La maldición del aeropuerto de Daular

  Guayaquil

La maldición del aeropuerto de Daular

Habitantes de la comuna recuerdan haber oído a sus padres hablar de esto desde que ellos eran pequeños. Un vidente llega a la zona para ‘expulsar’ las malas vibras

Terrenos nuevo aeropuerto
Una plataforma y una villa para los guardias se planta en terrenos destinados al aeropuerto. El resto es solo vegetación.Freddy Rodríguez / EXPRESO

Un cuento. Una leyenda. Algo así como una maldición que de tanta promoción no despega, con un vecino pobre, la comuna Daular, donde lo único que parece haber comenzado a tomar vuelo es la droga.

Esta es la zona de la vía de acceso a Daular. El Municipio ha invertido millones en los alrededores.

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Así resumen los habitantes de esta pequeña población al desgastado anuncio del nuevo aeropuerto de Guayaquil, que se prevé construir en terrenos colindantes a dicho sitio, de unos 800 habitantes en el centro, a los que se suman unos 200 más en haciendas de la zona.

Allí, al pie de su casa, en medio del lodo y unos entablados donde cuida a sus 20 gallinitas y una decena de pollitos, Inés Martínez recuerda haber oído de “este cuento desde que estaba en la escuela; ya tengo 58 años y nada. Yo habré tenido unos 12 años cuando ya estaban haciendo las inspecciones por aquí”.

En la zona, para definir si es viable o no el aeropuerto por las condiciones atmosféricas, se han realizado estudios de parámetros como temperatura, humedad, visibilidad, nubosidad, lluvias y tormentas eléctricas. Los registros efectuados en 2009 por la empresa estadounidense Mitre determinaron que las variables son ideales para el aterrizaje y despegue durante el 99,75 % del tiempo.

Desde que estaba en la escuela escuchaba eso del aeropuerto. Han pasado más de 40 años y seguimos en lo mismo. Lo que sí, es que ya quieren regularizar las tierras”.

Inés Martínez, habitante de Daular

Pero tanto estudio ni la presencia constante de personal de la Autoridad Aeroportuaria de Guayaquil (AAG) en el lugar ha cambiado mucho las cosas.

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Inés asegura que, pese a que el pueblo ha ido creciendo y se han ejecutado obras importantes, aquí hace falta mucho, como trabajos de contención del río, que en invierno se desborda, “y un doctor, porque cuando pasa cualquier emergencia aquí no hay quién atienda, debemos salir al Consuelo (km 40) y si el asunto es más grave, a Chongón o Guayaquil”.

Y no es solo eso. La mujer deja salir un lamento cuando habla de una maldición que sí despega en Daular, la droga. “Uyyy, aquí hay bastantes hacheritos (consumidores de la llamada ‘H’), sobre todo en el centro”.

Como ella, Juan Ladines Ponce, de 45 años, dice que esto es como una leyenda. “Cuando yo era niño, mi papá ya hablaba de eso. Hoy se escucha que en unos años estaría listo y no ha pasado nada... vamos a ver, no vaya a ser como una maldición que no se realice nunca”, señala con duda mientras realiza arreglos en la casa comunal del pueblo.

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Un guardia cuida los terrenos del futuro nuevo aeropuerto.Freddy Rodriguez

Sentado en el portal de su casa, oyendo a su mamá que lee la Biblia, Danilo Mendoza confirma que en los últimos 15 años se han visto mejoras en Daular, como la planta de tratamiento de agua potable y el alcantarillado, pero aún “faltan cosas tan básicas como un médico o el servicio telefónico. Acá tenemos celular, pero solo para mensajes, porque señal para hablar no hay”.

Danilo también se suma a las quejas por el consumo de drogas. “Esto nos va a terminar”, dice, mientras con pesar cuenta que, “por esa ‘H’”, uno de sus hijos, de 21 años, está internado por segunda vez en un centro privado en el Guasmo, en Guayaquil. “El aeropuerto acá no despega, pero los hacheritos ya están que vuelan”, sentencia.

