte del show es el diálogo. ¿Qué quieren conversar hoy con el público ecuatoriano?

Kevin: Hay algo que nos une, somos bastante degenerados respecto al género… en el sentido de que nos gusta la variedad. No somos un artista de una sola dimensión.

Liniers: Y a los dos nos pasa que le rehuimos a la solemnidad típica del show.

Kevin: A mí no me gusta el término cantautor. Me gusta más cancionista o hacedor de canciones. No me interesa estar arriba del escenario dando cátedra ni diciendo “la verdad es esta”. Prefiero otra cosa: emoción, reflexión… y cuerpo.

Ustedes hablan del hecho creativo como una forma de resistencia. ¿Qué resisten?

Liniers: Resisto, sobre todo, la tentación de explicar la vida como si fuera un manual. A mí no me sale salir a decir grandes consignas.

Kevin: Y además resistimos la solemnidad, que es prima hermana del miedo. Si hay miedo, se vuelve rígido.

En un momento mencionan algo fuerte: que somos conejillos de Indias de los teléfonos y de una vida que reduce la interacción humana. ¿Cómo se traduce eso en escena?

Liniers: El teléfono tiene algo deshumanizante, te trae todo, te evita salir, te evita mirar a alguien a los ojos. Y a los chicos les pasa: creen que están conectados porque mandan mensajes, pero no es lo mismo.

Kevin: Entonces, cuando viene la gente al teatro, hay algo que se agradece: lo que está hecho a sangre.

Liniers: Ves la mano dibujando. La guitarra es una guitarra. La voz sale del micrófono. No hay inteligencia artificial metida ahí. Y creo que la gente empieza a valorar eso.

La canción que late más fuerte: “Quiero mejor”

Kevin, de este momento artístico: ¿qué canción le emociona más al interpretarla?

Kevin: 'Quiero mejor', porque habla de querer mejor en vez de querer más. De calidad de vida que no tiene nada que ver con lo material. Eso me mueve.

Liniers: Y es interesante porque esa idea se conecta con algo que vimos: la calidad de vida muchas veces está en lo comunitario, en el barrio, en encontrarte con alguien sin agenda.

 ¿Sientes que eso hoy lo define?

Kevin: Sí. Es una búsqueda real. Y también es una forma de hacer música: aprender a esperar, a no apurarse.

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Les lanzo una idea: ¿les gustaría que la gente vea el show como un escape de Tinder… y de paso, que le sirva para ligar?

Liniers: Yo te voy a decir algo: se levanta mucho en el show de Kevin y Liniers.

Kevin: Hemos tenido pedidos de casamiento.

Liniers: Sí, genera algo.

¿Con qué creen que se va la gente al final?

Kevin Johansen: Con ganas de conectar a través del arte. Hay un plus: un dibujante haciendo música y un músico tirando imágenes. Esa mezcla, esa yuxtaposición, se disfruta.

Liniers: Y la puesta es clara: yo con mi mesa y mis pinceles, él con su guitarra. La gente entra y ya sabe que va a ver algo no usual.

Viendo videos, pensé: ¿alguna vez quisieron intercambiar roles?

Liniers: Lo hacemos. Hay un momento duro para todos, pero lo hacemos igual: yo canto y toco el ukelele… y Kevin pinta.

Kevin: Lo hacemos lo suficientemente mal como para que la gente entienda lo bien que hacemos lo otro.

Liniers: Exacto: me escuchás cantar y pensás Kevin es Pavarotti.

Ojos y oídos...

Para Liniers, ¿con qué género escucha la vida actualmente?

Liniers: Los dibujantes somos muy melómanos: estamos encerrados dibujando solos. Me gustan cosas intensas: Radiohead, Nick Cave… y también rock argentino, Charly, Soda. Y siempre busco algo que me haga sentir como cuando tenía 10 años. Con Kevin me pasó eso: pensé que era más música con chistes, tipo Les Luthiers… pero era un escritor de canciones con humor, que lo usa cuando lo necesita, no como obligación.

Para Kevin: ¿con qué color ve la vida actualmente?

Kevin: Soy daltónico, así que difícil (risas). Pero sí veo un punto en común entre disciplinas jugar con la palabra, buscar síntesis, romper solemnidad. Y sostener esas tres patitas que para mí son fundamentales: emoción, reflexión… y mover el cuerpo.

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