
La Universidad de Guayaquil impulsa emprendimientos en sectores vulnerables
A través de la gestión del conocimiento aplicada, estudiantes y docentes de la UG apoyan a emprendedores del sur y noroeste
La Universidad de Guayaquil impulsa un proyecto de vinculación con la sociedad que traslada el conocimiento académico al territorio y lo convierte en una herramienta concreta para el desarrollo local. Bajo el enfoque de la gestión del conocimiento aplicada, la iniciativa fortalece emprendimientos ubicados en sectores vulnerables del sur y noroeste de Guayaquil, integrando a estudiantes, docentes y comunidades en un proceso sostenido de formación, acompañamiento y crecimiento productivo.
“El proyecto de vinculación se llama Desarrollo local comunitario mediante gestión del conocimiento dirigido a negocios localizados en sectores vulnerables de Guayaquil”, explica Jorge Montecel, director de la iniciativa. Detalla que el trabajo se ejecuta desde 2017 y que, a la fecha, ha atendido a alrededor de 300 emprendedores, con asesorías en administración de empresas, contabilidad, marketing y tributación.
En la fase actual, el proyecto trabaja con 100 emprendimientos activos, muchos de ellos participantes de ferias organizadas dentro de la propia universidad, donde los negocios comunitarios acceden a espacios reales de comercialización y visibilidad.
Una alianza con la Fundación Huancavilca que toma fuerza
El componente territorial se desarrolla en alianza con la Fundación Huancavilca, organización con más de tres décadas de trabajo comunitario. Su directora ejecutiva, Alexandra Molinero Salazar, señala que el proyecto se enfoca en sectores de extrema pobreza y que el objetivo central es aportar a la economía familiar.
“Trabajamos con emprendimientos textiles, de calzado, gastronomía, panadería, bisutería, electricidad, soldadura y organización de eventos. Es un proceso de diez meses que combina la parte técnica con la parte académica”, indica, subrayando que la capacitación es gratuita y sostenida en el tiempo.
Desde la academia, la Facultad de Ciencias Administrativas lidera el acompañamiento formativo. Su decana, Jhoana Rangel, explica que el aporte de la universidad se centra en enseñar a administrar el negocio, llevar la parte financiera y contable y aprender a comercializar los productos.
“Nuestro trabajo es enseñarles a administrar el negocio y a comercializar su producto. Esa es nuestra función como área administrativa”, afirma, al destacar que los estudiantes de Administración de Empresas cumplen 160 horas de vinculación acompañando todo el proceso con los emprendedores, de inicio a cierre.

Un proyecto interdisciplinario que beneficia a los territorios
El proyecto se fortalece con un enfoque interdisciplinario. Desde Ciencias Químicas, los estudiantes capacitan a madres de familia en la elaboración de productos como jabones, champús y desinfectantes, generando nuevas fuentes de ingreso.
En Comunicación Social, se trabaja la identidad gráfica, el manejo de redes sociales y la difusión de los emprendimientos. “No solo formamos en lo artesanal; también en administración, contabilidad, temas legales y redes sociales. Ahí es donde entra la universidad”, resume Molinero, al explicar cómo el conocimiento académico se adapta al contexto comunitario.
Testimonio del trabajo desarrollado en vinculación profesional
La experiencia estudiantil es uno de los ejes del proyecto. Dominic Lee, estudiante de la Universidad de Guayaquil, relata que la iniciativa no fue solo una actividad académica. “La Universidad de Guayaquil, en conjunto con la Fundación Huancavilca, puso en marcha este proyecto para impulsar el desarrollo local de los emprendimientos en sectores vulnerables. Lo hicimos mediante ferias dentro de la universidad”, cuenta.
Asegura que, para su grupo, la participación fue “no solamente una actividad extracurricular, sino una misión personal de ayudar a quienes lo necesitan”, ya que los emprendedores lograron vender, ganar visibilidad y poner sus negocios “en el radar”.
Lee subraya que el impacto fue bidireccional. “No solo fue fructífero para los emprendedores, que pudieron conocer el rendimiento de su producto en el mercado y mejorar el crecimiento del negocio, sino también para nosotros como estudiantes. El trabajo de campo nos permitió emplear el conocimiento que teníamos en papel y, mejor aún, impartirlo”, afirma. Añade que la cercanía con los emprendedores permitió comprender su realidad diaria y traducir los contenidos académicos a un lenguaje práctico. “Pudimos llevar estos conocimientos a un contexto que ellos entiendan y les sea fácil emplearlos sin ayuda posteriormente”, concluye.