
La Alborada, Guayaquil: Un recorrido por su historia y evolución urbana
Esta ciudadela se destaca como uno de los ejes comerciales más activos del norte de Guayaquil
La Alborada es, desde hace varias décadas, uno de los ejes comerciales más importantes de Guayaquil. Centros comerciales, plazas, entidades financieras, instituciones educativas y otros espacios configuran un entramado urbano de alta actividad diaria.
La historia de esta ciudadela guayaquileña comienza en la década del 70. Guillermo Pareja Rolando era propietario de unos terrenos en esa zona del norte, hacia donde se estaba expandiendo la ciudad. En esa época, Urdesa y La Atarazana ya se habían asentado como los nuevos espacios residenciales en la urbe porteña.
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Según historiadores, los terrenos de propiedad de Pareja y su familia se extendían por unas 300 hectáreas. Con el objetivo de evitar que sean invadidos -como ya empezaba a ocurrir en otras zonas-, se decidió crear un plan habitacional para la población de clase media.
Fue así que se integró el consorcio promotor de Viviendas de Interés Social (VIS), a cargo de la construcción y venta de las casas. La primera piedra de este nuevo espacio fue colocada el 23 de julio de 1973, en un evento que contó con la participación de autoridades locales y nacionales.
El consorcio VIS era dirigido por ciudadanos como Rodolfo y Pablo Baquerizo Nazur, Alfredo Mancheno, Raymond Raad, Alfredo Gregor, José Juez. El costo de las viviendas bordeaba los 130.000 sucres y se podía acceder con una entrada del 10 %.
Según publicidad del consorcio VIS para promocionar la tercera etapa en la década de los 70, las casas tenían entre tres y cuatro habitaciones. "Aunque no parecían, por dentro eran amplias. De hecho, siguen siendo casas grandes, muy cómodas para una familia de cinco integrantes", expuso el ciudadano Jorge Machado, quien viven en la zona desde hace más de 40 años.
La entrega de las primeras viviendas comenzó en 1974 y se extendió de manera progresiva hasta finales de la década de 1990, marcando el inicio y la consolidación de este sector como una de las zonas residenciales más importantes del norte de Guayaquil.
La Alborada y el crecimiento comercial
Con el asentamiento de las catorce etapas que comprenden La Alborada, también se establecieron espacios comerciales. Son recordados lugares que funcionaron en esa zona entre los 80 y 90, como el patio de comidas Albocado, que concentraba restaurantes y un laberinto en el área de juegos.
Otros espacios recordados son el parque acuático Trucusucus, los Albocines en Plaza Mayor, los almacenes Briz Sánchez -cerrado hace años y que incluso hoy mucha gente sigue tomando como referencia en La Alborada-, ubicado entre las avenidas Rodolfo Baquerizo Nazur y Benjamín Carrión.
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Uno de los sitios más emblemáticos del sector es la iglesia Nuestra Señora de la Alborada, construida en 1977. Un año después, el cardenal Joseph Ratzinger —quien décadas más tarde se convertiría en el papa Benedicto XVI— bendijo el templo. En enero de 1985, el entonces papa Juan Pablo II celebró una misa en la explanada de la iglesia, congregando a cientos de feligreses guayaquileños.
La Alborada sigue manteniéndose como un polo comercial y residencial importante en la ciudad, con el auge de nuevos espacios comerciales. No obstante, urbanistas han sugerido -en reiteradas ocasiones- en dividir a esta zona por macromanzanas, para fomentar la transportación alternativa y dar prioridad al peatón.
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