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En Ceibos, la circulación peatonal es una señal de confianza vecinal.JOFFRE FLORES

La inseguridad rompe la confianza barrial: el 44 % ya no cree en su vecino

Informe 'Guayaquil Cómo Vamos 2025' revela que la violencia desplazó a los chismes como principal problema en los vecindarios

La puerta de casa se ha convertido en la última frontera de la seguridad en Guayaquil. Al cierre de este 2025, la ciudad se repliega sobre sí misma, consolidando una fractura social donde el vecino ha dejado de ser un aliado para convertirse, en el mejor de los casos, en un desconocido y, en el peor, en una amenaza latente.

¿Qué revelan las cifras sobre el miedo en los barrios?

El informe de percepción ciudadana ‘Guayaquil Cómo Vamos 2025’, de la fundación Movidana, le pone cifras a este fenómeno: mientras el 83 % de los guayaquileños se sienten satisfechos dentro de su vivienda, esa sensación de refugio se desploma al cruzar el umbral hacia el espacio público.

Apenas un 49 % aprueba sus parques y áreas verdes, un dato que en los sectores populares cae aún más, evidenciando que puertas adentro hay hogar, pero puertas afuera imperan violentamente otras normas. El recelo es generalizado: el estudio detalla que el 44 % de la ciudad (casi la mitad) ya no confía en su vecino.

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La confianza también es equivalente al acceso a servicios y atención gubernamental.JOFFRE FLORES

Segmentación

También se revela una correlación directa entre el nivel socioeconómico y el tejido social: en los estratos altos, el 72 % aún confía en sus vecinos, mientras que en los bajos esa cifra baja al 55 %.

El desglose territorial es brutal. La Zona 6 (Los Álamos, El Cóndor, Juan Montalvo) se erige como un oasis de cohesión, donde el 76,7 % afirma confiar en el otro. En la orilla opuesta, la Zona 18 (Unión y Guasmo Este) vive una crisis de fe comunitaria: allí el 66,7 % desconfía abiertamente de quien vive al lado.

Similar desgarro sufre la Zona 14 (isla Trinitaria), donde el 56,4 % recela de su vecino; un contraste marcado frente a la Zona 9 (Kennedy, Urdesa), que retiene un 64,9 % de cohesión.

Los problemas vecinales ahora son de seguridad

¿Qué mató la confianza barrial? Ya no son los chismes. Si antaño los ‘malentendidos’ eran la principal queja, actualmente ese rubro ocupa un lejano tercer lugar (27,6 %).

El verdadero disolvente del tejido social es el miedo: la “inseguridad, la extorsión” (52,3 %) y la “venta y consumo de drogas” (35,5 %) son los factores determinantes que impiden la convivencia.

Para el urbanista Brick Reyes, esta dinámica ha dado origen al “vecino temporal”, un sujeto sin arraigo que alquila y se marcha, generando sospecha. “Hemos perdido la confianza en aquellos que no conocemos. Los buenos permanecemos encarcelados en nuestros domicilios, mientras los malos disfrutan del espacio público”, sentencia Reyes, quien advierte que la impunidad judicial acelera este encierro.

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En Flor de Bastión, la mitad de su población desconfía de quien vive al lado.ALEX LIMA
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¿Cómo se vive esta realidad en el norte y el suburbio?

Esa visión macro se siente a ras de suelo en el suburbio. César Cabrera, residente del sector, confirma que la lealtad se limita a los rostros de antaño. “Se confía en quien creció con uno, pero hay temor del que llega a alquilar, del desconocido. La situación hace que ya no se pueda salir a conversar afuera como antes”, lamenta.

Incluso en zonas consolidadas como Urdesa, la dinámica es dual. Susan Salinas, líder barrial, explica que mientras en Lomas el esfuerzo por integrarse es constante, en Urdesa central la irrupción comercial y la vida nocturna han difuminado la comunidad. “El residente no sabe quién está tras los locales, si hay vínculos irregulares. El ruido y el desorden generan miedo a reclamar por temor a represalias”, admite.

Otros ciudadanos del norte, como Luis Gando, destacan que cuando se logra una organización para la comunicación efectiva con las autoridades, es posible lograr avances, como Estaciones de Acción Segura (EAS), de Segura EP.

¿Qué es la "psicosis social" y cómo combatirla?

Paola Cercado, psicóloga clínica, describe el fenómeno como una “psicosis social” no basada en la locura, sino en un miedo sostenido que nubla el juicio. “Se rompe un pacto invisible de ‘parcería’. Cuando el miedo gobierna, ya no vemos personas, sino amenazas. Eso genera una hipervigilancia crónica: todos observan, nadie confía”, explica.

Para Cercado, el reto de cara al 2026 no es solo recobrar la seguridad física, sino la salud mental. La especialista sugiere recuperar los microvínculos funcionales. “No todo contacto debe ser vigilancia. Volver a dar los ‘buenos días’ es un acto de valentía que marca respeto. Si nos organizamos solo para vigilar, alimentamos la paranoia. Necesitamos organizarnos también para que los niños jueguen. Al final, el enemigo no es el vecino, sino el miedo que nos convence de que estamos solos”, analiza.

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