Guayaquil

Murales en Guayaquil: no solo el color salva al barrio

El Cabildo no precisa si mide los beneficios del arte urbano en la comunidad. Los lienzos requieren de obras complementarias para generar inclusión y seguridad

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El Cabildo no precisa si mide los beneficios del arte urbano en la comunidad. Los lienzos requieren de obras complementarias para generar inclusión y seguridadMiguel Canales Leon

En las últimas semanas, EXPRESO ha venido publicando sobre una serie de proyectos culturales que artistas guayaquileños han realizado, con el fin de recuperar el espacio público, llenar de vida los barrios y combatir sobre todo la inseguridad. Urdesa, la Kennedy, la Garzota, Nuevo Ceibos, han sido algunos de los lugares cuyas pálidas paredes han sido intervenidas. En ellas, sí, explotan ahora los colores. Pero, ¿realmente en estos vecindarios se ha logrado la inclusión? ¿El Municipio, gestor de algunos de estos proyectos (otros nacen de iniciativa propias), mide esos cambios?

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Las interrogantes, siguen en el aire, puesto que el Cabildo no respondió. El pasado lunes, a través de un correo electrónico, este Diario preguntó a la entidad si existe alguna dirección municipal que mida y de qué forma el beneficio que han generado los murales o bajo qué parámetros se guían para seguir desarrollando este tipo de intervenciones, pero no hubo respuesta.

En el Puerto Principal, quienes sí hablan de una mejora son los beneficiados directos del arte urbano, como los vecinos de la calle Rodríguez Cháves, en Urdesa Norte, que aseguran que desde que se han pintado los lienzos, las veredas se han transformado en espacios con vida para socializar. Prácticamente son esa extensión de los parques que deberían ser, según lo recomiendan los urbanistas.

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Este es uno de los murales que hizo el artista Iván Casanova, en Urdesa Norte.Amelia Andrade
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“Cerca de donde está el mural, hay una tienda. Y parece increíble, pero ahora muchos nos reunimos ahí o salimos a caminar. Uno se siente más seguro al ver paredes bonitas y no grises o con palabras obscenas...”, asegura Renata Miranda, quien vive en el sector y tres veces por semana, además de caminar hace yoga precisamente frente al sitio donde se encuentra el arte, en un pequeño parque, al pie del estero.

En la Pradera 3, donde bajo la iniciativa del residente y muralista Gabriel Peña, el parque del vecindario, conocido como el ‘Bosque de colores’, se empezó a llenar de murales, el cambio ha sido evidente. El espacio dejó de ser un lugar sombrío y abandonado y se convirtió en uno lleno de familias, niños y sus mascotas. En él se hacen ferias, mingas, reuniones comunitarias. Se ve a decenas de adultos mayores caminando sobre los senderos. Hay hasta conciertos.

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Antes y durante la pandemia, el bosque de la Pradera 3 ha sido visitado por las familias como punto de encuentro.JUAN FAUSTOS SANDOVAL

Allí, en efecto, los murales han sido generadores de cambio, tal como lo han sido en otros puntos de la ciudad, no obstante para Peña, se requiere además de otras acciones para hacer que la inclusión y la seguridad, en sí los beneficios que trae consigo el arte, sean permanentes.

El mural no es la solución a un todo, no se trata de tener color y ya. Estos, sí, permiten renovar fachadas, transmiten seguridad a primera vista... Más para que el arte sirva como medio para unir a la gente y hacer frente a la percepción de un barrio, su gente debe permanecer unida. Y para lograrlo, esta debe volcarse a las calles para participar de actos que fortalezcan esa unión”.

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Ya lo dijo en una publicación anterior el urbanista y embajador de la Organización Mundial de Parques Urbanos, Guillermo Peñalosa: “para que un área reviva y la comunidad socialice, es fundamental que las autoridades creen programas que faciliten el proceso”.

Peña, quien coincide en esa idea y tiene claro que en Guayaquil algunos proyectos de arte no han logrado ese efecto catalizador precisamente por estos no tener trascendencia: “por hacerlos por hacer; habla de la necesidad de crear, por ejemplo, galerías de arte urbano a cielo abierto de nivel en los vecindarios, que permitan atraer a los espacios no solo a residentes, sino a turistas y hasta emprendedores que quieran abrir negocios en la zona. “¿Por qué no hacer excursiones de arte en la calle? Acciones como estas revitalizarían los lugares, daría voz a los sectores y lograrían lo que tanto anhelamos: que la inseguridad se aplaque”. Y es que entre más gente, más ojos viendo menos inseguridad hay, acota.