Desde que tengo uso de razón oí hablar del nuevo aeropuerto. Ya nos han hecho obras aquí, pero falta más, no podemos ser el vecino pobre del aeropuerto”.

Julio Preciado, presidente de la comuna Daular

Su madre, Cecilia Yagual, agrega que “todo era sano acá”, pero ahora se escucha eso de la droga y de familias que necesitan tratar a sus hijos. “En medio de la pobreza en que vivimos, la gente tiene que vender sus chanchitos, sus gallinitas, para poder obtener algo de dinero para ayudar a los chicos”.

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Y aunque ya quedan pocos antiguos en la población, los hijos de estos recuerdan que sus padres ya les hablaban de que allí, en esa zona, se iba a construir un aeropuerto. Uno de ellos es Julio Preciado, de 54 años y presidente de la comuna, quien dice que “desde que tenía uso de razón yo ya escuchaba eso acá en Daular. Mis padres ya hablaban de eso del aeropuerto desde hace años”.

Para llegar a su domicilio hay que pasar por el parque central, donde destaca un gran letrero con la frase: Daular tiene de todo.

Y aunque como el resto del pueblo es agradecido con las obras que han llegado, la mayoría realizada por la Autoridad Aeroportuaria (que hace lo que debería hacer Obras Públicas municipales en el sector), Preciado confirma todo lo que sus vecinos dicen: Daular no tiene ni siquiera un médico. Daular no tiene telefonía ni fija ni celular... Daular ve ‘volar’ a los hacheritos, pero ni un solo avión.

Las malas energías fueron arrancadas en un ritual

Para contrarrestar esas energías negativas que han hecho de Daular un mito, hasta la zona misma donde son los terrenos municipales llegó el cartomántico y vidente José de los Santos. Ahí, al aire libre y en plena caída del sol, llevó a cabo un ritual de limpieza y armonización.

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El vidente José de los Santos realizó una ceremonia para expulsar las energías y espíritus negativos de los terrenos.Freddy Rodríguez / EXPRESO

A las afueras del portón, en la zona de los terrenos del futuro nuevo aeropuerto de Guayaquil, se da el ritual. Es un área donde si al guardián le da la gana, la abre para llegar o salir más rápido a Daular; caso contrario, toca darse una vuelta más larga por una vía llena de baches. Como otra maldición para quienes no pueden pasar ese portón.

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Precisamente a pocos pasos del portón donde inician los terrenos municipales, el vidente José de los Santos realizó su ritual. Para ello, llevó consigo una espada de madera, para expulsar las malas energías; velas y velones de color morado, para el contacto con las almas que deambulan por los terrenos inhóspitos; rosas blancas, que acercan a la transparencia de los espíritus; y ruda de castilla y otros montes ancestrales, para equilibrar toda la buena vibra que retorne a este sector.

En medio de esos objetos, acomodados en un círculo blanco que se hizo sobre un montículo de tierra, una vasija con azúcar, para eliminar todo lo que es ‘salazón’, y canela para que fluyan las energías positivas.

De los Santos hace varios ademanes. Lo primero que revela es que siente “malas energías por las cuales no se han podido concretar los proyectos que se pensaban hacer aquí”.

El ritual sigue. Y luego de unos minutos, la sentencia del vidente: “En este momento siento que las almas y los espíritus que se encontraban resentidos por diferentes problemas que han existido en tooodas estas tierras ancestrales, empiezan a armonizarse. Porque he arrancado todas esas malas energías... Ahora sí es un nuevo terreno, porque esos espíritus resentidos que existían y no dejaban que los proyectos se cumplan, ahora sí están armonizados y tranquilos. Ahora sí se podrá construir cosas positivas aquí. Que así sea, así será, por todos los espíritus que ahora sí ya están en paz, en armonía. Amén, amén, amén”.