
Las intersecciones viales que se suman al caos vehicular diario en Guayaquil
Desde hace meses, varios cruces en Guayaquil se congestionan con mayor intensidad; expertos hablan de mala planificación
Que el tránsito colapse en horas pico es un mal repetido en Guayaquil. En las vías cercanas a escuelas, hospitales y zonas industriales, el flujo de vehículos aumenta notablemente entre las 07:00 y las 09:00, y vuelve a saturarse desde las 16:00 hasta entrada la noche.
En ese afán por llegar a tiempo, los conductores suelen cometer infracciones o maniobras arriesgadas e irresponsables que ponen en peligro a peatones, pasajeros y otros automovilistas.
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Es una escena que se repite desde hace años en la ciudad. La vía a Daule es un ejemplo: cada día se forma una interminable fila de autos atrapados en atolladeros sin salida, y no pocas veces esa misma arteria ha sido escenario de accidentes.
Pero en la ciudad, desde hace varios meses, distintos cruces viales se congestionan, generando complicaciones en la movilidad. Uno de ellos es la avenida José María Velasco Ibarra, en la ciudadela Bellavista, al oeste del Puerto Principal.
Los autos que llegan a esa vía desde el paso a desnivel de la avenida Carlos Julio Arosemena se encuentran, al final del viaducto, con un semáforo. El problema surge cuando, pese a la luz roja, vehículos en otros sentidos de esa calle avanzan o bloquean la intersección.
“Después de las 5 es tedioso girar en U para retornar a Urdesa por la Carlos Julio (Arosemena). Uno se puede demorar hasta 45 minutos solo en dar la vuelta y llegar a las Monjas. Hay carros que no respetan la roja y pasan nomás. Pasa todas las semanas”, manifestó Héctor Bonilla, conductor de taxi.
Urdenor 2: Otro punto de caos vehicular en Guayaquil
Otro punto en la ciudad en el que se evidencian problemas a diario es la intersección entre las avenidas Juan Tanca Marengo y Rodrigo Chávez, en el norte. El cruce de vehículos de un tramo a otro llega a complicar el tránsito a ciertas horas, incluso a pesar de la presencia de agentes de tránsito.
En uno de los puntos de ingreso a Urdenor 2 -en el que ‘cuidadores’ de carros siguen colocando conos para bloquear el espacio público ante la pasividad de las autoridades-, en las mañanas se evidencia una extensa fila de vehículos, sobre todo para salir hacia la avenida Juan Tanca Marengo.
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“Aquí quieren hacer un paso a desnivel (en la avenida Tanca Marengo), pero no sé si a la final sea la solución a este problema. No es ideal poner más cemento en lugar de hacer ciclovías o darle prioridad al peatón”, expresó Viviana Heredia, residente de ese sector guayaquileño.
Al ir por el centro, el irrespeto a las señales de tránsito propicia el caos en intersecciones. Ocurre a diario en Lorenzo de Garaycoa y Clemente Ballén, y en Tulcán y avenida 9 de Octubre, por dar dos ejemplos.

Tránsito en Guayaquil: Disminuir los traslados en medios poco eficientes
Para Erwin Delgado, docente investigador de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), el problema tiene una raíz clara: la demanda de viajes supera ampliamente la capacidad de las vías.
“Hay más necesidades de lo que la infraestructura vial de la ciudad puede ofertar. Por eso se genera la congestión”, explicó.
Ante ese escenario, el especialista indicó que la ampliación de las vías o la creación de otras no es una alternativa sostenible en el tiempo. Dijo que una opción es reducir la demanda de viajes en vehículos particulares.
“No se trata de bajar las necesidades de movilidad, sino de disminuir los traslados en medios poco eficientes que usan un recurso limitado: las vías”, indicó.
En ese sentido, una de las grandes soluciones es fortalecer el transporte público masivo para que los ciudadanos encuentren una opción atractiva frente al carro privado, tal como lo han sugerido otros urbanistas en diversos reportajes de EXPRESO.
En cuanto a las decisiones individuales, reconoció que cada conductor elige rutas según criterios distintos: tiempo de viaje, costo o seguridad. Un trayecto rápido puede descartarse si atraviesa zonas inseguras, mientras que otros usuarios privilegian la comodidad. “Al final, el equilibrio surge de la suma de decisiones de todos los conductores”, apuntó.
Sin embargo, el aumento del parque automotor y de los flujos vehiculares termina trasladando la congestión incluso a calles secundarias.
Delgado indicó que las soluciones no pueden limitarse a la autoridad de tránsito, sino que deben articularse con la planificación estratégica urbana.
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Recordó que durante la pandemia se evidenció la fuerte concentración de actividades en zonas específicas (el centro administrativo o los grandes centros comerciales del norte), lo que genera viajes masivos hacia los mismos puntos.
“Necesitamos una ciudad pensada para acceder a servicios cercanos, incluso a pie. Si seguimos autorizando urbanizaciones sin vías adecuadas, como ocurrió en la vía a la costa, solo seguiremos alimentando la congestión”, manifestó el especialista.
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