40 muralessegún los artistas locales hay solo en Urdesa. No existe un registro oficial del total de expresiones de este tipo.
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La Garzota. En los lienzos, además de identidad, se plasman mensajes que generen conciencia social.JUAN FAUSTOS SANDOVAL
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Pero para dar ese paso, a decir de ciudadanos y arquitectos guayaquileños, como Germán Zurita, es fundamental que el Municipio mida el beneficio que dan cada una de estas intervenciones. “Si los murales los hace el Cabildo o artistas independientes, eso es lo de menos. Hay que medir nada más para saber qué más hace falta, cuál es el camino a seguir para lograr un cambio integral, que no se limite a ver solo bonito los metros cuadrados pintados”. Lamentablemente, piensa, el arte sigue siendo visto como un tema secundario: ni siquiera se sabe cuántos lienzos hay en Guayaquil y eso ya dice mucho.

Y no está lejos de la realidad. Hace un mes, EXPRESO habló de cómo estas expresiones artísticas no tienen un registro, ni constan en el radar de la autoridad, lo que aleja todavía más la idea de que la urbe tenga una carta turística en la que aparezcan todas sus propuestas.

Para Peñalosa, resulta indispensable que los líderes y ciudadanos prioricen el hecho de crear ciudades exitosas y comunidades saludables para todos sin importar la edad, ni la condición socio-económica. Para él, los murales ayudan a ello, más aún cuando el muralista es del barrio o es externo, pero plasma en las paredes la identidad del vecindario.

“No es lo mismo contratar a un artista para que haga 500 murales, que estos lo hagan los muralistas del barrio y en las obras participe la comunidad. Ese tipo de unión es muy importante, es ahí cuando surge el compromiso, la inclusión y las ganas de apropiarte del espacio: de defenderlo con garras”, advierte.

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Rusia. En este país, es común ver murales que representen la localidad en los que se pintan.Cortesía/ Guillermo Peñalosa

Para Peñalosa ese mismo sentido de integración debe ser tomado en cuenta cuando se quiera colocar una escultura en la barriada. Esta no deberá tener jamás un cartel que prohíba, por ejemplo, no tocarla. “La gente necesita de obras que pueda tocar, mirar, en la que pueda encaramarse. Más que tener cosas, al habitante le urge contar con áreas para hacer actividades. Eso es lo que genera felicidad. Para hacer un mural, tengamos presente eso, no hace falta ser un Picasso”, reflexiona.

Para frenar la inseguridad, la gente debe amar lo que ve. Debe apropiarse del mural, el parque, la escultura. Y para eso, debe participar en él, con sus manos, con ideas. Eso da identidad.

Guillermo Peñalosa,
Presidente de la Organización Mundial de Parques Urbanos
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Parques. Para Peñalosa incluso las esculturas deben invitar a la comunidad a tocarlas y ser parte del barrio.Cortesía / Guillermo Peñalosa

  • PROYECTOS CON VISIÓN

Para el muralista Gabriel Peña, que el Municipio invierta en talleres que puedan ser dictados por los artistas a los niños y jóvenes del barrio, además de generar compromiso, serviría de semillero. “Hallaríamos más artistas... En otros países, estas iniciativas han generado inclusión y han mantenido vivos los proyectos”. En Guayaquil, hay unos muy buenos que permanecen en un estado precario: en el olvido, advierte

Para él, crear un ruta muralista turística y en espacios donde se pueda además leer, bailar, jugar, comer, sería la medida ideal para que la comunidad se empodere, alce la voz, sea visible. Crezca.

Si no hay barrios comprometidos, mucho pueden hacer las entidades públicas y privadas. Ellas pueden solventar programas que faciliten el proceso. Es un ganar ganar de parte y parte.

Gabriel Peña,
muralista
Gabriel Peña
Gabriel Peña sugiere que las autoridades creen programas que permitan a los niños aprender sobre arte.Miguel Canales Leon